Opinión


Buscando a Ramona

Buscando a Ramona | La Crónica de Hoy

Es complejo explicar la relación que se establece entre una persona y un animal de compañía. Es fácil entenderla cuando la tienes o la has sentido. Difícil comprenderla cuando no has tenido esa conexión. Los perros son buenos compañeros de vida. Rescatan y salvan vidas emocionales. Establecen con sus dueños (que yo creo que más bien somos sus esclavos) vínculos tan fuertes que se convierten en miembros de la familia.

Algunas personas creen que los humanizamos. Queremos imaginar que nos quieren, piensan y aprenden de nosotros. Yo no busco que los perros sean humanos. Me encanta saber que no lo son. Me encanta reconocer su instinto animal y su forma muy particular de comunicarse. Me divierte y sorprende todo lo que he aprendido de ellos. Que coman su mierda, su vómito, que se huelan el trasero, que no hablen, que quizás no piensen (desde una concepción humana) y sólo actúen, que no les importen sus juguetes, sus suéteres, sus collares es algo que agradezco.

Yo nunca había tenido una mascota. Desde hace cinco años Ramona, una perra xoloitzcuintle miniatura, sin pelo, con una mohicana gris, con dientes chuecos y adicta a la comida, me adoptó y se convirtió en mi compañera y soporte emocional. Me ayudó a enfrentar la ansiedad generalizada que sufrí durante más de una década. Me acompañó también a trabajar las nuevas fobias generalizadas que desarrollé después. Fue parte de mi terapia. Establecimos una comunicación no verbal. Sé cuando quiere ir al baño, cuando tiene hambre, cuando sólo quiere que la acaricie o juegue con ella.

Me gusta creer que ella sabe cuando estoy triste y ­preocupada. Porque se mete entre mis brazos y me abraza con sus pequeñas patitas peludas de hobbit. Cuando estoy más relajada, como leyendo o viendo televisión se mantiene sólo en mis piernas. Le encanta viajar en auto y tomar el sol. Odia dormir en el piso y siempre busca el lugar más cómodo posible.

El sábado 11 de mayo del 2019 desapareció. Estaba jugando en un predio familiar en Jilotepec, Estado de México, que en unas partes no tiene barda; me descuidé por unos minutos y cuando la busqué ya no estaba. Toda la familia salió a buscarla; caminamos y gritamos en los alrededores. Recorrimos la carretera cercana, buscamos en las casas aledañas. Nada.

En el momento en que entendí que no iba a encontrarla rápidamente mi desesperación aumentó. Hace años que no lloraba tanto ni tenía un sentimiento tan devastador. Imaginé todas las circunstancias posibles para haber evitado su desaparición. Qué tuve que, y qué no, haber hecho. Sentí culpa. Pensé en todas las cosas malas que pudieron haberle pasado: atropellada o atrapada en las alcantarillas cercanas. Todas esas opciones fueron descartadas.

Estoy segura que alguien la encontró y se la llevó consigo, porque pasa la carretera Jilotepec-Atlacomulco, que lleva al Bioparque del Estado de México a unos metros y un camino que lleva a un hotel muy cercano. Ahora estoy concentrada en su búsqueda. No puedo caer en la desesperación sin hacer nada. Cada vez que recibo un mensaje o una llamada contestó inmediatamente. Estoy implementando todos los consejos de búsqueda. Haré todo lo posible para encontrarla.

*Datos de recompensa en el Buzón de Crónica

 

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