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¿Cáncer? ¡No me pienso rendir!

Virginia, a sus 60 años, narra su combate contra el monstruo que acecha a su familia. “Un médico me regañó, me dijo que la supervivencia del cáncer que tengo es de cinco años, prácticamente me dijo ‘no puede tener usted treinta y tantos años’, sentí como si me estuviera reclamando que yo estaba viva”.

¿Cáncer? ¡No me pienso rendir! | La Crónica de Hoy

Foto: Saúl Castillo

Cuarenta y dos años de su vida luchando contra el cáncer, éste se presentó cuando ella tenía alrededor de 18 años, hoy tiene 60 años y luce radiante con un maquillaje perfecto y escrupulosamente peinada. Una amplia sonrisa se dibuja en su rostro en diversas ocasiones durante la charla, cuando habla de cómo ha venido dando la batalla y lo que ha sido vivir y convivir con el cáncer, y ella dispuesta y fuerte, sigue en la lucha, “no me pienso rendir. Por mí no va a quedar”, asegura Virginia López Colmenero.

En entrevista con Crónica, se da un tiempo en su larga lista de pendientes del trabajo, en la colonia Roma, cuenta su historia de vida y familiar, porque este tipo de cáncer le viene de herencia paterna.

No tiene miedo a la enfermedad ni a la muerte, pero se atiende, se mantiene vigilante, va a sus tratamientos, toma su medicina, no se angustia demasiado, cuenta, plenamente convencida de cuidado y seguimiento, han sido las claves que le ha permitido vivir tantos años con una adecuada calidad de vida.

En su juventud enfrentó cáncer de la glándula tiroidea y hace seis años comenzó a tener problemas en el hígado, en donde le encontraron cinco tumores, de los cuales tres ya han reducido ligeramente de tamaño, pero al parecer también tiene problemas en el colon.

“En los estudios del hígado, también me resultaron dos pólipos en el intestino. En el IMSS mi diagnóstico es cáncer de colon, que les preocupa más, al hígado no le hacen tanto caso, y mi oncólogo particular está más enfocado al hígado, o sea mientras unos atienden una cosa otro atiende otra”.

HERENCIA FAMILIAR. Al papá de Vicky y a ella, les fue detectado cáncer de tiroides, -comúnmente conocido como bocio-, a los 18 años, él fue atendido con yodo radioactivo, también una hermana de él, murió por esta causa, dejando a un hijo quien a su vez, tuvo sus propios hijos, todos ellos afectados de este padecimiento.

Todos  los hijos de mi tía paterna están enfermos, tienen neoplasia múltiple NEM II, el cáncer les puede afectar cualquier órgano. La más grande de mis primas optó por no tener hijos, para no heredarles esta enfermedad, porque a ella y a sus hermanos los llamó el médico les dijo “ustedes no pueden tener familia porque todos sus hijos van a salir dañados”, pero aún así, uno de ellos tuvo tres hijos y todos ellos están mal.

Doña Virginia admite que ha hecho cuanto ha podido y lo seguirá haciendo, todo con tal de salir adelante, y recuerda que en una ocasión, un médico la regañó “me dijo que la supervivencia del cáncer que tengo es de cinco años, prácticamente me dijo `no puede tener usted treinta y tantos años, sentí como si me estuviera reclamando que yo estaba viva´”, mientras que de manera irónica, su médico de cabecera, recurre a ella, como ejemplo de vida, lucha y constancia, cuando tiene una paciente con cáncer “y necesita que alguien le vaya a echar porras a sus nuevas pacientes, y ¡esa soy yo!”.

“Tuve cáncer en la glándula de la tiroides. Nosotras fuimos tres hermanas –una lamentablemente falleció, aunque por otras causas, pero tuvo un hijo con esta enfermedad y en mi caso me ha hecho metástasis y mi otra hermana tiene fibromialgia, yo creo que es ocasionado por lo mismo, sólo que ella no es tan dedicada, no va a sus consultas, no se hace los estudios…”.

A mi papá lo operan de la glándula 10 años después del tratamiento con yodo radioactivo, igual que a Virginia, pero a ella le encontraron ganglios en el músculo del cuello de lado izquierdo: “tenía 14 ganglios enraizados, me quitaron el músculo y desde entonces me desahuciaron”, de eso hace ya 32 años, señala.

APRENDIÓ A CUIDARSE. Con un maquillaje perfecto en el rostro y sombras en delicados tonos rosas, sonríe al contar que ella misma ha aprendido tanto de su enfermedad que es quien muchas veces ha dicho a los médicos qué tiene, y a base de insistencia ha logrado que le hagan diversos estudios “porque me enseñaron a tocarme, imagínate que cada tres meses iba al Hospital de la Raza a estudios”.

En el ir y venir al hospital, conoció al jefe de Cirugía de Cabeza y Cuello, de La Raza, el doctor Marco Antonio Pizarro quien comenzó a atenderla “yo estaba muy desgastada, cada 21 días entraba a quirófano porque me salían muchos ganglios, por eso estoy toda tasajeada”, indica mientras ladea la cabeza y muestra su cuello, se observan sus cicatrices.

Virginia López, reconoce que siempre ha llevado una vida normal, nunca la ha detenido nada, ni siquiera para casarse, tener dos hijos y ahora es abuela de cuatro nietos de 13, 8, 4 y 2 años de edad.

UN NUEVO RETO. Hace seis años, agrega, comenzó nuevamente con problemas, y luego de una serie de estudios detectaron cinco tumores en el hígado y de nuevo fue desahuciada, incluso le dijeron que en cualquier momento se iba a morir, quizá el más asustado fue su esposo, quien años después murió de cáncer de pulmón y espalda.

“El doctor dijo que lo que tenía era muy grave, de los cáncer más peligrosos que he tenido, en ese momento sentí que me iba a morir, me deprimí mucho”, se sometió a 18 sesiones de quimioterapia, y aquí sigo, resalta.

TOMADA DE LA VIDA… Y DE LA MUERTE. A la vuelta de los años, doña Virginia reconoce que en algunas etapas de su vida, se ha preguntado “¿por qué tengo tanto tiempo de vida?, sobre todo cuando los médicos me dicen que la supervivencia es de sólo cinco años.

“¿Por qué sigo aquí?…Creo que también ha sido una cuestión de actitud, y dedicación, atiendo mi enfermedad, y le tengo mucho amor a la vida, demasiado diría yo”, subraya.

Tiene muchas amigas y amigos, y aunque tiene mal de amores, porque hace poco más de un año terminó una relación de más de dos décadas, y con voz chilloncita como  toda mujer enamorada acepta “lo extraño mucho, lo quiero al ingrato”, pero ante la adversidad, su gran refugio es el baile, le gusta mucho bailar y lo hace bien, presume. Sus amistades son su sostén, para seguir disfrutando de la vida.

Su amiga Carolina, revela “Vicky cuándo no está comiendo está bailando”, aunque, la parte más difícil de todo este proceso, es saber que su hija, aunque es supervisada medicamente y hasta ahora que tiene 39 años y 4 hijos, no ha tenido ninguna manifestación de cáncer, por miedo no se ha querido quitar la glándula tiroidea…

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