Opinión


Carlos Joaquín González

Es probable que el gobernador de Quintana Roo no pueda afrontar como quisiera, al menos no en su sexenio, dos oleadas que acechan a su estado. Lo más notorio en este momento es la llegada de sargazo, un día sí y otro también, a las playas en las que se asienta la gran industria turística del Caribe mexicano. A esa oleada vegetal, se le encima una oleada morena (o moradita, según se prefiera) en la que el personaje predominante de la IV-T ya decidió que el sargazo no es un problema serio. Es probable que Joaquín no vea solucionada una u otra cosa antes del fin de su mandato, pero en lo de la macroalga ha optado por hacer lo correcto y no sumarse a los hombres con poder que a todo dicen que sí al Ejecutivo. Su cumbre internacional ha mostrado que sí hay un problema que atender.

Carlos Joaquín González | La Crónica de Hoy

Es probable que el gobernador de Quintana Roo no pueda afrontar como quisiera, al menos no en su sexenio, dos oleadas que acechan a su estado. Lo más notorio en este momento es la llegada de sargazo, un día sí y otro también, a las playas en las que se asienta la gran industria turística del Caribe mexicano. A esa oleada vegetal, se le encima una oleada morena (o moradita, según se prefiera) en la que el personaje predominante de la IV-T ya decidió que el sargazo no es un problema serio.
Es probable que Joaquín no vea solucionada una u otra cosa antes del fin de su mandato, pero en lo de la macroalga ha optado por hacer lo correcto y no sumarse a los hombres con poder que a todo dicen que sí al Ejecutivo. Su cumbre internacional ha mostrado que sí hay un problema que atender.

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