Escenario


Carlos Saura, el “tercer hijo” de Luis Buñuel

Entrevista. El cineasta español recuerda la amistad con su maestro cinematográfico, habla de su amor por México, país al que rendirá homenaje con El rey de todo el mundo y de la crisis cultural.

Carlos Saura, el “tercer hijo” de Luis Buñuel | La Crónica de Hoy

El cineasta está en México para estrenar este fin de semana la puesta en escena El gran teatro del mundo. Leo Cortés/Cultura UDG).

El español Carlos Saura no sólo coincide en nacionalidad y profesión con su maestro Luis Buñuel. Ambos también son aragoneses. La relación entre ambos era tan confiable, a pesar de las diferencias de edad que cuando Buñuel dejó Simón del desierto inconclusa, propuso a Carlos Saura para que la continuara; y en el contrato de La vía láctea, dado que Buñuel tenía 68 años y siempre temía que alguna enfermedad interrumpiese el rodaje, puso una cláusula que preveía que, si eso llegaba a suceder, el continuador de la película sería Carlos Saura.

“Desde el año 60, que conseguimos ir al Festival de Cannes en donde yo llevaba una película y él también, quería conocerlo, porque como saben es aragonés. Conseguí que viera mi película y se gestó una amistad”, expresó Saura, en entrevista con Crónica, tras presentar un fragmento de su puesta en escena El gran teatro del mundo (de la cual hablará este medio el día de mañana en su sección de teatro).

Buñuel le doblaba la edad a Saura cuando se conocieron, sin embargo, eso no impidió que se gestara una gran amistad: “Quiero mucho y creo en Carlos Saura, aunque es un poco alemán. A veces le digo que no tiene sentido del humor sino de la broma”, dijo Buñuel al periodista Juan Cobos en una entrevista publicada en 1965.

“Fue una amistad muy profunda, siempre que venía a España me llamaba, hemos comido juntos, cenado y nos hemos emborrachado juntos”, recordó Saura con singular aprecio. “Lo convencimos de que viniera a España con Viridiana y tenía miedo porque creía que habría represalias políticas, pero no había contra él”, agregó el realizador.

Aquel regreso de Buñuel a España fue especialmente simbólico en la carrera del cineasta, “yo lo veía muy preocupado; creo que la responsabilidad que tenía era tremenda: por un lado, tenía que hacer en su país una película con la que deseaba quedar bien, pero también con los exiliados”, recordó el mismo Saura en el libro conmemorativo Buñuel: 100 años. Es peligroso asomarse al interior.

“Para mí era como alguien de la familia, aparte de mi admiración como director de cine, todavía más como persona. La última vez que lo vi fue cuando hice Antonieta y pocos meses después murió. Vino al rodaje, él ya estaba muy mayor, estuve en su casa cenando. Tuvimos una relación muy cordial y estrecha. Creo que él pensaba que yo era como uno de sus hijos, él tenía dos (Juan Luis y Rafael Buñuel)”, rememoró.

Política y cultura. Saura recuerda como el mismo Buñuel tenía una enorme gratitud con México, por recibirlo en sus tiempos más difíciles: “Fíjense en Lázaro Cárdenas vino todo el exilio español, fue una maravilla, gracias a eso no sólo sobrevivieron los españoles, sino que ayudaron a completar la cultura mexicana. Fue un presidente generoso y preocupado por la cultura, que les dijo a los intelectuales españoles que vinieran a México”, afirmó Saura y agregó “siempre lo decía Buñuel, Cárdenas ha hecho una maravilla para los españoles y para todos”.

Un panorama muy diferente para el sector cultural en la actualidad: “Los políticos se interesan muy poco en la cultura en general. Hay algunos que llegan a luchar por eso. En España pasa igual, allá no encuentras a ninguno de los políticos que hable de eso de verdad. No se habla de cuidar el teatro, el cine, los pintores, como lo ha hecho siempre Francia. Lo sé por mi hermano que era pintor (Antonio Saura), porque inmediatamente que llegó le dieron una beca y un piso. Son países ricos, también. Aquí hay una riqueza enorme que hay que repartir. Si un político o un presidente se empeña en que un país cambie debe ser por ahí”, dijo.

A Crónica, el mismo cineasta ha dicho anteriormente que es justo la crisis cultural un factor en que coinciden México y España: “Creo que el problema de nuestros países es que nadie se preocupa mucho de la cultura. Hay excepciones, pero pocas. En España pasa exactamente lo mismo que en México. La cultura es una cosa que dan por hecho que ésta funciona por sí sola, no la protegen y entonces empiezan a pasar peores cosas”, destacó.

“Lo que se conoce fuera de España, aparte del Real Madrid y el Barcelona, que son equipos de futbol estupendos, y de que es un país muy amable; aparte de eso se conoce al país por Lorca, Dalí, Picasso, Buñuel, Cervantes y yo que sé, lo que da proyección al mundo es la cultura. Lo que queda con el tiempo son sus figuras, porque los lugares desaparecen, ya casi nadie se acuerda de cómo era España hace muchos años, se va olvidando todo pero la cultura queda y cuenta, y eso creo que también pasa en México”, enfatizó.

Amor por México. En 1982 rodó su primera película latinoamericana: Antonieta, la historia de una mujer durante la Revolución Mexicana. Esa historia en la que vio por última vez a Buñuel: “Cuando yo vine a México a rodar mi primera película, no estaba tan informado sobre lo que ocurría en el cine mexicano. Yo estuve mucho tiempo en México, y conocí San Luis Potosí y su historia, luego hice otros viajes aquí, antes y después. De hecho, yo vine aquí con la idea de hacer El Dorado (1988), que terminé haciendo en Costa Rica”, dijo.

La película que terminó haciendo en nuestro país fue sobre la vida de Antonieta Rivas Mercado “quien fue una de las primeras feministas mexicanas, que fue amante de José Vasconcelos, que vivió gran parte de la Revolución y en la película está esa parte. Ahí me informé de las rancheras y los corridos mexicanos, me llevé millones de casetes a Madrid y algunos todavía los escucho, estuve muy al tanto”.

El rey de todo el mundo. Casi cuatro décadas después de aquel acercamiento al cine mexicano, toca el turno de “dar mi agradecimiento a México”. “Y tú que te creías el rey de todo el mundo”, dice y tararea ese tema que se llama “Fallaste, corazón”, de la autoría de Cuco Sánchez, y que desde los años 50 comenzó a hacer popular Pedro Infante en la película La vida no vale nada (1955), “de joven me gustaba mucho esa canción. Ahora la canta todo el mundo, no sólo Pedro Infante. He visto ya una lista de más de 40 personas que han cantado esta canción”, comentó.

El rey de todo el mundo será un musical en homenaje a la cultura y la música de México, pero con aires actuales y siguiendo el hilo de Tango (1998), una de sus grandes joyas cinematográficas: “Queremos recuperar esas canciones de los 60 y 70 que ya están perdidas y traerlas a la actualidad con voces nuevas y frescas, lo mismo que con los bailes”, explicó el realizador.

Sobre el filme se sabe poco. Solo adelantó que “soy muy amigo de Carlos Rivera, lo quiero mucho y trabajó en la película El rey de todo el mundo. Una parte de la música la ha hecho él, que es entrañable, estupendo; es mi amigo”, dijo. También actúa Ana de la Reguera y participa Issac Hernández en una sección de danza: “Ana de la Reguera es una actriz maravillosa. Cuando vean la película verán qué bien está y qué bien lo hace todo. Bailará un momentito, porque está rodeada de profesionales que bailan como Isaac, que es un portento, una maravilla, estupendo”, añadió. Al final siguió muy fiel a su premisa: “Las películas están para verse, no para contarse”.

La música. Es natural que en el cine de Carlos Saura se vea a niños extasiados por escuchar a su madre interpretar melodías, casi siempre nostálgicas. Es frecuente quizás porque su madre tocaba el piano a diario para no perder el hábito de la profesión que había abandonado al casarse, y él la escuchaba ensimismado. Sin embargo, su pasión por la música no se limita a ese juego de nostalgia sino a un fanatismo por la música popular que se debe a su gusto por bailar:

“Mi mamá era pianista de música clásica. Mi pasión por la música popular va por otro lado. He hecho como 14 musicales, y la mayoría es sobre lo popular (…) Lo hermoso de la música es cantar y bailar, pero los jóvenes de hoy en día ya no aprecian esta música, de algún modo evitan el folclor”, expresó el realizador en la charla con Crónica, anterior en el FICG.

Y es que a lo largo de su historia se ha empeñado en defender y exaltar la cultura popular de cada país y ahora busca hacerlo desde nuestro país: “Hay todo un mundo que está muy maltratado, se ven las cosas muy frívolamente. Cada país, sobre todo algunos como México, que tienen un folclor tan potente. Se trata de lo que dan, su fuerza está en el alcance popular”, dijo en la reciente charla.

“A veces hay un músico clásico maravilloso, pero debajo de todo eso está algo muy importante que es popular de cada lugar, como el flamenco, el tango, el fado o la ranchera. Cuando hice Fados yo quería ennoblecerlo y lo hemos conseguido, que se fijen en ese patrimonio, ése también es papel del cineasta, contribuir a que se interese en cosas que son preciosas”, agregó.

Ahora se le ve muy entusiasmado con el homenaje a México: “En España hubo una época en que la música mexicana estaba por todos lados; Jorge Negrete y Pedro Infante, eran una maravilla; de Los Panchos nos sabíamos las letras; había una cultura mexicana que ahora no la hay ¿eh?, pero que la hubo, era una cultura de la que estábamos muy influenciados. Cuando llegó Jorge Negrete a Madrid era un ídolo que no te puedes imaginar, yo creo que más que (Francisco) Franco”, dijo.

Otros proyectos. Han pasado muchos años desde que anunció el proyecto de una película sobre el proceso creativo del pintor Picasso al pintar el Guernica, en plena Guerra Civil en la década de 1930. Ha detenido el proyecto porque se bajó Antonio Banderas del barco, pero no desiste del proyecto: “Ya no va él, estoy escribiendo otra versión totalmente diferente, porque ya me cansé de ésa, son seis años y di carpetazo, llevo años con ella y me aburre. Ahora se llamará Yo soy Picasso”.

“Además tengo la posibilidad de hacer un guion de Felipe II, rey de España que me interesa muchísimo. Hay varios proyectos por hacerse. Me llamaron unos ingleses que tenían material de Bach, de quien he estudiado mucho, y dije que sí. En cine hay que tener siete u ocho proyectos y así sale uno o ninguno”, concluyó.

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