Opinión


C.C.P. Juan Orlando Hernández, Presidente de Honduras

C.C.P. Juan Orlando Hernández, Presidente de Honduras | La Crónica de Hoy

Cuánto habíamos tardado en retomar una verdadera relación de diálogo entre los países centroamericanos y México. Siempre se habló de hermandad, tanto geografía como idioma unen a la región, pero en la realidad no ha habido un trabajo de fondo de planeación y políticas regionales desde hace décadas. México ha aspirado tanto a ser como nuestros vecinos del norte que olvidamos la importancia de la relación y coordinación en varios temas con Centroamérica. La migración fue la consecuencia, previsible, pero a la cual no se le intentó poner realmente orden, por lo que hoy todos resentimos los efectos negativos, en México y de ahí hacia el sur.

Las gráficas que han circulado el mundo son desgarradoras, cuerpos de padre e hijo, madres llorando y rogando a miembros de la Guardia Nacional que las dejen pasar con sus niños para concretar su sueño: cruzar a Estados Unidos. Es inhumano siquiera pensar que algo de eso puede estar bien, que alguien se merece eso, que se lo buscaron por su osadía de querer una mejor vida para su familia, particularmente para los más pequeños; sin embargo, hay un sector de la población norteamericana en contra de la migración, pero la pregunta es si también lo hay en México. Quizá sí.

La migración de un país a otro tiene consecuencias tangibles, que son medibles en muchos aspectos. Uno de ellos son los servicios que requiere el aumento de una población, prácticamente de un día para otro, que requiere atenciones mínimas para que se respeten sus derechos humanos. Otra es la posibilidad de que esos migrantes ocupen plazas de trabajo que los nacionales necesitan, particularmente en países donde el desempleo y la pobreza ya es un tema, por lo que la migración puede agravar más aún problemas ya existentes entre la población local.

Sin embargo, una cosa es el respeto a los derechos humanos como aspecto jurídico, y más aún como un acto de humanidad, pero otra cosa muy diferente es carecer de controles en la frontera sur, lo que pareciera no es del todo rechazado por los mexicanos. Si bien fue la presión del gobierno de Estados Unidos y de su impopular presidente, el factor determinante para replantear la política migratoria en México, también es cierto que en términos reales los filtros y registros de paso por la frontera sur son, por decir lo menos, laxos, lo cual no es bueno para nadie. Ahí es donde habría un grupo de mexicanos que pudieran apoyar la medida, no el daño al migrante ni la obstrucción de sus objetivos de migrar hacia Estados Unidos, sino que existan controles y registros, para que no pasen todos, porque hay quienes no deben pasar y que exista un registro de los que sí entran a territorio mexicano.

Mientras escribo esto, la Suprema Corte de Estados Unidos liberó 2,500 millones de dólares a Donald Trump para que en uso de facultades ejecutivas empiece a levantar su muro, cumpliendo su promesa de campaña, negativa sin duda. En paralelo, Guatemala firmó ya un acuerdo para ser tercer país seguro, erigiendo otro muro para salvadoreños y hondureños, quienes deberán solicitar asilo para ir a EU desde Guatemala. Habrá entonces muros legales, en Guatemala, México y ahora quizá también ese controvertido muro físico en Estados Unidos. Hoy más que nunca retomar la cooperación y la planeación regional serán determinantes ante lo retos de la migración, las nuevas barreras y las grandes tragedias que se pierden en las estadísticas. 

 

maximilianogarcía@gmail.com

@maximilianogp

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