Opinión


C.C.P. Marcelo Ebrad Casaubón Secretario de Relaciones Exteriores

C.C.P. Marcelo Ebrad Casaubón Secretario de Relaciones  Exteriores | La Crónica de Hoy

Justo cuando el camino estaba allanado para retornar a una relación de certeza y apertura comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, el presidente norteamericano volvió a mezclar su carrera hacia la reelección con la política económica. Mediante la imposición de nuevos aranceles generales, el mandatario estadunidense también desvió la atención de una de sus crisis políticas más profundas desde que ganó la elección. Ahora la carga está en la cancillería, cuya encomienda tiene fecha de caducidad.

Todo estaba listo para transformar el TLCAN en el TMEC, negociado en buena medida bajo condiciones impuestas por el gobierno de Trump, quien apretó en ciertos sectores para ganar terreno y cumplir con su electorado la promesa de renegociar en su beneficio o salirse del tratado multilateral. A pesar de su beneplácito con lo logrado, los caprichos y las necesidades políticas de Trump siguen generando incertidumbre, igual impone aranceles al tomate mexicano que se los quita al acero de México y Canadá. Pero la reciente decisión no tiene precedente, crear un arancel general para los productos que vengan de una nación socia y cuya renovación del acuerdo comercial se encuentra en proceso de ratificación en los congresos de los tres países de Norteamérica.

Para algunos expertos esta decisión manda un mensaje más allá del vínculo con México, dando al traste con la crediblidad de Estados Unidos como socio comercial, ya que de nada parecen servir meses de negociaciones o años de relaciones comerciales ya establecidas y en operación, si el simple capricho o necesidad de usar las tarifas como ­herramienta de defensa personal tiene más peso que lo escrito y firmado. ¿Quién quiere negociar con Estados Unidos bajo su actual régimen? Quizá nadie.

Ni para Estados Unidos ni para México tiene sentido este giro de 180 grados, al menos no en lo económico, pero lo tiene para Trump en lo político. Si bien parece tener buenas probabilidades de reelegirse, la confirmación por parte de autoridades de su país de que la intervencion rusa fue un factor determinante para que ganara las elecciones en 2016, lo tenía contra las cuerdas. La presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi tenía, hasta antes de la decisión de imponer aranceles, una fuerte presión para proceder a enjuiciar a Trump, lo que aún puede suceder, pero la decisión del ejecutivo es tan controversial y de tantas implicaciones para varios sectores en Estados Unidos que en un abrir y cerrar de ojos éste retomó el control de la agenda mediática, con críticas por supuesto, pero en un tema donde se siente cómodo, el combate a la migración, espantando con medidas comerciales contra nuestro país que probablemente nunca entren en vigor, como no sucedió con China o con la empresa Hauwei.

Con respecto a la determinación de Trump, el subsecretario Jesús Seade advirtió en principio que estaría en contra de que nuestro gobierno no contraatacara comercialmente, pero el presidente López Obrador tomó la decisión de que no habrá represalias arancelarias. “Ni diente por diente ni ojo por ojo”, “todos nos quedaríamos chimuelos o tuertos”, escribió AMLO a Trump en su típica e inequivoca manera de ejemplificar.

Ante un problema político, que no comercial, será el canciller Marcelo Ebrard el encargado de buscar que Trump se desista, aunque la amenaza quedaría latente, cuando necesite apretar esos botones, si su necesidad electoral lo amerita. Ebrard, eficiente negociador, lleva la confianza y encomienda de AMLO; ni tuertos ni chimuelos, el plazo será el 10 de junio.

 

maximilianogarciap@gmail.com

@maximilianogp

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