Opinión


Celestin Freinet: las invariantes pedagógicas

Celestin Freinet: las invariantes pedagógicas | La Crónica de Hoy

Entre las pedagogías activas que han tenido presencia significativa en México destacan la de John Dewey y la de Celestin Freinet. No pocos maestros distinguidos de la escuela rural de la Revolución Mexicana tuvieron oportunidad de estudiar bajo la influencia de John Dewey: tal fue el caso de Rafael Ramírez, Eulalia Guzmán y Moisés Sáenz.

El impacto más notable de Freinet en nuestro medio se dio a través de la obra del exiliado español Patricio Arredondo. quien desarrolló un excelente trabajo en San Andrés Tuxtla, Veracruz, que luego se proyectó a otros ámbitos. La pedagogía Freinet propone que el alumno sea artífice de su educación y que el maestro actúe como un acompañante del alumno en el proceso educativo. Entre sus técnicas más destacadas se encuentra la imprenta escolar y otros métodos de impresión, el texto, el dibujo, los ficheros escolares y autocorrectivos, el trabajo cooperativo en la biblioteca de aula, la correspondencia interescolar, el plan de trabajo, las asambleas, las conferencias, el periódico mural y los complejos de interés.

En su obra, Las invariantes pedagógicas, Freinet postula 30 principios o reglas que, según él, deben guiar el trabajo educativo. Enseguida enumero algunos de ellos: El niño tiene una naturaleza semejante al adulto, es decir es un sujeto de derecho, es un ser humano con el mismo grado de respetabilidad y la misma dignidad. Ser mayor (de edad o de estatura) no significa forzosamente estar por encima de los demás, el buen maestro sólo educa en la dignidad y el respeto cuando renuncia a cualquier actitud prepotente y se coloca en el mismo plano que el alumno. A nadie le gusta que le manden autoritariamente, a nadie le gusta actuar mecánicamente o doblegarse ante ideas que no comparte, la autoridad del maestro debe legitimarse ante el alumno, el maestro debe aplicar una pedagogía que ayude al alumno a escoger, un maestro que ceda la palabra al niño, que le deje la máxima iniciativa posible dentro de la comunidad. A nadie le gusta alinearse, aunque hay disciplinas y reglas que todos deben obedecer (horarios, la hora de la comida, etc.), la disciplina escolar debe ser comprendida y aceptada por todos. A cada uno le gusta escoger su trabajo, aunque la selección no sea la mejor, el niño debe en eso actuar libremente: “dad a los niños la libertad de escoger su trabajo, de decidir el momento y el ritmo de ese trabajo y todo habrá cambiado”. A nadie le gusta trabajar sin objetivo, es decir, hay que substituir el trabajo escolástico (separado de la vida) por actividades motivadoras que sean significativas para el niño. El juego por sí mismo se opone al juego con sentido que se experimenta con los trabajos escolares y que motivan el aprendizaje. Contra la escolástica, es decir, contra una escuela artificial, separada de la vida social. Todo individuo quiere salir airoso, en cambio el fracaso es inhibidor, la escuela tradicional, escolástica, está pensada para unos pocos que se motivan para obtener buenas calificaciones, pero sacrificando a la mayoría que fracasa. El maestro debe ayudar a organizar una escuela en la que los niños tengan éxito siempre. Las reglas y leyes no se aprenden de memoria, se aprenden en la práctica a través de la experiencia. En fin, la actividad del alumno y el papel guía del maestro, son los elementos distintivos de esta pedagogía.

 

 

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