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Central de Abasto: territorio de mafias

Todos los días hay corrupción, prostitución, cobro de piso, extorsiones, robos en cualquiera de sus modalidades, narcomenudeo y hasta secuestros de comerciantes.

Central de Abasto: territorio de mafias | La Crónica de Hoy

En la Central de Abasto de la Ciudad de México transitan, a diario, unas 500 mil personas: 100 mil trabajan ahí.

Considerado el segundo centro financiero del país, sólo después de la Bolsa de Valores, por los miles de millones de dólares que a diario se mueven en transacciones comerciales, la Central de Abasto de la Ciudad de México, (CEDA) es uno de los centros mayoristas más grandes del mundo,  donde transitan 500 mil personas al día, pero que también muestra su otro rostro: el de la corrupción, prostitución, cobro de piso, extorsiones, robos en cualquiera de sus modalidades, narcomenudeo y hasta secuestros de comerciantes en sus instalaciones.

La CEDA es una ciudad aparte en la Ciudad de México, con sus propias reglas, territorio sin ley muchas veces, donde prevalecen los usos y costumbres que han convertido a este lugar en un apetitoso botín para diversos grupos criminales, como ahora  las bandas de colombianos, quienes ya ejercen todo tipo de actividades ilícitas como el método de “gota a gota” para endeudar y ahogar financieramente a comerciantes, hasta amenazar con arrebatarles sus locales o bien tandas llamadas “rapidito”, que les reditúan ganancias por decenas de miles de pesos al día.

Su manera de actuar, de acuerdo a reportes de inteligencia de las autoridades capitalinas: sicarios que amenazan y hasta golpean a quienes no quieren participar en sus rifas, o no quieren sus préstamos o bien se niegan a pagar.

El Director de la Central de Abasto, Héctor Ulises García Nieto, ha reconocido en diversas entrevistas que se requiere mejorar en mucho la seguridad de la CEDA, pues aunque tiene 400 cámaras de videovigilancia, sólo funcionan 200. Las que sí funcionan no pueden hacer acercamientos e identificar rostros, por lo que la actual estrategia de seguridad no ha logrado disminuir los delitos que se registran en las 326 hectáreas que componen sus nueve mercados.

En la CEDA se registraban 260 denuncias diarias por diversos delitos, donde los más comunes son: robo, extorsión a comerciantes y transeúntes, robo a bodegas; sin embargo, hay una cifra negra de delitos que no se denuncian ante las autoridades, reconoce García Nieto , quien asegura que en 2020 se instalarán 600 cámaras de alta resolución conectadas al C5 y al C2, de las cuales 50 tendrán reconocimiento facial, y otras 20 de placas de auto, así como terminales de auxilio y centros de radio.

CUESTIONADO. Desde el 2017, la seguridad de la Central de Abasto está a cargo de Saúl López Corral, un exmando de la Secretaria de Seguridad Pública, quien ha sido cuestionado por diversos sectores al interior de la CEDA por sus antecedentes penales: estuvo en prisión por abuso de autoridad y amenazas. Ello de acuerdo a la partida, 628/RS/1996. Fue ingresado al reclusorio Sur el 28 de marzo de 1996.

De hecho, el crecimiento de la inseguridad o presencia de otras actividades ilícitas en la CEDA se asocia a una red de corrupción al interior de esa corporación encargada de la seguridad en las 326 hectáreas que componen la Central de Abasto, pues muchas de esas actividades ilícitas no se conciben sin la protección o alianzas con algunas de las autoridades de la CEDA.

Hasta hace dos años, operaban en la CEDA al menos 23 bandas delincuenciales. De acuerdo a las nuevas autoridades, muchas de esas bandas han sido desmanteladas. Sin embargo, han llegado otras cada vez más agresivas, como los colombianos que han llevado consigo diversas técnicas para generar dinero de manera ilícita.

La zona de operación de estas bandas de colombianos es el área establecida en flores y hortalizas sección 1 donde ponen en marcha su llamada “rapidita”, una especie de lotería, donde ellos se quedan hasta con el 50 por ciento de lo recaudado, que muchas veces asciende a 30 0 50 mil pesos por cada una de esas “loterías”.

Su modo de operar consiste en mandar a personal femenino, (colombianas y venezolanas) a las áreas de frutas y abarrotes, donde venden boletos que van de los 500 a los tres mil pesos y el mismo día saben quién gana.

Ese ejercicio se realiza al menos tres veces a la semana y muchas veces se obliga a los comerciantes a participar en él, pues de lo contrario están en riesgo su integridad física o su local.
Paralelo a ello, ese mismo grupo presta dinero a los comerciantes, a quienes muchas veces presiona para que lo acepten con un interés del 6 por ciento diario, lo que muchas veces ahoga  financieramente a los que caen en esa acción.
Se sabe que esta banda de colombianos  tiene su grupo de sicarios para exigir el pago e incluso amenazan con  apropiarse de las bodegas o  locales si no pagan.
Se les asocia además con varios delitos como extorsión, asaltos y hasta secuestros de comerciantes que se han registrado en la CEDA.


En la Central de Abastos se mueven al día más de 30 mil toneladas de todo tipo de mercancía, desde abarrotes hasta frutas y legumbres, o mariscos y pescado. Para ello transitan unos 65 mil vehículos durante las 24 horas, de los cuales al menos 5 mil son camiones tipo Torton que transportan las mercancías.

Circulan a diario, unas 500 mil personas: 100 mil de ellas trabajan ahí en sus instalaciones, desde los dueños de locales y bodegas, empleados, carretilleros o diableros, choferes, cargadores, entre otras actividades. Las otras 400 mil, son clientes y población flotante.


PROSTITUCIÓN. Ese gran movimiento y cifra de trabajadores ha traído consigo la presencia de prostitución, sin que las autoridades encargadas de la seguridad de la CEDA tomen cartas en el asunto, pese a que están a simple vista.

De acuerdo a investigaciones de las autoridades, se tiene conocimiento de que unas 55 mujeres se dedican a esa actividad al interior o alrededores de la CEDA, regularmente en la noche, en un horario de 22:00 horas a 01:00 horas, donde sus principales clientes son los transportistas, a quienes les cobran entre 200 y 300 pesos, y cuyas ganancias van a parar a esa red de corrupción que se ha tejido al interior de la Central de Abastos.

De hecho tienen detectadas las áreas de trabajo de esta actividad: en la avenida de las frutas y legumbres, Avenida de las X y Avenida de los 5, así como en el bajopuente de RS y Avenida de los 5 al igual que la cabecera de los 5.

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