Opinión


Chile y México: retrato de dos presidentes de ceño fruncido

Chile y México: retrato de dos presidentes de ceño fruncido | La Crónica de Hoy

Iniciemos con una pregunta: ¿En qué se parecen Felipe Calderón y Sebastián Piñera? Además del ceño fruncido, en sus declaraciones de guerra y sus poco agraciadas fotografías al lado de militares. Para darle contexto a estas similitudes, recordemos las palabras del chileno después de que corrió por los alrededores de la Casa Blanca al lado del último presidente panista.

Corría el lejano año de 2010, Televisa ya promovía a Peña Nieto y la debacle del PAN se veía venir con la “realternancia” del PRI que le metió dinero sucio a la campaña de su candidato. Para estar a la altura de su compañero de carrera, Piñera dijo conteniendo el llanto: “Este trote ha sido un símbolo, y los símbolos en la vida son muy importantes. Trotamos juntos hacia adelante, mirábamos el mismo horizonte porque nos une la misma historia.”

Quizá en ese momento ni cuenta se dio, pero debajo de su aberrante cursilería, se ocultaba el valor de algunos símbolos de la política latinoamericana reciente, y no me refiero a los del bienestar del libre mercado para los cuates, sino al valor simbólico de ciertas palabras y algunas fotos del poder presidencial y militar tomados de las manos, tras declaraciones de guerra innecesarias.

La fotografía que simbolizó al ­Calderonato. Aproximadamente quince días después de que Calderón le declaró la guerra al narcotráfico, misma que permitió un indiscriminado ingreso de armas al país y el crecimiento de los cárteles en un 900 por ciento, de acuerdo a estudios del CIDE, Calderón se tomó una foto con quepi y una casaca militar que le quedaba grande. Esa fotografía lo sigue marcando hasta la actualidad, porque simbolizó el estado de guerra en el que sumió al país como parte de una estrategia fallida para lavar su imagen después de una elección, para muchos fraudulenta (yo entre ellos), que le daba muy poca credibilidad frente a un electorado desencantado por varios años de política entreguista y privatizadora. A Calderón le correspondió enterrar a Luz y Fuerza del Centro, mientras los cárteles, y en particular el de Sinaloa, le ganaban territorios al Estado. La foto de Calderón vestido de militar con su desagradable ceño fruncido, es con la que se le recordará en sus múltiples recreaciones gráficas y memegráficas.

Una foto de familia: Los milicos y Piñera.  La declaración de Piñera fue torpe y tuvo un efecto de rebote que lo hizo recular. Es posible que le haya hablado su amigo Calderón para decirle que metiera reversa. El hecho fue que entre la velocidad de los acontecimientos y los delirios alienígenas de su esposa, escurrió la siguiente declaración de la que tuvo que disculparse al igual que doña Cecilia por sus rebuznos: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite.” Ni Calderón lo hubiera hecho tan mal.

A diferencia de su presidente, es posible que los chilenos hayan aprendido la lección mexicana aunque nuestras historias y circunstancias hayan sido diferentes. A nosotros una decisión perversa nos colocó en una situación de debilidad estatal que apenas estamos remontando; a los chilenos la declaración poco inteligente de estado de guerra de Piñera les costó una represión brutal que a los mexicanos nos recuerda varios temibles episodios de nuestra historia contemporánea de inusitada y aún no contenida barbaridad; nos recuerda un mandato que hizo del «combate» al crimen organizado un negocio redondo que, además de muchas muertes, nos descubrió a varios socios que exportaron el modelo a la economía formal mediante deleznables actos de corrupción que también seguimos pagando. No es extraño que Calderón y Piñera le hayan ofrecido apoyo moral a Lenin Moreno después de decretar el estado de excepción por la rebelión del pueblo ecuatoriano frente a los fallidos incrementos en el precio de los combustibles.

La derecha perdió las elecciones en México. Ahora están en jaque las derechas extractivistas de Colombia, Ecuador, Argentina y Chile. Sólo les queda Bolsonaro como referente. O sea, están fritos. Pasarle factura a la población del fracaso de un modelo sale caro. Bien por Chile.

 

@dgfuentes

 

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