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China cumple 70 años con la meta de llegar a cien como primera potencia planetaria

Aniversario. Mao fundó el 1 de octubre de 1949 la República Popular sobre un país devastado y atrasado, que su sucesor, Deng Xiaoping, convirtió en una superpotencia. El actual presidente Xi Jinping no está dispuesto a que la gloria sea sólo de ellos dos: ¿Logrará superar a Estados Unidos?

China cumple 70 años con la meta de llegar a cien como primera potencia planetaria | La Crónica de Hoy

La República Popular China, fundada por Mao Zedong el 1 de octubre de 1949, cumple hoy 70 años convertida en la segunda potencia económica y con la aspiración de llegar a los cien años convertida en la primera superpotencia planetaria.

Hoy lunes, cuando el mundo mire hacia Pekín, que se prepara para un desfile y unos fastos a la altura de la ocasión, la pregunta inevitable, al menos entre los jerarcas del gigante asiático, no es si China va a superar a Estados Unidos como primera potencia mundial, sino cuándo la va a superar y si ocurrirá antes de que el régimen comunista cumpla su primer siglo de vida, dentro de 30 años.

Consultado por la agencia Efe, Xu Chenggang, profesor en Harvard y en la actualidad en la escuela de negocios Cheung Kong, de Pekín, va más allá: “Si nada se tuerce, es bastante seguro que el volumen de la economía china supere al de la estadunidense en, quizás, diez años”, aunque admitió que sería en términos nominales, ya que el PIB per cápita en China “todavía se encuentra en niveles bastante bajos”.

El presidente de China, Xi Jinping, probablemente estaría satisfecho con la predicción del reputado economista y experto en las relaciones comerciales entre EU y China. Prueba de ello son los dos objetivos que se ha marcado desde que llegó al poder, el primero, reformar la Constitución para poder ser reelegido indefinidamente (lo que logró en febrero de 2018), y segundo, poner en marcha una Nueva Ruta de la Seda, el proyecto comercial y de comunicaciones más ambicioso del mundo en la actualidad, que permitirá a China reforzar sus relaciones económicas especialmente con tres regiones: Asia-Pacífico, África y América Latina; algo que inquieta mucho a Estados Unidos y algunos aliados europeos, y que, por el contrario, entusiasma a Rusia, que apuesta por un nuevo eje global Moscú-Pekín.

La obsesión de Trump. El otro que debe estar haciendo cuentas sobre en qué año podría tener lugar el temido rebase de China a Estados Unidos es Donald Trump, que trata de pasar a la historia como el presidente de Estados Unidos que impidió lo que parece ­inevitable.

Desde que llegó a la Casa Blanca, en enero de 2017, su obsesión es China. Su exasesor Steve Bannon, el ideólogo de la nueva extrema derecha populista, es en gran parte responsable de que Trump considere mejor declarar ya la guerra a China (de momento, de aranceles) que esperar a que Pekín siga “colonizando” otras naciones.

Sin embargo, su estrategia para atacar a China—la de levantar una gran muralla proteccionista en torno a EU— podría ser inútil y dañar gravemente una economía tan abierta como la estadunidense.

La paradoja es que Xi, el líder de un país comunista, se ha convertido en el líder del comercio global, mientras que Trump es el líder del aislacionismo, que choca frontalmente con el espíritu de las mayores empresas de EU, como Apple o Amazon, por citar algunas.

“China es ya el primer socio comercial de 120 países, mientras que EU sólo lo es de 50”, recuerda el economista Xu, quien se muestra pesimista con el desenlace y preferiría un acuerdo para que no se frene el milagro económico que comenzó Deng Xiaoping y que logró una proeza única en la historia: sacar de la pobreza a 750 millones de personas.

Pero antes, China tuvo que ver cómo murieron de hambre entre 10 y 45 millones de personas.

El fallido Gran Salto. Mao fracasó estrepitosamente en su intento de transformar una economía agraria y poco mecanizada, con un programa estatal y forzoso llamado el Gran Salto Adelante (1958-1962), que acabó siendo un salto al infierno de la hambruna, y luego degeneró en un represión brutal bajo el paraguas de la Revolución Cultural (1966-1976), con centenares de ejecutados acusados de ser capitalistas.

Fue su sucesor, Deng Xiaoping, el artífice del milagro cuando se ideó un sistema conocido como “socialismo con características chinas”. En otras palabras, economía capitalista controlada por un gobierno comunista.

Con cientos de millones de trabajadores sumisos y pagados con bajos sueldos, las reformas en la agricultura, la liberalización del sector privado, la modernización de la industria y la apertura de China al comercio exterior, causaron crecimientos anuales de más de dos dígitos en tres últimas décadas, mientras el mundo miraba con asombro, con admiración y luego con temor cómo sus mercados se llenaban de productos Made in China mientras que las ciudades chinas se llenaban de rascacielos.

Ni la matanza de Tiananmen ni los campos de “reeducación” de minorías ni las ambiciones militares de Xi parecen haber hecho mella en la imagen de China en el mundo… hasta que unos jóvenes empezaron a llamar la atención de la comunidad internacional para que el mundo dirija sus ojos a una pequeña isla que advierte que no es oro todo lo que reluce y que quieren vivir en democracia. Ese David que desafía a Goliat se llama Hong Kong.

fransink@outloo.com

 

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