Opinión


Científicamente demostrado

Científicamente demostrado | La Crónica de Hoy

Durante toda la semana lo repitió en varios tonos y para todo propósito. Su negativa persiste, pertinaz, granítica: “no tengo porque usar el cubrebocas”.

Para el lector más distraído, el asunto del trapo en la boca puede parecer secundario, incluso baladí, y sin embargo contiene un fondo enorme de investigación y una importancia radical si es que algún día vamos a controlar la peste moderna.

Pero antes, no dejemos de escuchar al Presidente López Obrador: “A mí, el doctor Alcocer como López Gatell me han dicho que no necesito el cubreboca si mantengo la sana distancia, y en los lugares donde si es necesario o es una norma, por no decir obligatoria, pues ahí me lo pongo… en la oficina recibo constantemente a ciudadanos, a dirigentes de todas las organizaciones… y lo que hacemos es mantener la sana distancia, ahora sí que no es un asunto científicamente demostrado”. (Conferencia de prensa, Oaxaca, 24 de julio de 2020).

En la Ciudad de México machacó: “Si fuese el cubrebocas una opción para la reactivación de la economía pues me lo pongo de inmediato, pero no es así, yo sigo las recomendaciones de los médicos, de los científicos…” (22 de julio de 2020).

Pues resulta que esta visión -del Presidente y de sus expertos- es uno de los errores más importantes que nos tiene condenados a habitar por mucho tiempo, en la cúspide imparable de la enfermedad, malestar y muerte de la pandemia. Veamos.

El conocimiento acerca de la capacidad de contagio del virus en el mundo ha crecido y hoy contamos con información nueva, más robusta y con vasta evidencia.

En las primeras semanas del año lo que sabíamos, es que este virus (pariente del resfriado común) era más transmisible que sus primos (MERS y SARS), supuestamente parecía menos letal y no estaba claro cual era el vehículo principal de su propagación.

Al cabo de unas semanas de investigación, resultó que una de las diferencias más notables entre el actual coronavirus (SARS-CoV-2) y su parentela de males respiratorios, es el papel de las personas que no presentan síntomas. Los virus respiratorios, se suelen transmitir a través de gotículas que emiten las personas que están contagiadas, al hablar, toser, estornudar.

Con el nuevo coronavirus -ahora ya lo sabemos- una gran proporción de los contagios proviene de personas que portan el virus, pero (oh maldito diablo) ellas mismas no lo saben. Son los asintomáticos, que no tosen ni estornudan, ni padecen fiebre, ni escalofríos pero al hablar y respirar, igualmente exhalan aerosoles, las omnsicentes gotículas, los vehículos favoritos del virus.

Por eso cobra mucha importancia adoptar, dentro de la política contra la pandemia, lo mismo en su fase temprana como en sus fases de desescalamiento, el uso generalizado de cubrebocas: para reducir la transmisión de aerosoles emitidos por todos nosotros, seas presidente de la república o no, precisamente porque con el nuevo coronavirus ignoramos quiénes son los portadores (y lo seguiremos ignorando mientras no hagamos mas y mas y más pruebas).

Pero fíjense el cambio en la ciencia de la infección: el mecanismo de transmisión de contacto físico (tocar la computadora, la manija, el volante, la mesa) resultó ser menos importante que el maldito mecanismo de transmisión aéreo. Tocar superficies contaminadas sí representa un riesgo, como nos enteramos todos al empezar la epidemia, pero aspirar aire viciado es aún más contagioso (https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/26/8/20-1274_article).

En abril, la revista de referencia mundial, The Lancet admitía que “si bien la información aún no es suficiente… es cierto que se acumulan evidencias acerca de que el factor decisivo para evitar la propagación del virus es la disminución de las gotículas que dispersamos al hablar, toser, estornudar, cantar…”. El cubrebocas “no es la única medida que deben usar los ciudadanos y debe sumarse al distanciamiento social y a la higiene continua de manos” pero en conjunto elevará la efectividad del control de la propagación.

Así, desde abril, la investigación sobtre el cubrebocas ya lo colocaba dentro del instrumental fundamental contra el nuevo coronavirus: a la altura de la higiene de manos y del distanciamiento social línea en: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30918-1/fulltext).

La dimensión de esta evidencia tuvo un punto señero el seis de julio, cuando 239 especialistas de varios países, publicaron una carta abierta a las autoridades sanitarias internacionales en la que afirman “que esos virus también quedan en suspensión en partículas microscópicas y terminan siendo respirados por alguien cercano pasados unos minutos”. Los mismos expertos reconocen que no estan descubriendo “una vía principal o inesperada”, añaden pruebas de que, sobre todo en interiores, “la distancia física sola no sirve” https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/26/8/20-1274_article .

Luego, un meta-estudio dio cuenta de los hallazgos contenidos en otros 172 estudios realizados en 16 países de los seis continentes, para evaluar la eficiencia del uso de cubrebocas. En conjunto, el resultado de la investigación mundial, apoya contundentemente el distanciamiento físico de al menos un metro; lavado frecuente de manos; la protección ocular y uso de cubrebocas de tela de varias capas. Sin dudas. (Clinical Infectious Diseases https://academic.oup.com/cid/article/doi/10.1093/cid/ciaa939/5867798).

Y más allá. El Instituto de Economía Laboral de Bonn, Alemania, después de estudiar la dinámica de interacción personal en varias ciudades de ese país, concluyó que el uso universal de cubrebocas reduce la tasa de aumento de contagios por el nuevo coronavirus hasta en 40 por ciento. Un dato que no es de laboratorio, sino de la realidad y sus datos arrojados https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/downloads/fs-Important-information-cloth-face-covering.pdf

Por su parte, el Doctor Mario Molina y sus colegas de la Universidad de Texas, publicó un documento reseñado por la Crónica (16 de junio 2020) en el que demuestran que “la transmisión aérea es altamente infecciosa y representa la ruta dominante del COVID-19” por lo que, el uso obligatorio de cubrebocas deviene en la medida determinante para detener o no, la intensidad de propagación de la pandemia. “Nuestra conclusión es que el uso de cubrebocas en público es la medida más efectiva para prevenir la transmisión de la enfermedad entre personas y que esta práctica, que no es costosa, junto con pruebas extensas, cuarentenas y el seguimiento de contactos, plantea la mejor oportunidad para detener la pandemia del COVID-19, antes de que se desarrolle una vacuna.” (PNAS). Disponible en línea en: http://centromariomolina.org/identificando-la-transmision-por-aire-como-la-principal-fuente-de-contagio-para-covid-19/.

Existen otros 79 estudios de más de 20 países -revisados por la investigadora Mónica Rebolledo- en los que el torrente de datos, experimentos y evidencias apunta a la misma dirección: el control en laboratorio, la experiencia internacional y la observación del comportamiento social, permiten afirmar que el cubrebocas debe ser considerado como un instrumento central de combate a la pandemia, en el mismo nivel del lavado de manos y del distanciamiento social.

El gobierno mexicano va tarde, muy tarde, y en contra de la evidencia, que es ya demasiado grande como para seguir siendo ignorada por la Secretaría de Salud y por López Obrador. La misma OMS ya corrigió.

El uso de cubrebocas debe formar parte de la política nacional contra la pandemia. Sin ese componente individual, social, de masas y obligatorio, el control de la muerte, nunca llegará.

 

ricbec@prodigy.net.mx
Twitter: @ricbecverdadero

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