Opinión


Colapso civilizatorio: teoría y práctica

Colapso civilizatorio: teoría y práctica | La Crónica de Hoy

Crisis climática, ecológica, energética, política… ¿Indican estas crisis la decadencia de nuestras sociedades regionales y de nuestra sociedad global? ¿Señalan, acaso, la posibilidad de un verdadero colapso civilizatorio? Cada vez son más los convencidos de que así es, porque la humanidad se ha posicionado en ruta de choque con las capacidades de la biósfera a la cual se debe, así como en situación de crecientes tensiones sociales derivadas de la pobreza y de la abismal desigualdad del ingreso entre países y entre sectores sociales —mientras que el modo de vida y las decisiones de un puñado de personas con las mayores fortunas del planeta determinan hacia dónde va el mundo…

Para responder a esta inmensa y compleja interrogante, numerosos científicos han abierto un nuevo campo de investigación: la colapsología. Utilizan como material sustantivo de estudio las civilizaciones desa­parecidas: persas, mayas, romanos, rapa-nuis…, etcétera; y desarrollan modelos explicativos “más allá de la narrativa de Jared Diamond en su obra Colapso (2005)” de las causas y circunstancias que las condujeron a su destrucción. Estos estudios muestran que los colapsos constituyen procesos mucho más complicados que como los presentara Diamond, pero sí confirman que las previsiones de los Meadows en Los límites del crecimiento (1972) concuerdan bastante bien con las tendencias globales en curso, de utilización intensiva y agotamiento de los recursos naturales, así como con la situación de degradación ambiental a escala planetaria.

Ecólogos, climatólogos, físicos, matemáticos, antropólogos, sociólogos, historiadores y economistas construyen rigurosos modelos dinámicos de las sociedades humanas, a fin de revelar las leyes o constantes que rigen su evolución en el largo plazo. Dos tipos de modelización son los generalmente utilizados: modelos basados en ecuaciones diferenciales descriptivas de sistemas socio-ecológicos (de acuerdo con el modelo fundamental, predador–presa, de la ecología); y modelos de sistemas complejos en los que los nódulos de interacción son los individuos y las comunidades. Así, han estudiado la evolución de la complejidad social de diferentes regiones del mundo durante los últimos siete mil años, compilando 51 variables demográficas, políticas, tecnológicas, ecológicas, económicas y culturales (Science & Vie, junio 2019).

Uno de los más claros resultados es que varios factores concurrieron adversamente en las civilizaciones que han colapsado: factores ecológicos, climáticos, económicos, políticos y culturales se conjugan para mantener la viabilidad de las sociedades o, por el contrario, para conducirlas a desintegrarse. Excesivo crecimiento poblacional, explotación intensiva de recursos naturales (más allá de sus capacidades de renovación) y construcción de infraestructuras más allá de las capacidades de control de gestión, sobresalen como los factores más importantes que han conducido a colapsos civilizatorios.

¿Y nuestra sociedad globalizada? Que ya provocó un cambio climático y una extinción masiva de biodiversidad, así como el agotamiento de diversos recursos naturales (bosques, agua, flora, fauna, pesca, hidrocarburos, metales…) y que, culturalmente, no parece poder desembarazarse de sus valores de consumo derrochador y de sus patrones de producción dominados por la gula monetaria. ¿Vamos en la dirección de un colapso civilizatorio global, o tendremos suficiente capacidad para aplicar —a tiempo— las modificaciones necesarias que posibiliten el gran golpe de timón?

La respuesta está en el viento, la moneda está en el aire…

Mientras tanto, en México, la política ambiental se encuentra en la encrucijada. Contamos con un titular de la Semarnat que es uno de los personajes más convencidos de que vivimos una crisis civilizatoria de urgente resolución. Pero también sufrimos la profunda ignorancia del Poder Ejecutivo Federal sobre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, acompañada de un voluntarismo ciego a favor de megaproyectos (Tren Maya, Sembrando Vida, Transístmico, Dos Bocas…) sin mediar consideraciones de impactos social y ambiental…

 

*Director Ejecutivo del Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente

 

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