Opinión


¿Cómo saber si se trata de un ataque de pánico y qué hacer?

¿Cómo saber si se trata de un ataque de pánico y qué hacer?  | La Crónica de Hoy

Frecuentemente las personas tienden a confundir el sufrir de ansiedad con padecer un ataque de pánico. Comencemos con definiciones que todos conocemos pero que casi nadie puede escribir en blanco y negro. Por ansiedad, se conoce al sentimiento de constante malestar, sobre todo en el contexto de la molestia psicológica que no nos deja estar quietos ni en paz. La ansiedad es diferente a la angustia, que se caracteriza por la misma definición de la ansiedad, pero sumado al material de los síntomas físicos somatizados, mismos que dependen de una inestabilidad en el funcionamiento del sistema nervioso autónomo. Entendiendo lo anterior, la angustia es un sinónimo de pánico, así que en los manuales de psiquiatría se manejan de forma indistinta los diagnósticos de crisis de angustia o ataques de pánico.

 

Vamos a puntualizar cuáles son los elementos que caracterizan a un evento de esta naturaleza:

 

  1. Por crisis, se entiende a eventos intensos y cortos que suelen a repetirse. La duración promedio de un ataque de pánico es de 10 a 30 minutos. En la mayoría de los casos, tienden a autolimitarse, esto es, a desaparecer de forma espontanea después de este tiempo.

 

  1. En este lapso se presentan síntomas psicológicos y físicos. Los psicológicos son principalmente la sensación completa de pérdida de control, miedo a volverse loco o incluso miedo a morirse, lo más común por causa de un infarto del miocardio.

 

  1. Los síntomas físicos, como mencionamos en la introducción, se deben a la alteración marcada en el sistema nervioso autónomo, encargado de regular todas las reacciones del cuerpo que no dependen del control voluntario. Marquemos los síntomas de arriba a abajo: dilatación de las pupilas, hormigueos por todo el cuerpo, resequedad de boca, opresión en el tórax, taquicardia, incremento de la presión arterial, dificultad para meter aire al pecho, dolor en la boca del estómago, movimientos intestinales desordenados, vejiga hiperactiva y dolores musculares generalizados.

 

  1. Muchas veces, pueden ser desencadenados por un estímulo, desde cosas extraordinarias (quedarse atorado en un elevador), hasta cosas más comunes (turbulencias aéreas), o definitivamente, situaciones cotidianas (estar en el cine o en restaurantes llenos de gente). Por el otro lado, muchos de estos eventos no llevan un antecedente claro que permita establecer un patrón.

 

  1. Presentar un ataque de pánico deja a la persona con gran nivel de afectación de ansiedad posterior a su presentación; tanta, que incluso lleva a una situación que se conoce como miedo anticipatorio. Una sensación tan poderosa que hace crecer poco a poco la ansiedad por tratar de evitar un siguiente ataque, así la persona puede producirse un nuevo episodio a partir de este miedo anticipatorio.

 

Ser testigo de alguien que sufre una de estas experiencias nos confronta con una gran impotencia. Prácticamente, no hay una herramienta de la que podamos echar mano de forma efectiva para ayudar a la persona, recuerden la leyenda urbana de respirar dentro de una bolsa de papel y su ineficacia. Existen algunos medicamentos que son abortivos de estas situaciones al estilo de los medicamentos con los que se cuentan en las crisis de asma o de migraña. Pero en carencia de éstos, lo mejor que podemos hacer es darle contención al paciente, estar con él y remarcarle que todo va a estar bien por el tiempo que le sea necesario.

 

Todos tenemos derecho a presentar alguna vez en la vida una crisis de angustia, pero no siempre tenemos que darle tratamiento a la primera aparición. Los manuales de manejo psiquiátricos son claros al indicar tres situaciones que ameritan ir a evaluación y a someterse a la terapéutica adecuada: un ataque tan fuerte que incapacite a la persona y la haga acudir a un servicio de urgencias, contar con tres ataques en una semana, o de forma más espaciada, tres ataques en un mes.

 

Los tratamientos tienen que ser una combinación de medicamentos que restituyan un déficit de serotonina en los lóbulos frontales del cerebro, situación que se estabiliza y se arregla en un año de manejo farmacológico y de terapia cognitivo conductual que logra combatir de forma efectiva al miedo anticipatorio y las ideas preconcebidas que conlleva padecer de una enfermedad así de discapacitante.

 

Por lo tanto, la siguiente vez que seamos testigos de un ataque de pánico ya sabemos qué hacer… muy poco, y en caso de cumplir con los requisitos aquí citados, ayudar al que los padece a acudir a un especialista en salud mental.

 

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