Opinión


Construir, no destruir

Construir,  no destruir | La Crónica de Hoy

“Aquel que quiera construir torres altas, deberá

permanecer largo tiempo en los fundamentos.”

Josef Anton Bruckner (1824-1896), músico y compositor austriaco.

 

El pasado 15 de junio, el Presidente de la República aununció desde Chihuahua que desaparecería el Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (INIFED), para entregar los recursos de manera directa a una serie de comités escolares que estarían integrados por maestros, padres de familia y alumnos de cuarto de primaria en adelante.

A raíz de entonces, el grupo Red Educación Derechos (RED) integrado por académicos, investigadores y miembros de la sociedad civil especializados en educación, hizo un llamado al Presidente para revertir su decisión.

Las escuelas en nuestro país, además de funcionar como lugares de enseñanza y formación académica, funcionan también como refugios y albergues en casos de desastres naturales y otras situaciones de emergencia.

De este hecho se desprende la urgencia, de que aquellos encargados con la construcción, remodelación y mantenimiento de las instalaciones educativas, sean necesariamente especialistas, ingenieros y arquitectos con las competencias técnicas necesarias para garantizar las condiciones de seguridad, salud e higiene fundamentales para el aprendizaje.

Desaparecer el organismo gubernamental encargado de normar, supervisar y construir las escuelas públicas y dejar la construcción y rehabilitación de las mismas a los padres de familia, alumnos y maestros, representa un enorme riesgo para la seguridad estructural de los planteles educativos.

A partir del terremoto de 1985, las leyes y reglamentos para la construcción de edificios públicos (desde luego incluyendo escuelas) se reforzaron y se hicieron más estrictos. Gracias a eso, el sismo de 2017 no terminó en un desastre mayor: en las 11 entidades donde se reportaron afectaciones, solamente una escuela, que dicho sea, no contó con supervisión para su edificación y ampliación, sufrió la tragedia máxima.

La dura lección que nos ha dado la historia y la naturaleza ya ha sido pagada con miles de vidas. No pongamos en riesgo a los millones de estudiantes y maestros, que todos los días trabajan para formar un México con un mejor futuro.

 

 

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