Opinión


Consulta y zanahoria

Consulta y zanahoria | La Crónica de Hoy

 

Perro mundo

El cartel con el que promueve Morena la consulta popular parece sacado de un western y desde luego debe ser muy efectivo en quienes no padecen de amnesia grupal, el alzheimer social que suele atacar a ciertos segmentos de todas las clases sociales (ricos, clase media y pobres) pese a la idealización que hacen de sí mismas.

Los ricos idealizan a su hombre político como un tipo astuto, que está en la cúspide de la pirámide porque se lo merece; los más radicales, y conozco pobres y clasemedieros que defienden ese modelo como hienas hambrientas, lo atribuyen a que su riqueza es resultado de la selección natural. Creen que hay un gran regulador llamado libre mercado en forma de pirámide y para llegar a su cúspide, cifrada en acumulación, hay que ser individualista, dar codazos y luchar como fieras para ganarse el lugar. ¿Tendrían este par de segmentos incentivos para votar en la consulta convocada, casi desde la clandestinidad, por el INE? Es decir los acumuladores, y los defensores clasemedieros y pobres que creen en el modelo darwinista desde la realidad de sus deciles: ¿Deberían ejercer su derecho al voto para una consulta vinculante que ante todo tiene un poder simbólico más allá de los presidentes pillastres que portaron la banda presidencial?

Entre los acumuladores tramposos que incluso acabaron con exitosos modelos de negocio, propiciaron monopolios de comunicación y cacicazgos culturales desde luego que no. De hecho de ahí sale financiamiento para que muchos cretinos, empezando por Fox, salgan a cortarse las venas como estrellas de cine Gore para decir que se trata de un ejercicio de desperdicio de recursos públicos. Hay intelectuales tocando esta fúnebre melodía, ellos y los políticos que vislumbran el 2024, como el fin de una “diktadura (con k de Krauze) plebiscitaria”. Este segmento tiene en mente otra consulta, la de 2022 y depositaron en rufianes y organizaciones empresariales del mismo calado, a intensos promotores apostándole a la amnesia de la zanahoria. 

En sus lloriqueos locales o foros internacionales desean que el sexenio 2018-2024, termine pronto y sólo sea parte de un eclipse autoritario que tapó el sol de la superdemocracia para los cuates. Y si no se puede para el 2022 o el 2024, ya hay 

regios agentes como Mr. & Mrs Tiktok apostándole al 2030 con visiones más huercas de conducción política.

Pero hay otra clase de ricos menos tonta, transa o violenta que ha encontrado en este gobierno mejores oportunidades para invertir, que saben comparar condiciones macro económicas, y durante años, incluso desde la derecha misma, lucharon por combatir vicios arraigados en la dupla del poder político y económico extractivista empezando por el de la corrupción; empresarios desplazados por el mandarinato en turno, empresarios testigos y muy posiblemente víctimas de atroces tropelías como el espionaje sin mandato judicial ordenado desde el poder político mismo y salido de control.

Desde luego que a esos empresarios, o su base clasemediera y pobre, les conviene dejar sentado en una papeleta si enjuiciamos de manera vinculante nuestro pasado o lo perdonamos como propone el presidente. Aquí conviene hacer un paréntesis.

Paréntesis

Ministros en retiro, exdirectores del INE antes IFE, intelectuales cursis o aquellos espumosos como canes en el patíbulo del antirrábico, no se cansan de repetir que si los poderes estatales y el federal realizan bien su chamba, cualquier ciudadano puede acudir a ese crisol de autonomía, celeridad y justicia llamado poder judicial para exigir equidad ante la ley. Quienes no tienen la zanahoria enfrente sólo piensan en esa proverbial frase coloquial con un gran potencial simbólico: ¡Ay, ajá!

Frase que acude a la mente de los no amnésicos todos los días. Por ejemplo, cuando el rufián de Calderón responde que él nos sabía nada de su secretario de seguridad narco, su policía torturador premiado y su combatiente ciudadana antisecuestro a la que también le colgó medallas revelada desde hace años como un estuche de trapacerías.

La pregunta consensuada en la cúpula del poder judicial, misma que aparecerá en la boleta el próximo primero de agosto, más allá si se logra la mayoría vinculante, es, para quienes no lo saben porque hay intereses para inhibir este ejercicio, la siguiente:

“¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?”

Pese a su ambigüedad el sí simbolizaría numéricamente un claro rechazo al perdón presidencial y un voto más contra el alzheimer social promovido por el neoporfirismo. El no es optar por el camino de la zanahoria. El abstencionismo significa también el triunfo de quienes expanden bancos de niebla mediante el uso repetido de las noticias falsas o medias verdades.

No podemos ser omisos frente a nuestro pasado, incluso aquellos que alzan el bastón añorando que este presente se convierta pronto en pretérito. El apoyo del zapatismo a la consulta no es apoyo a Morena ni al presidente, es una apuesta contra el olvido, el valemadrismo o el vasallaje. Desde otros ámbitos de la sociedad no debemos ser omisos con este claro ejercicio de democracia participativa, a menos que queramos seguir atrás de esa raíz alargada de color naranja perdonando todos los excesos del poder de cualquier signo.

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