Opinión


Corazón Azul

Corazón Azul | La Crónica de Hoy

¿Qué pensaría usted, amable lector, si le digo que en pleno siglo XXI, en ciudades civilizadas, con montones de disposiciones jurídicas, la esclavitud sigue existiendo? Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos condena, desde su artículo 1, nuestra Carta Magna, ayer se conmemoró un año más del Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud y, sin embargo, esta funesta práctica existe, sólo que quizás no con los grilletes con que a priori la asociaríamos.

Muchas veces entendida únicamente como explotación laboral o servidumbre, las conductas que hoy son catalogadas como trata de personas pueden ser tan diversas que incluso podríamos estar ante ella y no advertirla. La moderna “esclavitud” subsiste, no ha sido erradicada, sólo que su denominación es distinta: trata de personas, originalmente llamada trata de blancas por referirse a la explotación sexual de mujeres europeas y americanas, ahora se ha diversificado e intensificado tanto que no se limita a mujeres como tampoco a un propósito sexual, puede ahora consistir en explotación laboral o sexual, trabajos o servicios coercitivos, extirpación de órganos o tejidos, matrimonio forzoso o servil, mendicidad forzada, adopción ilegal entre otras reguladas por la Ley General y sus principales víctimas son mujeres, niñas, niños y adolescentes.

Igual que en otros delitos que implican la privación de la libertad personal, no existen cifras certeras sobre su comisión, pero sí sabemos que las manifestaciones más comunes de este flagelo son la explotación laboral y sexual. La Organización Internacional del Trabajo estima que existen 40.3 millones de personas que han sido víctimas de este delito, equivalentes a 5.4 víctimas por cada mil personas de las cuales una de cada cuatro es menor de 18 años. 

Norma Bastidas, Karla Jacinto, Yesenia, Carlos, Héctor, Luis, múltiples testimonios de personas de carne y hueso víctimas de trata, la mayoría de ellas coincidentes en ser arrastradas por la promesa de un buen trabajo o una relación sentimental fabulosa. Así el caso de Norma quien, en situación de pobreza y con la oferta de modelar en Japón, decidió probar suerte, allá la realidad fue diferente “no es como en las películas” dijo. Estar en contra de tu voluntad no significa que te tengan encadenada o retenida con violencia, es un control mental. Las víctimas, al encontrarse segregadas, no tener nada ni a nadie, generan una perniciosa dependencia de sus agresores y un círculo vicioso interminable.

A pesar del daño evidente e irreversible que provoca a las víctimas directas de este delito, en sus reportes de incidencia delictiva, el SESNSP considera que el único bien jurídico afectado es la sociedad, afirmación que compartimos sólo parcialmente, puesto que mucho antes que él, se encuentran otros más importantes como la dignidad humana, la libertad personal, el normal desarrollo psicoemocional y la seguridad personal.

Fuente: https://www.unodc.org/documents/blueheart/BOOKLET_FINAL_09_abril_impresion.pdf

Por inconcebible que parezca, existen perversas mentes que “justifican” el tráfico humano degradando a la persona humana a una mercancía, pero igual de increíble es que sean factores como la pobreza, el desempleo, la ignorancia los que propicien la permanencia y propagación de este crimen justo frente a nosotros. La captación o enganche puede generarse en casa, a través de redes sociales y practicarse tan cerca como en Sullivan o en La Merced ¡da igual! No esperemos a que la realidad nos alcance y padezcamos una experiencia cercana o personal, lo más importante para evitar este flagelo es entenderlo, visibilizarlo y evitarlo. En casa partamos de las más elementales premisas de comunicación y, en general, invita la UNODC “manténgase alerta, interésese, entérese de la Campaña Corazón Azul que desde este espacio aprovecho para promover, preste apoyo y sea responsable. Recuerde que incluso las más grandes conquistas de la humanidad inician siempre con el primer paso.

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