Escenario


Corte y queda. 1917: Ha nacido un nuevo clásico del cine bélico

Ha nacido un nuevo clásico del cine bélico

Corte y queda. 1917: Ha nacido un nuevo clásico del cine bélico | La Crónica de Hoy

Semanas atrás cuando Sam Mendes recibió los premios de Mejor Dirección y Película de Drama en los Globos de Oro, por 1917, el mundo entero quedó mudo ante la sorpresa. Hasta entonces muy pocos comentarios habían surgido sobre el filme, y sólo se alardeaba de su pretensión por hablar de la guerra en un largo plano secuencia. Ahora que está por llegar a las salas de cine comerciales, no tenemos más que decir que se merece todos los jodidos premios a los que aspira.

El director nos ha entregado una de las grandes obras maestras del cine de los últimos años. Ha utilizado todos los recursos fílmicos con maestría para contarnos hermosamente el terror de un conflicto bélico, ha usado su cámara para hacernos sentir miedo al acompañar a los protagonistas y sentir junto con ellos la incertidumbre de dónde dar el siguiente paso sin recibir una bala o detonar una bomba; nos muestra con sus diálogos la manera en que dos amigos tienen la misión de atravesar un territorio que no es otra cosa sino un infierno disfrazado de campo.

El director de Belleza americana nos mete en la intimidad de la Primera Guerra Mundial, para contarnos la historia de dos jóvenes soldados británicos, Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) quienes tienen una misión aparentemente imposible. En una carrera contrarreloj, deberán atravesar el territorio enemigo para entregar un mensaje que evitará un mortífero ataque contra cientos de soldados, entre ellos el propio hermano de Blake.

La escena inicial, que son los dos jóvenes tomando un respiro en un árbol, es el arranque del primero de los plano secuencias que el filme tiene. Es en cómo se nos muestra la historia a través de esta técnica, que se nos revela que Mendes es un enamorado del cine como arte y el ­cinefotógrafo Roger Deakins uno de los más grandes artesanos del mundo.

Conforme ese primer encuadre se abre siguiendo al par de amigos, vamos empezando a dimensionar el tamaño de la guerra, de la tragedia, de lo humano, del dolor, de la rigidez militar y de los miedos, sólo por identificar las primeras impresiones que nos va revelando la lente en el filme.

Lo que hace Mendes no es utilizar su película para mostrarnos un espectáculo de la guerra (aunque por supuesto que lo logra), lo que intenta es mostrarnos emociones naturales al mismo tiempo que las viven los personajes, porque la guerra no tiene pausas, y en el cine nos la han mostrado así.

Acá Mendes nos mantiene expectantes, su historia es vibrante, no para de moverse y eso nos va involucrando con lo que ocurre, con el desconcierto de la tragedia. Su arco dramático se nos da en una experiencia claustrofóbica sin alejarnos de la humanidad, porque ante todo, ni en el peor de los infiernos debemos olvidarnos de ella. Es, desde ya, un clásico del cine bélico.

Marioneta

Director: Álvaro Curiel (México, 2019)

El filme tiene una premisa lo suficientemente interesante: Representa un viaje dentro del mundo subterráneo de la Ciudad de México. Ernesto, un actor cubano que decide probar suerte en otro país. Tras su fallido éxito por lograr ser el protagonista de una obra de teatro, conocerá en el Metro de la Ciudad de México a Belén, una actriz que cuenta historias a cambio de unas monedas. Sin embargo, el encuentro entre estas dos figuras solitarias nos ofrece todo el drama que una película típica mexicana necesita, así es, toma el camino seguro de tomar el argumento para mostrarnos los tópicos de una telenovela mexicana con narrativa fílmica y no incomoda del todo, pero no trasciende. Pudo haber contado un trasfondo más oscuro sobre una realidad social, pero se conforma con hablar de los deseos amorosos en contextos complicados.

Judy

Director: Rupert Goold (Inglaterra, 2019)

Durante el invierno de 1968, treinta años después del estreno de El mago de Oz, la leyenda Judy Garland llega a Londres para dar una serie de conciertos. Las entradas se agotan en cuestión de días a pesar de haber visto su voz y su fuerza mermadas. Mientras Judy se prepara para subir al escenario, vuelven a ella los fantasmas que la atormentaron durante su juventud en Hollywood. A sus 47 años, se enfrenta en este viaje a las inseguridades que la acompañaron desde su debut, pero esta vez vislumbra una meta firme: regresar a casa con su familia para encontrar el equilibrio. Si bien se trata de un biopic común y que no se sumerge en el lado más oscuro del personaje, la interpretación de Renée Zellweger es imponente y logra conmover.

Perdida

Director: Jorge Michel Grau (México, 2019)

El filme nos cuenta la historia de un triángulo amoroso poco usual: Eric es contratado como el nuevo director de orquesta de la Filarmónica de la Ciudad de México y se muda a la ciudad con Carolina, su mujer. Todo es perfecto hasta que un día ella desaparece. Eric, dolido por el aparente abandono de Carolina, conoce a Fabiana, la camarera de un bar. Comienzan una relación llena de misterio, sexo y pasión, pero aún queda el misterio de la desaparición. Acá la paradoja está en que es una película con una gran propuesta creativa en dirección, ahí es ingeniosa; sin embargo, tiene errores básicos de continuidad que ensucian la manufactura. A eso le sumamos la poca credibilidad de Chema de Tavira, así va perdiendo cada vez más puntos hasta convertirse en un filme regular.

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