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“Cosas imposibles”: Profundas amistades para superar tristes realidades

Corte y queda. El nuevo filme de Ernesto Franco es protagonizado por Nora Velázquez y Benny Emmanuel y tiene un mensaje esperanzador

“Cosas imposibles”: Profundas amistades para superar tristes realidades | La Crónica de Hoy

Foto: (Cortesía)

Tras casi cuatro años ausente de la pantalla grande (con pandemia de por medio), Ernesto Contreras regresa con un filme escrito por la debutante Fanie Soto, en cuyos estelares reúne a dos actores de distintas generaciones.

Cosas imposibles se centra esencialmente en dos personajes. Por un lado tenemos a Matilde (Nora Velázquez), una mujer madura y viuda quien vive sola, acompañada únicamente de Fidel, su gato. Pero su vida es una especie de infierno, ya que se halla (literalmente) atormentada por el fantasma de su marido muerto, Porfirio (Salvador Garcini), quien todo el tiempo la agrede verbal y emocionalmente con frases y descalificaciones machistas y misóginas, destruyendo su autoestima e impidiéndole llevar una vida normal e independiente.

Por otro lado se encuentra Miguel (Benny Emmanuel), un joven quien en diversas formas de delincuencia ha hallado su modus vivendi, pero a pesar de pasar gran parte de su vida en la calle y haberse vuelto astuto para sobrevivir en ella, en el fondo es una persona sensible quien aspira, algún día; poder encontrar el modo de apartarse de todo eso, e irse a vivir a otra parte, empezar de nuevo y poder cumplir sus sueños.

Matilde y Miguel viven en la misma zona habitacional, y en esos ires y venires terminan por encontrarse. O mejor dicho, terminan por reconocerse, ya que a ambos los aqueja un mismo mal: la soledad. Poco a poco comienzan a acercarse para luego acompañarse e intentar paliar así un poco sus melancolías individuales. Y finalmente, se apoyarán mutuamente para tratar de sobrevivir tanto a una realidad la cual parece marginarlos, como a sus difíciles y oscuros pasados individuales. Y a consecuencia de esta interacción, se disparan una serie de circunstancias que a la postre les permitirá (no sin exigirles a cambio algo de fortaleza y voluntad) poder vislumbrar un mejor porvenir.

Uno de los temas que apasiona a Contreras (y a la vez una de sus constantes estilísticas), es la exploración, desde un ángulo íntimo, de las relaciones humanas, su naturaleza y su complejidad, y cómo estas se manifiestan al interior de parejas conformadas por cuestiones del destino. Cosas imposibles no es la excepción, solo que aquí añade la variante particular de 40 años de distancia generacional entre sus protagonistas, así como sus opuestas perspectivas de la vida. Y sin embargo, esa tristeza e incomunicación producto de sus respectivas soledades e historias de vida, es la fuerza gravitatoria que termina por atraerles, y les permite fomentar una amistad y complicidad especial, profunda y gratificante, aunque esté alimentada por el abandono y el dolor.

En ese sentido, la elección del cast principal resulta afortunada. Nora Velázquez, experimentada actriz con ya larga trayectoria en el cine y la televisión, logra imprimirle a su personaje (apagado y apocado, pero solo en apariencia) una rica gama de emociones las cuales terminan por hacerle empatizar con el espectador. Por su parte Benny Emmanuel, quien poco a poco se ha ido cimentando una reputación como joven talento del cine nacional; crea un personaje urbano genuino, malora y dicharachero, pero a la vez introspectivo, compasivo e incluso solidario. Esta dupla de actores recrean en la cinta momentos muy divertidos, y otros muy conmovedores, los cuales hacen que la trama atrape y envuelva.

El escenario donde ocurre el relato es uno de los grandes atractivos de la película: espacios citadinos como existen cientos en la CDMX, retratados de forma que muestran a un tiempo tanto su sutil belleza como sus deprimentes realidades. Pero además, Contreras va un poco más allá y acentúa esos contrastes con escenas construidas en base a un delicioso ludismo, como una memorable secuencia al interior de un vagón del metro donde uno de los personajes imagina a una glamurosa cantante (interpretada de forma encantadora por Veronica Toussaint) ejecutando una balada. Y como esta hay varias escenas similares que terminan por funcionar bien y enriquecer la obra.

Con estos y otros elementos (donde se incluyen varias intervenciones y cameos de variados actores y cineastas), y desde luego teniendo el guión de Soto como brújula, el director de Sueño en otro idioma y Las oscuras primaveras, estructura un largometraje sencillo en su premisa, y con tono optimista y esperanzador, el cual viene bien para los momentos actuales. Y de paso, se aparta de varios de los lugares comunes del cine nacional que predomina en la cartelera.

 

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