Opinión


Costosas ocurrencias

Costosas ocurrencias | La Crónica de Hoy

Fue muy celebrada, como corresponde a las buenas puntadas, la genialidad del guanajuatense Juan Carlos Romero Hicks de definir al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ante miembros de la Comisión Permanente del Congreso, como “una dictadura de la ocurrencia”.

Se trató, en realidad, de la reedición de una frase que el coordinador de diputados federales del PAN acuñó y ha venido repitiendo, a la menor provocación, desde hace meses.

Vale resaltar el empleo de tal locución porque condensa el sentir de gran parte de la variopinta oposición —todavía aturdida por el campanazo electoral—con respecto al gobierno de la 4T.

Y porque esos alegres juicios contribuyen no sólo a forjar una imagen tan injusta como negativa del gobierno, sino a favorecer valoraciones foráneas de costosas consecuencias.

Repercusiones que, luego —como nos enseñó Sor Juana hace 350 años—, espantan a esos mismos críticos, “sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.

Es el caso de la calificación del nivel de riesgo para la inversión en nuestro país, o en determinadas empresas o sectores económicos, por agencias —Fitch Ratings entre varias— a las cuales, por cierto, nadie califica; pero aterran y azuzan a adversarios del régimen.

Agencias de las que nunca hemos sabido —por ejemplo— que reduzcan sus calificaciones a Estados Unidos por la sistemática violación de su gobierno a los derechos humanos de migrantes, niños incluidos, a quienes suele encerrar en jaulas como animales.

O, porque su gobierno hace nugatorio el derecho de asilo a migrantes centroamericanos, o su presidente, incompetente y peligrosamente desquiciado y pendenciero, baja la cortina del gobierno durante semanas.

Romero Hicks ya había usado aquella ingeniosa expresión el 29 de octubre, cuando arremetió con bizarría digna de mejor causa contra la cancelación del proyecto de nuevo aeropuerto en Texcoco.

La repitió el pasado lunes, ante la Permanente, en la comparecencia de Rocío Nahle, Octavio Romero, Santiago Nieto y Ricardo Sheffield, para atacar la estrategia de combate al robo de combustibles de Pemex.

Sostuvo que tal estrategia y el consecuente desabasto de gasolina, se pueden definir con nueve letras: “ineptitud”, por parte de “una dictadura de ocurrencias”.

Imposible negar que, en algunos casos, el jocoso dicho del jefe de diputados panistas es atinado, porque las acciones gubernamentales en efecto parecen inspiradas por un pensamiento chispeante y repentino, de bote pronto, sin reparar en consecuencias.

Tal impresión causa el draconiano ajuste de plazas, sueldos, horarios y prestaciones de la burocracia, no la de cuello blanco ni la sindicalizada, sino la de nivel medio, duramente afectada y aun amenazada con despidos.

En el tema específico del robo de combustibles, que generó caos y, con razón, enojo de consumidores en una docena de entidades, los resultados y la descomunal magnitud del problema están a la vista para su ponderación por la opinión pública.

Desafiante, la delincuencia ha llegado al extremo de amenazar de manera directa al Jefe del Estado, en la tierra de Romero Hicks, gobernada por el PAN ¡desde hace 28 años!

En Guanajuato, el huachicoleo creció hasta disputarse el primer lugar nacional con Hidalgo y Puebla, sin que los políticos, más precisamente los sedicentes representantes populares —Romero Hicks entre éstos—, se percataran de este pudridero.

Lo dicho: es injusto, y peor aún, una aberración, criticar con severidad al gobierno recién llegado por problemas de vieja data.

Injusto no sólo por la obvia novatez, a final de cuentas nadie nace sabiendo y todas las administraciones han tenido que pasar por un proceso de aprendizaje, sino porque se intenta atender problemas frente a los cuales otros fueron omisos, si no es que cómplices.

Las ocurrencias, por lo demás, han sido desde hace varios sexenios signo distintivo de nuestros gobiernos. Rasgo frente al cual Romero Hicks se mostró singularmente desprevenido. ¿De dónde ahora tan quisquilloso?

En carácter de presidente de la comisión de Educación del Senado, el panista respaldó con determinación la reforma educativa, de la cual supimos por voz de Aurelio Nuño que fue impulsada a punta de propaganda. Con un presupuesto que creció 2 mil 280 por ciento, de 70 millones ¡a 1963 millones de pesos!

No le va bien hablar de ocurrencias gubernamentales a alguien que como alto funcionario público no dijo ni mu ante la ocurrencia mayúscula de la guerra contra el narcotráfico, declarada por su jefe y correligionario Felipe Calderón Hinojosa, apenas once días después de haber llegado —“haiga sido como haiga sido”— a La silla.

Por el bien de todos conviene no olvidar que esta guerra --ahora voluntariosa y ocurrentemente declarada extinta-- fue un inútil varazo al avispero de la criminalidad que nos tiene donde estamos, con el país convertido en un inmenso cementerio y una delincuencia diversificada, organizada, temible y poderosa.

Al escuchar al legislador panista sintetizar en una frase el sentir de las oposiciones ante el gobierno de 62 días, uno intenta recordar si como gobernador de Guanajuato él tuvo alguna expresión crítica frente a la gestión —ocurrente en más de un sentido— de su paisano y correligionario Vicente Fox.

¿Cuáles ocurrencias? De la gansada de solucionar en 15 minutos el conflicto con el EZLN al gabinetazo patito, el vergonzoso ‘comes y te vas’, que le valió al de las botas ser chamaqueado y exhibido por Fidel Castro, o los prejuicios racistas sobre empleos “que ni los negros realizan”, y los papanatas quejumbrosos porque “nos vieron cara de chinos”.

Más: los infructuosos pleitos con Hugo Chávez, la pantomima de una caída del caballo para sacarle el cuerpo a presiones gringas, y ese insondable pozo de corrupción que fue la biblioteca Vasconcelos, cerrada a los diez meses por escandalosas deficiencias de construcción.

Y mayor ocurrencia aún, el suponer que ejidatarios despojados de sus tierras —tres pesos el metro cuadrado— se resignarían a perderlas en aras de un proyecto aeroportuario.

Para no hablar, ¡el colmo de la imprudente ocurrencia!, del desafuero que propulsó hasta la Presidencia de la República al entonces jefe de gobierno capitalino, de quien el zafio y lengüilargo ex Presidente ahora reprueba su “oscurantismo rampante”, y a quien tilda de “provinciano despistado”. De dar náuseas.

En todo caso, ¿dónde estaban cuando se dieron estas vistosas pruebas no de novatez sino de ineptitud Romero Hicks y quienes con idéntica acritud a la suya reprueban ahora a bisoños e imprevisores?

¡Seriedad, caramba!

 

aureramos@cronica.com.mx

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