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“Cuando eres viejo, las preguntas sobre la muerte son como un caleidoscopio”

LIBRO.“Aunque se le ignore, tiene un poder único. La poesía es la emperatriz de los géneros literarios”

“Cuando eres viejo, las preguntas sobre  la muerte son como un caleidoscopio” | La Crónica de Hoy

Los autores frente al momento de su muerte, ése instante es el que recrea Myriam Moscona (Ciudad de México, 1955) en su reciente poemario La muerte de la lengua inglesa. En la obra coeditada por Almadía y la UNAM, aparece el novelista Ernest Hemingway con la escopeta puesta entre ceja y ceja, la poeta Elizabeth Bishop discutiendo antes de un derrame cerebral y el cuentista Edgar Allan Poe sin disfrutar una botella más de licor.

“No sabía que estaba escribiendo una colección sobre poetas y narradores de lengua inglesa, tenía muy claro que quería escribir de la muerte, me he asomado a ese tema desde mi primer libro, pero conforme uno se va haciendo mayor, las preguntas sobre la muerte son como un caleidoscopio que cambian su posición”, expresa.

En 30 poemas y uno fragmentado en seis partes, Moscona narra la muerte de autores ingleses a partir de su biografía.

“Hablar de la muerte es hablar de la vida, tal vez porque vengo de una tradición judía donde cuando alguien muere, durante siete días, el duelo es un balance de quién fue, qué hizo y qué dejó. Esa también fue mi intención: trenzar los hilos de un escritor que dejó obras, ¿que vivió una vida y que tuvo un momento de muerte específico”, señala.

Los poemas muestran, en su mayoría, finales trágicos como el suicidio de varios autores.

“Resultó que los escritores que acabaron en mi libro tuvieron ese destino que no es tan raro entre poetas, tampoco quiero hacer una consideración romántica de que los poetas son intensos, no es así. Muchos han muerto tranquilamente o dentro de lo que cabe, en la cama de sus casas, como Mark Twain, Emily Dickinson, William Carlos Williams”, detalla Moscona.

-¿Exploras los momentos oscuros de cada escritor?

-Alguien dijo que los grandes poetas, a veces, son hombres miserables. En ese sentido, ni la obra ni la muerte necesariamente están vinculadas y conectadas por todos los costados con esa realidad. ¿Cuántas veces hemos leído que a los escritores mejor leerlos que conocerlos?

“Por ejemplo, el poema de Anne Sexton, ella fue una poeta brillante, pero que mis versos no la protegen. Anne fue una mujer que se jalaba los pelos porque tuvo dos hijas y no hijos, maltrató a sus hijas, también fue maltratada y acabó encerrada con el monóxido que se escapa de los coches como una elección de muerte”, responde.

Myriam Moscona indica que hay datos duros de cada autor y ella sólo los recrea. “Muchas veces vuelvo a la obra, hay muchas frases en este libro que están puestas en ese afán de trenzarlo sobre obra, vida y muerte. Una escritora es esencialmente una espía, está con letras cursivas porque lo escribió Anne y me sirve de hilo conductor para avanzar en el poema que escribí”.

Otra autora que aparece en el poemario es Elizabeth Bishop (1911-1979) y los versos empiezan como una letanía: la trepamares, la niña prodigio, la huérfana de padres, la que nunca visitó a su madre en el psiquiátrico.

“Sobre Bishop cuento algo respecto a su amistad con otro poeta que también aparece en el libro: Robert Lowell, y cómo en algún momento él tomó una carta íntima entre ella dirigida a su esposa, por lo que Bishop consideró que Lowell trasgredió algo. Son como pinceladas, como si fuera un cuadro impresionista sobre su vida”, indica.

POESÍA EMPERATRIZ. Myriam Moscona incluye el poema Anatomía clínica: la lengua inglesa, en el que con adjetivos describe al idioma inglés.

“Es un sólo poema y está fragmentado, atraviesa en diagonal el libro. No son adjetivos puestos al azar, de alguna manera es un guiño de algo que decía el poeta chileno Vicente Huidobro: el adjetivo cuando no da vida, mata; y es cierto, la adjetivación en la poesía debe meterse en una pesa de joyero. Me tomé esa libertad”, comenta.

La también Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2012, añade que desde niña, la segunda lengua que se aprende en México y en el mundo es el inglés.

“El imperio no ha cambiado desde que nací y supongo que no conoceré otro. Claro que hay una ironía sobre esa lengua que no morirá. Soy una amante y defensora de la diversidad de las lenguas. Tal vez por rebeldía, durante muchos años me sacudí el inglés pero es una lengua fascinante. Los poetas de lengua inglesa han sido cercanos a mí, a mi generación y a las generaciones más jóvenes”, señala.

-Hoy, ¿la poesía muere?

-Aunque se le ignore, tiene un poder único. La poesía es la emperatriz de los géneros literarios, tiene una relación con el lenguaje que no tienen otros géneros aunque todos están hechos con el lenguaje. En la poesía eso es lo que importa y muchas veces, como decía Juan Gelman, para salvar al lenguaje hay que arrojarlo al fuego.

 

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