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Cuando la muerte se aproxima, de Arnoldo Kraus

Cuando la muerte se aproxima, de Arnoldo Kraus | La Crónica de Hoy

Foto: Especial

PRIMERA PARTE

 

Los textos siguientes lidian con temas vinculados con la muerte y la enfermedad. Los límites de la vida y la medicina son mirados bajo la lupa de la libertad y analizados gracias a ideas proporcionadas por la ética laica. Eutanasia, tecnología, suicidio, autonomía, dignidad, enfermedad y medicina conforman el esqueleto de esta primera parte. Fomentar la discusión sobre las bonanzas y las lacras de la tecnología médica y repasar algunas de las amenazas que menoscaban el ejercicio de la medicina contemporánea, es el propósito fundamental.

Si los vínculos entre enfermo, enfermedad, doctores y tecnología médica siempre han sido importantes, ahora, ante el avance de la ciencia médica, la voz del enfermo se torna imprescindible.

SUICIDIO: NOTAS Y ALEGATOS

Nueve ideas entresacadas de una miríada de reflexiones acerca del suicidio. Nueve notas alejadas de todo maniqueísmo: como preámbulo, como pretexto, como muestra de los complicados intríngulis de una discusión sin final. Nueve alegatos para aseverar que en relación al suicido no es posible ni tampoco es necesario concordar en cuanto a la validez o no del acto. En cambio, lo que sí es prudente es discutir, arropados por la tolerancia que permite las discrepancias y cobijados por la razón que acepta el disenso. No podría de ser de otra forma. La historia de la humanidad es la historia de la suma de las discrepancias en torno a la razón y a la sinrazón y de disensos como sustrato de intolerancia o de tolerancia.

1. “Mi padre se quitó la vida un viernes por la tarde. Tenía 33 años. El cuarto viernes del mes próximo yo tendré la misma edad.”

Así empieza la novela Los suicidas, de Antonio Di ­Benedetto, publicada en 1999.

2. “El suicidio es un hecho que forma parte de la naturaleza humana. A pesar de lo mucho que se ha dicho y hecho acerca de él en el pasado, cada uno debe enfrentarse a él desde el principio y en cada época debe repensarlo.”

Eso escribió Johann Wolfgang von Goethe, quien vivió entre 1749 y 1832.

3. Aristóteles no estaba de acuerdo con el suicidio. En la ­Ética a Nicomaco dedicó algunas páginas al tema. Pensaba que el suicida era un cobarde que huía de sus problemas; sobre todo, de la pobreza y del dolor. Quien se quita la vida actúa contra la ley, es decir, no tanto contra sí mismo sino contra la polis. Ésa era la razón por la cual los suicidas perdían algunos de sus derechos civiles.

Aristóteles vivió entre 384 a.C. y 322 a.C.

4. En la antigüedad, tanto los griegos como los romanos aceptaban que los hombres libres tenían el derecho a suicidarse. Sin embargo —y es un sin embargo muy complicado—, no reconocían en las mujeres, los esclavos y los niños el derecho a disponer de sus vidas, ya que consideraban que el acto era un atentado contra la propiedad del amo.

5. Las religiones han gastado incontables páginas y discursos para reflexionar acerca del suicidio. La judía, como la inmensa mayoría, lo prohíbe: el cuerpo le pertenece a Dios. Queda prohibido suicidarse o contribuir al acto: quien lo haga será considerado asesino. Al suicida se le entierra cerca de las paredes del cementerio, es decir, se le castiga, se le excluye. En el hinduismo el suicido no se aprueba, aunque se acepta que las personas que tengan una preparación espiritual avanzada puedan cometer eutanasia voluntaria. Para los musulmanes la vida es sagrada porque Dios es origen y destino. La muerte sólo sucede con la autorización de Dios. Tanto el suicidio como la eutanasia quedan proscritos.

Los teólogos y filósofos cristianos no encuentran ninguna razón atenuante en favor del suicidio: es un acto personal y egoísta, pues atenta contra la voluntad y los designios de Dios. San Agustín lo resume con brillantez: “El que se mata a sí mismo es un homicida”. Es decir, el suicidio es un hecho ominoso que conlleva la misma responsabilidad que matar al prójimo. San Agustín vivió entre 354 y 430.

Las religiones siempre han cohabitado con el ser humano. Su mirada y su acercamiento hacia el suicidio nunca han variado. Siempre lo han prohibido.

6. Filósofos como Kant se oponen al suicidio por razones morales. Su manifiesto en favor de la dignidad del ser humano es el core de su argumento: la dignidad suprema de la persona representa un fin en sí y es fuente y razón de sus actos morales. De acuerdo a ese principio, el suicidio atenta contra la dignidad del ser humano; Kant agrega que los individuos están obligados a preservar sus vidas.

Kant vivió entre 1724 y 1804.

7. Otro gran pensador, que difiere de Kant ya que aprueba el suicidio, fue Montesquieu. En las Cartas Persas, Usbek, quien habla en voz del autor, le escribe a Ibben para comentarle acerca de las “furiosas leyes” que prevalecen en Europa contra los suicidas, a quienes se les hace “sufrir una segunda muerte” negándoles sus derechos y confiscándoles sus bienes. Escribe Usbek: “La vida me ha sido dada como un favor; puedo, por tanto, devolverla cuando ya no hay tal favor. La causa cesa; el efecto debe cesar también”.

El Barón de Montesquieu vivió entre 1689 y 1755.

8. Algunos suicidas dejan notas. Una paciente, a quien conocí años atrás, y que nunca logró salir de un cuadro depresivo, antes de colgarse en la escalera de su casa dejó el mensaje siguiente:

Una noche más,

una mañana más,

un día más.

Ya no puedo.

Tenía 55 años cuando se suicidó. Los últimos 20 años convivió con su depresión. Visitó a muchos psiquiatras y médicos. Fue imposible ayudarla.

Virginia Woolf, la notable novelista británica, antes de sumergirse en el río Ouse, cargada de piedras en su abrigo, dejó a su marido la siguiente carta:

Muy querido:

Estoy segura de que pronto sufriré otro episodio de locura. Siento que no podemos sortear nuevamente esos tiempos tan difíciles. Esta vez no me recuperaré. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Por lo tanto, haré lo que parece ser lo más apropiado... No pienso que dos personas podrían ser más felices de lo que nosotros hemos sido.

Woolf escribió la carta en 1941. Había tenido tres depresiones muy profundas. Al empezar un nuevo cuadro depresivo consideró que no tenía la fuerza suficiente para afrontarlo. Cuando se suicidó tenía 59 años.

9. Dentro de los seis principios fundamentales de la ética médica destaca el de la autonomía. La autonomía se refiere a la libertad del individuo para ejercer alguna acción de acuerdo a su forma de pensar. H. Tristram Engelhardt acuñó el término “principio de autoridad moral” en vez de autonomía, idea que sostiene que la autonomía debe estar apoyada en bases morales.

La autonomía tiene dos componentes. El primero implica la capacidad para deliberar y reflexionar acerca de determinada acción y distinguir entre las diferentes alternativas que existen antes de llevarla a cabo. El segundo sugiere que el sujeto debe tener la capacidad de ejercer la acción.

 

► Fragmento tomado del libro Cuando la muerte se aproxima.

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