Opinión


Cuando veas las barbas de tu vecino cortar…

 Cuando veas las barbas de tu vecino cortar…  | La Crónica de Hoy

Las cosas sonaban muy bien. Se hablaba de un sistema muy novedoso para hacer frente al tema del ahorro para el retiro de los trabajadores. Chile avanzaba en ese aspecto con pasos firmes y decididos hacia un esquema que, supuestamente, permitiría el retiro de los trabajadores accediendo a un ingreso digno.

Yo no tenía mayor conocimiento de lo relacionado con los sistemas de pensiones, salvo por las presiones que experimenté como parte del equipo financiero del Estado de México en el gobierno de Alfredo del Mazo González, derivadas de la obligación de cubrir con recursos presupuestales, cada día más gravosos, las pensiones de miles de trabajadores retirados del gobierno del estado. Por otra parte, como agente de seguros que había sido en mis primeras experiencias profesionales, había conocido el tema de los seguros de vida llamados “dotales”, los cuales permitían que el asegurado, al sobrevivir por un período razonablemente largo, retirara la suma asegurada al vencimiento. Un esquema que sonaba interesante, mientras no apareció el fenómeno inflacionario que eliminó de tajo las virtudes de este tipo de póliza.

Ya como integrante del gobierno federal, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, a cargo de la presidencia de la Comisión Nacional de Valores, fui incluido en el equipo que estudió lo relacionado con una posible reforma al sistema de pensiones, similar a la que se llevaba a cabo en Chile, país que visitamos en varias ocasiones con fines didácticos. Resultaba imperativo hacer algo, antes de que la realidad nos alcanzara. Siendo una sociedad fundamentalmente joven, veíamos con gran preocupación lo que sucedía en sociedades más viejas, en donde las pensiones eran insuficientes para mantener un nivel de vida digno.

Los nuevos sistemas de pensiones buscaban en esencia que las aportaciones de patrones y trabajadores se pudieran desvincular de las inversiones de los sistemas de seguridad social, manejándolos en forma independiente a través de la constitución de algo así como grandes sociedades o fondos de inversión, los cuales a su vez invirtieran en valores con rentabilidad tal, que permitiera a quienes participaban mantener un valor real de sus ahorros, suficiente para su retiro en condiciones dignas.

Nuestro país, a la sazón empeñado en profundas reformas económicas y sociales, no tardó en poner en marcha la relacionada con su sistema de pensiones. Fue así que el país inició con un sistema totalmente diferente al que por años había operado. México, como gran parte los países de la OCDE, transitó a un modelo de pay-as-you-go (de cuentas individuales) de ahorro para el retiro. En 1997, entró en vigor la nueva Ley del Seguro Social, que cambia el sistema pensionario de Reparto del IMSS e introduce el sistema de cuentas individuales de ahorro para el retiro administradas por una AFORE. Las expectativas de la reforma eran no depender de la dinámica generacional para financiar el sistema de pensiones. El trabajador recibiría el beneficio de su ahorro y haría heredables sus recursos. Asimismo, permitía a los trabajadores la movilidad entre distintas AFORES sin perder su aportación. El sistema busca premiar la permanencia y la libre elección de AFORE y es hoy un sistema con 65.3 millones de cuentas.

Pero 2021 será el año en que se pensionará la primera generación de trabajadores que únicamente han ahorrado a través de la AFORE, es decir quienes comenzaron a cotizar a la seguridad social a partir del 1 de julio de 1997. Esta generación representa unos 90 mil mexicanos de 65 años de edad, según datos de la Comisión Nacional de Ahorro para el Retiro (Consar). Y tan sólo 13% de esta generación podrá cumplir las mil 250 semanas de cotización exigidas por la ley de 1997, que equivalen a 24 años en el sector formal de la economía.

Al parecer, las cosas no resultaron lo buenas que parecían. La mayoría de los empleados sólo llegan a cotizar 40% del tiempo que trabajan, según Consar. Así, el monto que recibirán será insuficiente para sus gastos después de los 65 años. Sólo recibirán una pensión mínima garantizada de dos salarios mínimos, más el ahorro de una contribución obligatoria de 6.5% de su salario. En el mejor de los casos, el ahorro para el retiro puede representar un ingreso mensual de 23% de su último salario, uno de los más bajos de los países de la OCDE si se compara con el casi 90% del salario de una pensión en Turquía, Italia o Portugal.

Esta situación se agrava para los trabajadores independientes. La OCDE, en su publicación Pensions at a Glance 2019, señala que en los países donde los trabajadores independientes no están obligados a contribuir a los planes de pensiones, la pensión relativa se encuentra entre las más bajas de la organización. La pensión de los trabajadores independientes es apenas de 21% del salario en México, seguida del 33% en Japón. Asimismo, existe una brecha de género en las pensiones, donde las mujeres reciben 25% menos recursos que los hombres cuando se retiran.

Chile, como México, adoptó un sistema de contribuciones individuales; sin embargo, hoy, las protestas en este país incluyen destacadamente este tema, buscando elevar la pensión de su sistema de ahorro para el retiro. Como en México, la pensión comprende un ahorro voluntario y un subsidio público. Sin embargo, 80% de los jubilados chilenos recibe una pensión inferior al salario mínimo. Las protestas han derivado en un aumento al subsidio estatal en lo que el presidente Sebastián Piñera ha llamado “Nueva Agenda Social”, pero el incremento ha sido percibido como insuficiente y como una medida de corto plazo. De igual manera, el plan para unificar los diferentes sistemas de pensión públicos y reducir el costo financiero en Francia ha despertado protestas porque también incluye un aumento en las horas necesarias para cumplir los requisitos de una pensión completa.

Una de las soluciones planteadas por la OCDE y Consar consiste en incrementar la aportación obligatoria de los trabajadores de 6.5% a niveles entre 13% y 15%. Esto significa una tasa aún baja respecto a la contribución obligatoria promedio para la OCDE de 18.4%. Asimismo, la Organización propone un mejor financiamiento del periodo de transición al retiro, una reevaluación de las finanzas con las nuevas tendencias en cambios poblacionales y permitir más opciones de inversión para las AFORE. Quizás eso, aunado a un sistema más equitativo para trabajadores independientes y mujeres, sea la solución. No lo sé. Pero si no lo es, más vale que encontremos alguna otra efectiva, so pena de vernos muy pronto sumidos también en una protesta social: Cuando veas las barbas de tu ­vecino cortar…

 

 

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