Opinión


Culiacán, una semana después

 Culiacán, una semana después | La Crónica de Hoy

Vivimos tiempos de asombro. En la llamada “la batalla de Culiacán”, ocurrida el jueves 17 de octubre, hay por los menos tres hechos sorprendentes: 1) Para presionar al gobierno mexicano, con el propósito de que liberara a Ovidio Guzmán López (El Ratón), hijo de el Chapo Guzmán, el Cártel de Sinaloa mostró una capacidad de juego que no le conocíamos. Se calcula que movilizó a 700 hombres con armas de alto poder. Entre su arsenal pudieron verse ametralladoras Browning M2 calibre .50, un rifle Barret .50 (capaz de derribar helicópteros), una gran cantidad de fusiles de asalto AR-15, AK-47 y armas cortas 9mm.

En un santiamén los pistoleros de esa organización criminal bloquearon 19 puntos de la ciudad y sostuvieron 14 enfrentamientos con soldados del Ejército mexicano.  Incendiaron autos, camionetas, camiones que sirvieron para interrumpir la circulación en calles y avenidas, además secuestraron pipas de gasolina que amenazaron con hacer estallar si las autoridades no soltaban a Ovidio. Incluso, se habla de que otro hijo de el Chapo, Iván Archivaldo, también fue capturado e, igualmente, tuvo que ser dejado en libertad ante la acometida de los facinerosos (Bloomberg-El Financiero, 23/X/2019). Los enfrentamientos fueron particularmente intensos en el barrio de Tres Ríos. El Secretario de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Cresencio Sandoval, reconoció que gente armada llegó hasta la unidad habitacional de militares, abrieron fuego contra los inmuebles, secuestraron a un soldado y a un guardia privado. El General Secretario agregó que, en la caseta de Costa Rica, otros cinco militares fueron retenidos por delincuentes, pero posteriormente fueron dejados en libertad. Habría que agregar que todos los accesos a Culiacán fueron cerrados por los hombres del cártel; ellos controlaban quién entraba y quién salía. Daban paso libre a refuerzos que venían a apoyar a los delincuentes, y a frenar la posible llegada de batallones del Ejército.

En medio del caos hubo un amotinamiento en el penal de Aguaruto del que se escaparon 55 reos.

Hay que resaltar que el tiroteo comenzó alrededor de las tres de la tarde y duró horas. Muchas personas alcanzaron a refugiarse en sus casas, otras en restaurantes o en donde pudieron. Tiendas como Wall-Mart, generosamente, mantuvieron sus puertas abiertas para que, quienes así lo desearan, se resguardaran allí.

Dicho en pocas palabras: Culiacán no fue “sitiada” como han afirmada erróneamente algunos analistas. La capital de Sinaloa fue, literalmente, tomada por una banda de rufianes que creíamos en franca descomposición, luego de que su principal líder, Joaquín Guzmán Loera, fue capturado y extraditado a Estados Unidos. Eso había provocado la escisión y pleitos internos entre las cabezas del grupo criminal. Nos equivocamos: el embate armado que doblegó a las autoridades federales muestra que Ismael el Mayo Zambada y los hijos de el Chapo (aparte de Ovidio e Iván Archivaldo, están Jesús Alfredo y Édgar) hicieron las paces. Fueron capaces de establecer una verdadera y propia “guerra campal” contra las fuerzas del orden para, finalmente, doblegarlas.

2) Aún no hay una versión oficial de lo que sucedió: algunos dijeron que un convoy compuesto por 30 oficiales de la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa Nacional hacía un rondín de vigilancia cuando de una casa les dispararon. Los soldados respondieron y detuvieron a los agresores entre los cuales se encontraba Ovidio, quien fue detenido. Otros dicen que los militares sitiaron el domicilio donde sabían se encontraba ese delincuente; pero la orden de detención y cateo tardó en llegar por lo que al Ratón le dio tiempo de avisar que se encontraba en problemas y, si no hacían algo sus compinches, pronto sería capturado.

Sea que se tratase de un encuentro fortuito, sea que fuese un operativo planeado, lo que sorprende es la confusión y lentitud con la que actuaron las instancias encargadas de la seguridad nacional frente a lo que estaba ocurriendo en Culiacán y que duró horas. Por parte del gobierno no hubo la capacidad de reacción que sí tuvieron los líderes del cártel de Sinaloa y eso deja muy mal parados a nuestro presidente y a sus colaboradores. Eso muestra, a las claras, que no hay chirumen en la cúpula del poder.

3) El presidente Andrés Manuel López Obrador, dice que respaldó la decisión del Consejo de Seguridad de dejar en libertad a Ovidio para evitar una masacre. La pregunta es ¿por qué el gobierno de la república dejó que lo acorralara una organización criminal? ¿Acaso no previó los posibles escenarios que se podían presentar y las reacciones que una decisión de esta naturaleza podría provocar?

Osvaldo García, empleado de una tapicería en Culiacán después de saber que Ovidio había sido liberado dijo: “Esto provocará una reacción similar a la de un niño berrinchudo: los hombres del cártel lanzarán más ataques violentos a partir de ahora cada vez que no tengan lo que quieren.” (Paulina Villegas, “After Soldiers Surrender El Chapo’s Son”, The New York Times, “1/X/2019)

Como dice Maquiavelo (a quien a AMLO le gusta citar) en El Príncipe, “Quien deja que los problemas corran y no los resuelve actúa para su propia desventaja.”

 

 

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