Opinión


Cultura de la prevención ante el cáncer de mama: enseñanza de vida para una educación en salud pública

Cultura de la prevención ante el cáncer de mama: enseñanza de vida para una educación en salud pública | La Crónica de Hoy

Es 19 de octubre, Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer de Mama, y viene a mi mente aquello que una vez salió del corazón y la razón de la titánica Rita Guerrero, como ella misma lo cantaba: “…Qué importa la muerte si la vida no es vida, Qué importa la vida si la muerte es la vida…”

A los 46 años murió por esta temida y silente enfermedad. Aunado a otros decesos y ante la posibilidad del hecho de que esto pueda sucederle a alguno de nuestros familiares, amistades o conocidas, debemos de recuperar el aprendizaje significativo que este acontecimiento doloroso trajo consigo: la necesidad, pertinencia y aspiración de generar, fomentar y promover una cultura de la prevención y de control de este tipo de cáncer, tanto en mujeres como en hombres, pero sobre todo entre las juventudes, puesto que aunque mínimo es el aumento de casos y decesos que se han presentado en este sector de la población, debemos evitar que se comience a perfilar como un problema de salud pública.

Las cifras presentadas por la OMS hacen que el cáncer de mama sea considerado predominante, con un porcentaje del 16%, ante otros cánceres femeninos, estimándose que en 2004 murieron 519 mil mujeres. Aunque este padecimiento está considerado como un problema de salud a nivel mundial, es en los países en desarrollo donde se presenta la mayoría de las defunciones.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer en 2014 que la principal causa de morbilidad y la segunda causa de mortalidad en mujeres de 20 años y más se debía a este tipo de cáncer. La Secretaría de Salud indicó que el rango de edad en mujeres se amplió, pasando de 45 a 60 años de edad, al de 14 años y más. Por su parte la Unidad de Epidemiología del Instituto Nacional de Cancerología señala que las proyecciones de mortalidad para el 2020 muestran que las muertes por cáncer de mama superarán 11 casos por 100 mil habitantes, fundamentalmente en los estados del norte y la Ciudad de México. 

No obstante lo anterior, la propia OMS estima que esta tendencia podría reducirse, toda vez que este tipo de cáncer puede retardarse e incluso prevenirse en un 30 y 50%, siendo importante generar hábitos saludables, diagnósticos y tratamientos oportunos para su control, es decir, mediante una Cultura de la Prevención, lo que en México resulta sumamente necesario, ya que de acuerdo al Sistema de Información Social en Salud, aproximadamente el 75% de los casos en el país, las personas acudieron y fueron diagnosticadas en etapas avanzadas de la enfermedad.

Hasta hoy, gran parte de la responsabilidad en la lucha contra el cáncer de mama recae en los sistemas de salud pública; sin embargo, la reflexión, conciencia y acción inicia en una cultura preventiva responsable que debe estar estrechamente vinculada a los hábitos saludables de cada mujer, y hombre —ya que, aunque en menor porcentaje, el cáncer de mama también afecta a los varones—. Al respecto, la autoexploración es uno de los pilares para lograr grandes avances en la lucha contra este problema de salud pública; derivado de ello, se sabe, que la detección oportuna del cáncer de mama es determinante para una curación exitosa. En la medida en que estos hábitos estén presentes en hombres y mujeres jóvenes, habrá mejores avances en el gran reto que enfrentan las instituciones de salud: que predomine la medicina preventiva sobre la curativa.

Cuando hablamos de una cultura de la prevención ante el cáncer de mama, esencialmente estamos hablando de una serie de acciones educativas coordinadas interinstitucional e interdisciplinariamente, de corresponsabilidad entre la sociedad civil organizada y los diferentes niveles de gobierno, para crear conciencia entre la población sobre la importancia de adquirir nuevas competencias, conductas y actitudes positivas y de respeto hacia la vida, hacia el entorno y hacia las generaciones futuras para cambiar situaciones amenazantes hacia la salud personal y colectiva.

Hablar de una cultura de la prevención ante el cáncer de mama es fortalecer la atención universal e integral (bio-psico-social) de las juventudes que viven en situación de riesgo de desarrollar este padecimiento, a través de políticas públicas y educativas que nos permitan comprender las causas y efectos de esta enfermedad, así como el de valorar la salud, el bienestar y la calidad de vida de este sector de la población y sus familias.

Al hablar de esta cultura de la prevención ante el cáncer de mama debemos visualizar el diseño e implementación de una serie de acciones dirigidas a la revisión, enriquecimiento o generación de programas y campañas informativas, de sensibilización, prevención y atención oportuna que incluyan entre sus acciones tradicionales (servicios de mastografía; técnicas de autoexploración; consultas ginecológicas y pláticas nutricionales) la impartición de temas sobre carcinogénesis, incluyendo, además de las condiciones de riesgo, la predisposición y componente genético, y, por ende, el manejo adecuado de la emociones, sin mitos y creencia erróneas sobre los orígenes, avance y tratamiento del cáncer.

Pero sobre todo, debemos considerar seriamente la viabilidad de integrar al currículo de educación básica, media superior y superior (en cualquiera de sus modalidades), temas de salud pública que permitan el estudio sistemático y la investigación inter, intra, multi y transdisciplinaria de la complejidad que guarda la salud y la enfermedad en las poblaciones, realizando estudios de intervención para promover y fomentar formas de vida saludable y lograr una mejor calidad de vida, feliz en cada persona joven que pueda contribuir en su tiempo y en su espacio a la edificación de futuros posibles, sin la sombría amenaza de una enfermedad que puede resultar ya previsible y tratable.

 

Twitter: @UlisesLaraCDMX

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