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David Attenborough, el testigo más grande sobre el deterioro climático

Coordenada Crónica. A propósito del Día Mundial del Medio Ambiente revisamos la historia del naturalista más importante de nuestro tiempo

David Attenborough, el testigo más grande sobre el deterioro climático  | La Crónica de Hoy

Foto: (BBC América) Su más reciente documental es Una vida en nuestro planeta que estrenó en Netflix, sobre su historia.

 “No se puede proteger algo que no nos preocupa y nadie puede preocuparse por algo que nunca ha experimentado”, ha dicho mil veces David Attenborough, el hombre que ha trabajado hasta al cansancio por mostrarnos el paraíso y hacernos despertar. Con recién cumplidos 95 años, ha llegado a una conclusión clara y dolorosa para el ego de la humanidad.

“Todos nuestros problemas ambientales serían más fáciles de resolver con menos personas, y más difíciles –y en última instancia, imposibles– de resolver, con cada vez más personas”, dijo el padrino de la televisión de historia natural, sobre la crisis más grande de nuestro tiempo a la que algunos científicos han llamado como la sexta extinción masiva.

Ganador del premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2009, David Attenborough es una figura clave de la BBC, la prestigiosa televisión pública británica, creador de las series de documentales sobre la vida en la Tierra más populares de la historia. Nadie ha viajado más que él: Más de 15 especies animales y vegetales han sido bautizadas en su honor con su nombre, entre ellas una enorme planta carnívora, una mariposa, un lagarto de Namibia, una rana peruana, un murciélago y un escarabajo. 

Es el hombre más viejo que ha estado en el Polo Norte, se ha juntado con Brian May, de Queen, y Slash, de Guns N' Roses para defender a los tejones; está considerado un tesoro nacional en su país, Gran Bretaña, y uno de los 100 británicos más relevantes de todos los tiempos. Pero sobre todo es un pilar en la conciencia planetaria por su defensa de los seres vivos y el medio ambiente.

El origen de su amor por la naturaleza

Nació el 8 de mayo de 1926, el mismo día que la reina Isabel II de Inglaterra. Pasó su infancia coleccionando fósiles y otros especímenes naturales, lo que ya en esa época le valió el reconocimiento y los ánimos de una conocida arqueóloga y escritora británica, Jacquetta Hawkes, cuando tan sólo tenía siete años.

Es sabido que eran tres hermanos. El mayor el famoso cineasta Richard Attenborough (famoso, entre otras producciones, por Parque Jurásico y quien murió en 2014), y el pequeño John, dedicado al mundo del motor (fallecido en 2012). Pero David siempre relacionado con la fauna, incluso a los 11 años vendía tritones al departamento de Zoología de la Universidad de Leicester ,de la que era director su padre; en realidad los capturaba en un pozo a menos de cinco metros de la puerta del departamento. Sus padres adoptaron en 1939 a dos niñas refugiadas judías, huidas de Alemania, Helga e Irene Bejach, que fueron como dos hermanas más (ambas han fallecido ya).

Fue decisivo en su inclinación hacia la naturaleza (y entonces en su deseo de salvar a los castores) haber escuchado una charla del discutido activista Grey Owl. Curiosamente una de las épocas de su vida en que menos se movió fue durante su servicio en la Royal Navy, pues se la pasó estático en un puerto en Gales.

El camino del trovador de la historia natural

En la década de los 50 inició sus expediciones y se convirtió en un revolucionario trovador de la historia natural. Justo en 1950 solicitó un puesto como productor de programas de radio en la BBC. En un principio fue rechazado, pero Mary Adams, jefa de producción de la cadena, vio el potencial del naturalista, que había estado trabajando para una editorial dedicada a publicar libros de ciencias para niños. 

La relación de Attenborough con los programas de naturaleza comenzó cuando produjo y presentó una serie documental en tres capítulos llamada Animal Patterns. A través de este programa, Attenborough conoció a Jack Lester, responsable del zoológico de Londres, y ambos decidieron realizar una serie que mostró con grabaciones de animales exóticos o poco conocidos. El resultado de esa colaboración fue Zoo Quest, que se emitió por primera vez en 1954. 

Una de sus aventuras más famosas fue la de ir en 1956 a filmar y capturar un dragón de Komodo, los lagartos más grandes del mundo, que no habían salido nunca por televisión. En su currículum también está que supervisó en 1965 para la BBC2 las primeras retransmisiones en color, tres semanas antes que la televisión alemana y cuatro años después, en 1969, fue el ejecutivo que encargó a los Monty Phyton programa Flying Circus

Tras renunciar al cargo de director de programas, Attenborough presentó en 1973 la serie Eastwards with Attenborough. En ella, el naturalista estudiaba en profundidad la historia natural, la flora y la fauna de diferentes partes del Sudeste Asiático, Indonesia y otros lugares. Poco después, Attenborough trabajó en los guiones de la mítica serie Life on Earth. Debido a lo ambicioso del proyecto, la BBC decidió asociarse con la cadena Warner Bros y con Reiner Moritz Productions para asegurarse la financiación necesaria para llevarla a cabo. 

También Attenborough trabajó en The Tribal Eye, una serie de programas sobre diferentes tribus del mundo en la que el naturalista hacía evidente al público que muchos habitantes de la Tierra vivían tan aislados que jamás habían tenido contacto con occidentales. A raíz de ese trabajo, Attenboroug declaró en el programa A blank on the Map: “No son las diferencias entre nosotros lo importante. Son las semejanzas”.

“Hay mucho más significado y entendimiento mutuo en el intercambio de miradas con un gorila que con cualquier otro animal que conozca. Su mirada, su oído, su sentido del olfato, todo es muy similar al nuestro y ven al mundo de la misma manera que nosotros”, enfatizó en el programa.

A Life on Earth le siguieron otras series importantes como: The Living planet (1984), The Trials of Life (1990), Life in the Freezer (1993) y The Private Life of Plants (1995). En 1997, y para conmemorar los cuarenta años del Departamento de Naturaleza de la BBC, Attenborough presentó la serie de documentales Wildlife Specials. También destacan: The Life of Birds (1998), State of the Planet (2000), The Blue Planet (2001), The Life of Mammals (2002), Life in the Undergrowth (2005), Planet Earth (2006) y Life in Cold Blood (2008), una serie de reportajes dedicados a los reptiles y los anfibios. 

Un día, una de sus hermanas adoptivas le regaló un fragmento de ámbar que contenía algunos insectos fosilizados en su interior, algo que lo fascinó. Muchos años después, en 2004, esa roca de ámbar sería la protagonista de un documental titulado The Amber Time Machine, que formaría parte de la serie de siete documentales Attenborough in Paradise and Other Personal Voyages.

El naturalista y presentador también recuerda que solo se podía arribar a Bali por mar y en todo el tiempo que estuvieron allí solo vieron a otro occidental. O que las remotas y salvajes sabanas de Rupununi en la entonces Guayana británica donde trataron de ver y atrapar un oso hormiguero gigante, en la actualidad tienen un servicio aéreo regular y están muy bien comunicadas con la costa.

También ha pasado la noche en vela por culpa de un insidioso murciélago, agarró por el pescuezo una pitón de cuatro metros, persiguió armadillos en Paraguay, conoció en Tonga a la vetusta tortuga Tui Malila, tenida por un regalo de Cook en 1773, y asistió a un pueblo de Madagascar a una ceremonia de propiciación de los cocodrilos. Es obvio que Attenborough ha conocido el mundo.

El reproche de su vida

Sin embargo han habido dramas en la vida de David: una sobrina y una sobrina-nieta (hija y nieta respectivamente de Richard) murieron en el tsunami en el sureste asiático de 2004. La propia mujer del naturalista y presentador, Jane Oriel, con la que se casó en 1950 y con la que pasó 47 años y tuvieron dos hijos, Robert y Susan, sufrió una hemorragia cerebral en la cocina de su casa en 1997 y quedó en coma mientras él estaba filmando en Australia: llegó justo a tiempo para estar a su lado cuando murió. Para David ella era el “ancla” y el foco de su vida, y su muerte ha sido el golpe más duro que ha sufrido.

David Attenborough confesó que pese a lo sensacional de su carrera, su vida y sus viajes, el gran reproche que se hace a sí mismo es no haber visto crecer a sus hijos. Reconoce que el haber pasado tanto tiempo fuera de casa, a veces tres meses seguidos, le hizo perderse cosas irremplazables del crecimiento de los niños. Su mejor momento en la naturaleza, dice, fue la primera vez que se sumergió entre corales con equipo de respiración. Si hay un solo animal que nunca ha podido soportar son las ratas, a las que detesta.

El último grito por hacernos despertar

“Yo soy David Attenborough, tengo 93 años y esta es mi declaración como testigo”. Con esta frase empieza el documental Una vida en nuestro planeta, un icónico filme que estrenó en Netflix en el 2020, en el que se muestra un largo viaje a lo largo de su trayectoria profesional en la que ha sido testigo de la “retirada del mundo natural y el avance implacable de la especie humana”. “Ha llegado el momento de contarlo”, explica ante un tribunal imaginario.

El naturalista británico sostiene que “la cuestión no es ya salvar el planeta, sino salvarnos nosotros”. Attenborough afirma que el gran problema no es sólo la crisis climática que estamos viviendo, sino la dramática pérdida de la biodiversidad causada por la destrucción de los ecosistemas. En el documental se ven imágenes de orangutanes, que hace años se balanceaban de rama en rama por la selva tropical de Borneo; pocos años después, un solo orangután intenta trepar por el tronco de un árbol sin ramas. “Nuestro futuro no cambiará si no cambiamos nuestra relación con los animales”, afirmó.

“La humanidad se encuentra en una encrucijada, el mundo natural está seriamente amenazado y las consecuencias pueden ser apocalípticas”, advierte Attenborough, que, sin embargo, dedica la última media hora de programa a dar cuenta de las soluciones que ya están aquí: desde la agricultura urbana a las energías renovables, desde las zonas de exclusión de pesca en los océanos a la drástica reducción del consumo de carne, desde los proyectos de renaturalización hasta el reaprovechamiento total de los recursos. 

“Los periódicos sólo hablan del virus (refiriéndose al COVID-19), y está bien porque todos queremos saber”, se lamenta Attenborough, que prosigue: “El problema es que el cambio climático ha desaparecido de los titulares porque se percibe como un futuro distante. La temperatura de la Tierra ha aumentado un grado desde que yo nací, y puede aumentar entre tres y cuatro grados este siglo si no cambiamos de rumbo. El cambio climático está ya aquí: los jóvenes hacen bien en recordárnoslo”, concluyó.

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