Opinión


De impresentable a apagafuegos

De impresentable a apagafuegos | La Crónica de Hoy

A  principios de agosto del 2018, Omar García Harfuch, ya retirado como jefe de Inteligencia de la Policía Federal y sabiendo que esa institución desaparecería, se imponía ante un nutrido auditorio en un aula de la Escuela Libre de Derecho para fundamentar lo que, decía, era la mejor estrategia de seguridad para la Ciudad México. Fue, se dijo, su “examen” para ocupar la Secretaría de Seguridad de la CDMX con la 4T, pero al cabo, ni él ni su plan aprobaron.

Nieto de Marcelino García Barragán, exsecretario de la Defensa Nacional justamente en 1968, hijo de Javier García Paniagua, extitular de aquella Dirección Federal de Seguridad durante la llamada “Guerra Sucia”, exmando de la PFP durante Ayotzinapa, con un perfil demasiado policíaco e investigado por autoridades de Estados Unidos, era, dijeron los cercanos a AMLO, un ser insostenible e impresentable, y aunque para entonces ya habían sostenido un par de reuniones con él, sólo se quedaron con sus diagnósticos.

Un año después de esa exhibición a puerta cerrada, que a decir de los académicos, expertos y funcionarios que asistieron exponía con cifras contundentes y casos radicales los retos de criminalidad de la Ciudad de México, conectado con las estrategias de combate de cárteles a nivel nacional y la necesidad de comunicación entre mandos civiles, policiacos, militares, federales y estatales, Omar García Harfuch, un policía, sí, experto en Inteligencia, reaparece.

Un año después, la realidad de una ciudad atrapada por la criminalidad, con cifras crecientes en casi todas las vertientes y con la permanente amenaza de crímenes cada vez más sofisticados, incluso terrorismo, terminó por imponer la realidad, la razón de la estrategia de Inteligencia y la urgencia del lenguaje promilitar.

El controvertido abogado de 37 años de edad que ha tenido un crecimiento maratónico en los ámbitos policiacos, llega para reemplazar a un apabullado Jesús Orta, ex jefe de Seguridad Pública que durante 17 años fungió como asesor financiero y consultor económico, pero apoyado por el equipo de Marcelo Ebrard de quien fue su Oficial Mayor en esa época del gobierno capitalino.

Así, diez meses después de inventar, de intentar crear lo que las cifras demostraban era un camino equivocado, la jefa de Gobierno Claudia Sheimbaum patentizó lo que se sabía desde hace semanas, desde la primera marcha de mujeres en la capital mexicana donde el desastre mediático contra ellas fue mucho más grande que el físico, en la arquitectura e inmuebles de la ciudad.

Pero el paso del exsecretario Orta, cuya imagen con el cabello pintado de rosa será parte de la memoralia capitalina, deja un 5.9 por ciento más de delitos por la aplicación de un plan equivocado, en el mejor de los casos. Por la no aplicación de un plan de seguridad de corte policiaco, de inteligencia, de persecución, de cruzamiento de datos, de uso intensivo de los sistemas de seguimiento, identificación, etcétera, como el que planteó Harfuch hace más de un año, cuando creía que sería el primer secretario de Seguridad Pública de la CDMX con Claudia Sheimbaum.

El retraso costó, según confiesan las cifras del propio Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) un incremento en el total de delitos de la Ciudad de México del 5.9 por ciento, al pasar de 173 mil 939, como se encontraban en diciembre del 2018, a 184 mil 190 al momento de que Orta decidió irse “por motivos personales y sin que haya sido porque fracasaron los resultados”, defendió su jefa Claudia Shembaum.

Al parecer pocos le creyeron, pues a nivel nacional, las propias cifras oficiales reflejan que el 89.23% de los habitantes de la CDMX perciben un ambiente de inseguridad, sólo superado por los habitantes de Tabasco, imagínese Usted la tierra del Presidente, donde la gente siente inseguridad en un 92 por ciento, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) del Instituto Nacional de Geografía y Estadística. Por eso es imperdonable que sabiendo estos datos del Inegi y del propio Consejo de Seguridad Ciudadana de la capital, se haya involucrado el propio presidente López Obrador a defender en cadena nacional que las manifestaciones, las marchas y los cinturones de paz para contener contingentes de radicales violentos “fueron un éxito”, cuando la gente no lo registra así.

Los otros datos del Presidente, claro está, ameritaban la sanción a alguien, el cese de un responsable y claro, lo más delgado: Jesús Orta.

No obstante, el relevo es la oportunidad para corregir la visión sobre el plan de seguridad no sólo de la capital y la zona metropolitana que en muchas de sus áreas ha pasado de inseguridad pública a inseguridad nacional, podría ser sobre todo, el principio del reconocimiento de una nueva estrategia a nivel nacional que supere los contundentes fracasos de la actual Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, cuyos costos de errores y tropiezos han costado más muertes de ciudadanos y de militares y cuya cabeza, Alfonso Durazo, un político de años, no ha podido resolver ni siquiera la salida ordenada y tersa de policías federales.

De ahí la importancia del arribo en la Policía capitalina —una instancia que en los hechos conduce el propio Presidente—, de un hombre que al inicio de este Gobierno, cuando los votantes de la 4T suponían que no habría militares en las calles ni soldados en la Guardia Nacional, lo rechazaron por su perfil “impresentable”.

¿Es la llegada de Omar García Harfuch una vuelta de tornillo a la estrategia de seguridad concebida por el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, cuyo principal asesor en la materia, el Secretario de la Defensa Nacional, Gral. Cresencio Sandoval, requiere urgentemente de iguales o por lo menos similares para el entendimiento, la coordinación y la maduración de la Guardia Nacional?

El tiempo pasa, la violencia aumenta y la realidad impone atención efectiva, no venganzas políticas.

 

 

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