Opinión


¿Deben ser obligatorias las vacunas?

¿Deben ser obligatorias las vacunas? | La Crónica de Hoy

Jorge Alberto Álvarez Díaz*

 

La pregunta planteada es cada vez más frecuente en prensa y redes sociales, sobre todo asociada a “antivacunas”. Recientemente, a finales de diciembre, falleció la periodista norteamericana Bray Payton. Tenía 26 años. Nació el 8 de junio de 1992; era muy famosa por defender vehementemente políticas conservadoras.

Recién cumplidos los 19 años, el 13 de junio de 2011, escribió en su cuenta de Twitter «@latimes: Whooping cough: State urges more people to get vaccinated http://lat.ms/jlJcoa” // NOOO! vaccines are from the devil!» («“@latimes: Tos ferina: el Estado insta a más personas a vacunarse http://lat.ms/jlJcoa” // NOOO! ¡Las vacunas son del diablo!»).

También opinaba que los servicios de salud accesibles a toda la sociedad no constituyen un derecho humano. Falleció por influenza H1N1 complicada con una meningitis. La influenza es una enfermedad prevenible por vacunación. En Estados Unidos, a pesar de que el sistema de salud es fundamentalmente privado, existen muchos planes de salud pública (y privados) que ni siquiera piden un co-pago.

El caso citado es de una mujer adulta. ¿Qué sucede cuando ese pensamiento se aplica a menores? Resulta que la pregunta por la obligatoriedad de las vacunas puede responderse desde un punto de vista legal y desde un punto de vista ético, cuando menos. Pensando en el Derecho, es cierto que quien tiene la patria potestad respecto de menores no emancipad@s tiene derechos sobre ell@s. El Código Civil Federal en México dice que: “La patria potestad se ejerce sobre la persona y los bienes de los hijos” (Artículo 413). La Patria Potestad también confiere deberes; dice el mismo Código que: “En la relación entre ascendientes y descendientes debe imperar el respeto y la consideración mutuos, cualquiera que sea su estado, edad y condición” (Artículo 411). No hay Patria Potestad para dañar (no vacunar representa daños probables). Además, l@s menores tienen derecho a la protección de la salud. Los derechos de padres y madres deben pensar en el interés superior de l@s menores y en la autonomía progresiva de ell@s (un recién nacido no puede decidir, pero adolescentes pueden tomar decisiones que, en principio, deben respetarse). También habría que pensar en derechos sociales, de colectivos, como cuestiones de salud pública.

Desde el punto de vista ético podrían hacerse algunas reflexiones. Primero, la historia sirve para muchas cosas; hay que recordar los casos de secuelas de polio, sordera por rubéola, meningitis por Haemophilus, etc., que ya no son comunes. Segundo, lo anterior es debido a que la vacunación infantil ha demostrado ser una de las estrategias de salud pública más eficaces para controlar y prevenir enfermedades infectocontagiosas incluso, se ha conseguido erradicar la viruela del mundo gracias a la vacunación. Tercero, que hablar de “antivacunas” es hacer referencia a un grupo muy heterogéneo: es un continuo que va desde activistas antivacunas hasta quien tiene dudas razonables sobre la vacunación.

Las razones para estar en contra de las vacunas son muchas. Hay quien rechaza las vacunas por cuestiones religiosas (varios grupos cristianos desde el siglo XIX y actualmente una minoría radical ultraortodoxa holandesa). También hay padres y madres naturistas que apelan a mecanismos de inmunidad natural. Hay quienes creen que la industria farmacéutica hace un mero negocio con las vacunas. También están quienes tienen creencias erróneas contra una vacuna en particular por ejemplo, que la antisarampionosa causa autismo, o que la utilizada contra VPH sirve para esterilizar a las mujeres.

Recordando el tema de la historia, la mayoría de las complicaciones de enfermedades prevenibles por vacunación son desconocidas para padres y madres del mundo contemporáneo (la viruela se erradicó del continente americano en 1950, y se considera erradicada por la Organización Mundial de la Salud desde 1980). Por todo esto, cada vez hay un mayor cuestionamiento a la necesidad de inmunizar a menores, especialmente porque ninguna vacuna está completamente libre de efectos adversos o riesgo de complicaciones.

Aristóteles dijo que “el ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona”. Descartes consideró que “la duda es el principio de la sabiduría”. Voltaire pensaba que “la ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda”. Borges dijo que “la duda es uno de los nombres de la inteligencia”.

Así, ante la duda, hay que poner información científica razonable para intentar persuadir a padres y madres de la necesidad de la vacunación a la descendencia. Debe informarse que las vacunas están asociadas con reacciones locales, como el dolor y el eritema. El timerosal (relacionado con daño neurológico y renal) se usa actualmente sólo en vacunas contra la influenza a una dosis que no provoca efectos nocivos a la salud. La vacuna antisarampionosa (sola, o combinada contra paperas y rubéola) no causa autismo. (https://www.aafp.org/afp/2017/0615/p786.pdf)

¿Por qué intentar persuadir a padres y madres de vacunar a menores? Está claro que los beneficios de la vacunación se muestran con argumentos científicos, de salud pública, de salud individual, etc. También está claro que los perjuicios potenciales por no vacunarse pueden ser peores que las complicaciones por vacunarse  (pudiendo llegar a la muerte). Sin embargo, hay un argumento que puede manejarse distinto de como habitualmente se hace: el amor. Hay quien apela al amor hacia l@s hij@s para vacunarles y así evitarles el mal que puede acarrear la enfermedad.

Pero habría que recordar un poco a Platón, el filósofo griego quien habló del amor en diálogos como en El Banquete y el Fedro. Platón entiende que el amor tiene un carácter individual, pero, a decir de algún autor, es consciente como ningún otro filósofo del carácter social del amor. Los seres humanos tienen descendencia (procrean por amor) y de esa forma dan origen a la sociedad.

Por ello, Platón entiende que l@s hij@s también son del Estado: hay exigencias individuales en tanto que individuo, pero hay exigencias individuales en tanto que ciudadano. No se vacuna solamente para el beneficio de l@s hij@s, sino también para el beneficio de l@s hij@s de otr@s. Lo mismo se puede decir respecto de la educación: no se educa a l@s hij@s solamente para beneficio de ell@s, sino para el beneficio de la sociedad. Actos de amor para l@s hij@s y para la sociedad son vacunarles y educarles.

 

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Profesor del Departamento de Atención a la Salud de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana y Miembro del Consejo de Bioética de la Ciudad de México.

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