Opinión


¿Debería sentirme inseguro?

¿Debería sentirme inseguro? | La Crónica de Hoy

Este sábado, hacia las cinco de la tarde, asesinaron a un hombre a balazos en un restaurante de la colonia Juárez, concretamente, en la calle Londres, misma donde se ubica este periódico. Ocurrió en una fondita llamada La Noria, donde he comido alrededor de una decena de veces, porque cuenta con una comida corrida con sabor más que decente a precios razonables. Ahora cuenta también con un lugar en la extensa historia de la criminalidad de la Ciudad de México.

Al parecer dos sujetos irrumpieron en el local y dispararon directamente al hombre en la cabeza. Se dice que fue un disparo, aunque escuché que en el puesto callejero de birria que se encuentra a escasos veinte metros comentaban que oyeron tres detonaciones. Lo mismo da.

Éste es el primer suceso violento del que tengo constancia en los más de tres años que llevo no sólo trabajando sino viviendo en la colonia, lo cual me produjo una cierta impresión, pero tampoco demasiada, pues a fin de cuentas sabemos que la violencia y los asesinatos son el pan nuestro de cada día en México, y uno ya, le toque más de lejos o de cerca, se inmuniza (hasta cierto punto).

Una de las razones fundamentales por las que elegí esta colonia para vivir es que es tranquila, amable, un lugar donde uno puede pasear despreocupadamente incluso en la noche. Un lugar lleno de vida comercial, donde se puede comer rico hasta en la calle, sin que los precios sean los de Polanco ni los embotellamientos, los de Santa Fe.

Nunca me he sentido inseguro circulando por estas calles, cuando la lógica europea —yo vengo de Barcelona— indica que debería haberme sumido en una preocupación cuasi paranoica al instalarme en México. Salvo en momentos puntuales en los que las sombras en la noche obligan a activar un cierto nivel de alerta, la vida discurre con parsimonia por estos lares.

¿Lo que ocurrió ayer debería cambiar mi percepción sobre la vida en este barrio? Claramente se trató de algún tipo de ajuste de cuentas, una ejecución, por lo que no debería significar que los residentes del barrio debamos vernos expuestos a la criminalidad, salvo quien tenga vínculos con el hampa, claro está. Por un lado eso me hace pensar que no, que debo seguir sientiéndome tranquilo mientras hago mi vida aquí.

Por el otro, el crimen de ayer es indicativo de que el empeoramiento de la situación de inseguridad en la CDMX, que sufren con insistencia y brutalidad las zonas de la periferia, se puede estar extendiendo hasta zonas que por el momento habían sido pacíficas, como la Juárez, pero también Polanco, donde en el último año ha habido varios asesinatos, o la Condesa, donde hace dos meses y medio fue ejecutada una activista urbanística en su casa.

Es decir, no debería pasarme nada ahora por mucho que ocurriera ayer un asesinato en la colonia, pero podría haber estado comiendo en el local y haber presenciado un asesinato salvaje a sangre fría. Algo que jamás olvidaría por años que viviera, y que, sin duda, me haría cuestionar si la seguridad que siento es real.

Y ésta es la clave: Que la seguridad la siento; es una percepción, no una realidad tangible. Ni siquiera es una decisión activa, es algo meramente emocional. Mi percepción no es la misma que la de cualquier mujer que transite en la noche por las mismas oscuras calles de la colonia que transito yo, por ejemplo.

Mientras a mí no me altera significativamente la percepción de seguridad que tengo de mis calles una ejecución a tiros en un restaurante donde he comido varias veces, en Barcelona, mi ciudad, se ha desatado este verano una verdadera psicosis —alentada vilmente desde la prensa derechista de Madrid— porque ha habido hasta ahora nueve asesinatos a cuchillazos durante el verano. La cifra es muy alta para la habitual tranquilidad de la ciudad, de menos de 2 millones de habitantes, pero se queda muy lejos de los 1,460 homicidios que, según el INEGI, registró la capital mexicana en 2018. Según esta cifra, la CDMX registró nueve asesinatos cada dos días y seis horas.

Por ello, la inseguridad que sienten ahora mismo muchos barceloneses, que creen que les pueden acuchillar por la calle en cualquier momento, no es racional, sino emocional. Tan irracional, quizás, como la tranquilidad que siento yo caminando por las calles de mi barrio. Esto demuestra que la percepción de seguridad ciudadana no sólo es subjetiva, sino que puede ser un mero resultado del proceso inconsciente de comparar una realidad particular o unas circunstancias determinadas con el cálculo o la expectativa sobre cuál podría o debería ser su situación de seguridad.

 

marcelsanroma@gmail.com

 

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