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Desaparece, la matan y los policías no investigan por amenazas de dealers

Desaparece, la matan y los policías no investigan por amenazas de dealers | La Crónica de Hoy

Leslye, con apenas 18 años recién cumplidos, desapareció el 10 de noviembre de 2018.

El expediente de Leslye Hernández es apenas un legajito de 20 hojas con datos útiles, el resto es una descripción de acciones burocrático-administrativas y declaraciones de la propia familia, sin mucha información que explique quién, cómo, cuándo y por qué la asesinaron.

En el expediente no aparece el muy probable origen de este raquitismo indagatorio: los policías de investigación capitalinos que se presentaron en Barrio 18, Xochimilco, luego de la denuncia de desaparición de Leslye, fueron interceptados en diciembre pasado por los jóvenes que controlan la distribución de droga en la zona. “Aquí no entran”, les dijeron y después de que los oficiales informaron el motivo de su visita, los jóvenes indicaron que ellos se harían cargo de la investigación de la chica.

Unas semanas después, ya en enero, el cuerpo apareció en un predio aledaño a los canales de Cuemanco, en una zona que los familiares ya habían peinado.

El cadáver estaba tan deteriorado que fue un tatuaje en el pecho lo que hizo pensar que se trataba de la chica de 18 años. Una prueba de ADN fue esperada durante medio año y finalmente se informó a la semana el positivo.

Una cuartilla más a un expediente triste de unas hojitas donde no hay siquiera entrevistas con la amiga con la que Leslye se debía encontrar el 10 de noviembre, día de su desaparición, ni con los jovencitos que interceptaron a los policías de investigación, quienes, al parecer, resultaron mucho más efectivos como investigadores.

Esta inacción de las autoridades de procuración de justicia y las recientes acciones civiles por otros casos de desaparición y de agresión a mujeres, ha levantado el ánimo de protesta entre los compañeros de Leslye en la Universidad de la Ciudad de México.

Quieren resucitar el caso y para ello realizarán la primera manifestación mañana, en la sede Centro Histórico de esa institución.

EL PARAÍSO PERDIDO. Barrio 18 dejó de ser barrio desde hace décadas, quedó atrapado entre la conurbación que siguió el trazo de Prolongación División del Norte en Xochimilco; la Pista Virgilio Uribe, en Cuemanco y la Cebada, una de esas absurdas áreas que fueron de cultivo de cebada y maíz y pasaron a venderse como predios urbanos, invariablemente ocupados a partir de autoconstrucción no muy afortunada.

La Cebada es ahora, para bien o para mal, un centro urbano con infinidad de jóvenes. Y al otro extremo, los canales de Cuemanco se conectan con los del Xochimilco Turístico, la zona en la que desde hace años se vive el boom de los reventones con mucho alcohol y, ahora, con droga.

Ése fue el ambiente que le tocó en vida a Leslye. Aunque estudiante, tuvo ocasión de conocer y tratar con los núcleos de jóvenes duros de esta esquina de la Ciudad de México. Los mismos que luego de su muerte decidieron despachar a los policías, advirtiéndoles que ellos eran los únicos que podían investigar lo que pasaba en esas calles.

Esta arista de la historia personal de la chica está presente directamente el día de su desaparición, pues la chica salió ese 10 de noviembre para encontrarse con sus amigos de ese ambiente. Qué pasó después, nadie lo sabe y nadie investiga.

Para la familia, la inacción de la Procuraduría se ha traducido en un suplicio. Una parte de los familiares cree que no hay pruebas suficientes de que la chica esté muerta. El cuerpo encontrado estaba tan deteriorado que el tatuaje presentaba un trazo poco definido, que les levantó dudas sobre la identidad.

La familia montó en cólera cuando, semanas después de la desaparición, notaron que en el expediente no había sino un par de visitas poco esclarecedoras a Barrio 18 y que las amenazas que los propios policías les habían referido no aparecían en el expediente.

Tampoco tiene claro si las amenazas los incluyen. Eso, al menos para algunos de los familiares, es la razón por la que mientras unos empujan para que el caso judicial no se muera, otros optan por el mutismo y dejar las cosas como están. La Fiscalía capitalina parece estar muy cómoda con esta última posición.

El caso, ahora retomado por quienes conocieron a Leslye en la Universidad de la Ciudad de México, se mueve lentamente, sin muchas esperanzas de aclarar por qué una chica que recién había cumplido la mayoría de edad ha muerto y tanto autoridades, como los dealers del Barrio 18, ven con buenos ojos que el asunto se olvide.

“Hay que dejar de pensar en las desapariciones como un hecho aislado, normalmente está conectado con otros delitos y debe ser investigado en conjunto. Mientras sigamos creando instituciones destinadas exclusivamente a la búsqueda, estamos minimizando la procuración de justicia. En la medida en la que continúe la violencia en el país, las desapariciones van a seguir incrementándose, porque se elimina evidencia de homicidios o como estrategia de intimidación de parte de criminales”, señala el investigador Jaime López Aranda-Trewartha en torno a este tipo de casos.

Y sobre  los casos donde la víctima es mujer, el exresponsable de la información criminalística nacional del Sistema Nacional de Seguridad Pública no duda en señalar: “La discriminación que aún sufre incluye que el tipo de violencia que sufre muchas veces no la sufren los hombres, y en este caso las desapariciones de mujeres son mucho más complejas que las de los hombres”.

—¿Y cuándo las investigaciones no generan nada sobre los hechos? —se le pregunta pensando en el caso de Leslye.

—Seguirán desapareciendo mujeres al tiempo que aparecen investigaciones que dejen mucho que desear.

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