Opinión


“Desconocía por completo los hechos”

“Desconocía por  completo los hechos” | La Crónica de Hoy

Ni bobo ni desinformado, sí histrión y cómplice, al menos por encubrimiento u omisión, y ya veremos si también por acción. Eso es, según todos los indicios, el expresidente Felipe Calderón Hinojosa respecto a las andanzas de quien durante seis años fue más que su secretario de Seguridad Pública, su brazo derecho, Genaro García Luna.

“Desconocía por completo los hechos que se le imputan”, dijo Calderón, con el aplomo de Marlon Brando en El Padrino.

Se oyó bien, pero resultó inverosímil el exmandatario. Es abrumador el alud de escándalos que durante dos décadas envolvieron a su colaborador consentido.

¿Cuáles? Recepción de sobornos, tráfico de drogas, brutalidad y abusos policiacos, suministro de información a la delincuencia y aun homicidios de funcionarios públicos.

Hechos, la mayoría, ventilados en medios de información, y por ello, conocidos por la opinión pública menos por Calderón, según dijo este expresidente, con la angustia de Poncio Pilatos buscando su jabón.

O sea que, de los copiosos señalamientos y acusaciones penales formales, sobre los cuales recapitulan por ahora los medios, se enteró medio mundo menos… uno de los dos máximos jefes de García Luna  —el otro fue el verboso Vicente Fox, extrañamente calladito por estos días—. Sí, chucha.

Le pasó de noche al michoacano, en el momento de nombrar al ahora preso en Estados Unidos, el hecho de que en 2001, siendo éste director de la Policía Judicial Federal, fue denunciado ante la PGR por el entonces secretario de Seguridad, Alejandro Gertz Manero, debido a la compra irregular de una docena de aeronaves, en sus tiempos de coordinador de Inteligencia de la PFP.

Tampoco se enteró —por mencionar sólo nimiedades— de que por esos días García Luna fue acusado de haber destinado 40 millones de pesos al pago de informantes secretos.

Ni de que se le involucró en la compra de motocicletas, autos nuevos y usados y equipo recreativo para policías, a un costo tres veces mayor del presupuesto que le había sido autorizado.

Admite, sí, que en 2008 recibió cartas —recuperó, dice, versiones periodísticas actuales— del coordinador regional de la Policía Federal, Javier Herrera Valles; pero con denuncias baladíes. Por ejemplo, irregularidades sobre la integración a la PF “de algunos de los nuevos funcionarios, algunos por falta de aprobación del examen de confianza, otros por inexperiencia, otros más por antecedentes que ameritan sospecha”. Insignificancias.

Nada qué ver —parece decir el exmandatario— con la venta de plazas y la colocación de incondicionales en puestos estratégicos, de los que habla ahora Herrera Valles.

Puesto así el asunto, se entiende por qué las consabidas cartas tuvieron por destino el cesto de la basura en la SFP y la CNDH, a donde el quejoso tuvo el candoroso impulso de enviar copias.

La verdad de las cosas es que tan abundantes fueron las denuncias contra García Luna que, de haber leído los periódicos y estado atento a sus responsabilidades, Calderón quizá hubiera al menos reaccionado con la perspicacia de quien intuye que cuando el río suena, agua lleva.

Mas, si de creer en su deslinde se trata, vale preguntar de cuántos otros importantes, trascendentales hechos que debió conocer nomás no se enteró el fantasmal mandatario del periodo 2006-2012.

No nos dejemos engañar. Si el exsecretario de Seguridad incurrió en las conductas que le atribuye el mismo gobierno que lo ensalzó y premió —porque sirvió a sus intereses— y lo acogió como residente en su territorio, aspirante a obtener la nacionalidad, es porque contó con protección desde la más alta instancia del poder público.

Ni el más despistado de los jefes podría dejar de darse cuenta, en seis años, de las pillerías de alguno de sus subordinados.

Menos aun si se trata de un traficante de grandes ligas como el que ahora nos presenta EU, o si, como en este caso, sumarán decenas las denuncias en contra del malandrín.

Cobró verosimilitud desde el primer trascendido la noticia sobre la aprehensión del extitular de la SSP en Dallas, precisamente porque son copiosas y de años las acusaciones en contra del exfuncionario. Sólo Calderón reaccionó, en apariencia, anonadado, incrédulo.

Las preguntas saturaron las redes y los medios. ¿Sabía el michoacano de la vida delictiva de su excolaborador y, en ese caso, es cómplice por acción u omisión?

O, ¿no sabía, y por consiguiente es un bobo de remate, pues durante todo un sexenio no se dio cuenta de que un maleante le andaba entre las barbas?

Otro tanto puede decirse de Fox, si se considera que en el prontuario de imputaciones se asienta que García Luna trabajaba para el narco desde 2001, cuando, procedente del Cisen, pasó a la dirección de la AFI.

Está por verse que tan serias son las imputaciones del Tío Sam en contra del ex de la SSP y si está dispuesto a llegar al fondo del caso, o se trata sólo de una estratagema política a favor de sus aliados tradicionales, el PRI y sobre todo el PAN.

Cabe la suspicacia porque no tiene sentido que el gobierno gringo haya dinamitado las aspiraciones político-electorales de Calderón, sepultado su propia estrategia de guerra —fuera de sus fronteras—al narco y encarcelado a un incondicional a quien él mismo le cuajó el pecho de medallas y lo distinguió como el mejor policía del mundo.

Por lo pronto, está muerta y sepultada la aspiración del expresidente —a quien sus amigos consideraban el único opositor político de peso de López Obrador— y su cónyuge, Margarita Zavala, de poner tienda aparte del PAN y fundar su microempresa electoral bajo el membrete México Libre.

No son, sin embargo, ni con mucho, los Calderón-Zavala los únicos damnificados por el garcialunazo. Son legión los plañideros.

Se cuentan entre los desamparados algunos de los más conspicuos periodistas, los de las mayores audiencias; líderes de opinión que le dieron soporte mediático a la carrera delictiva del exfuncionario.

El Presidente de la República aludió con sorna a esta situación imposible de negar:

“García Luna tenía fascinados a los periodistas, no a todos… Me acuerdo que los metía a un cuarto, una especie de búnker, y les mostraba pantallas, y salían de ahí a escribir cosas extraordinarias. Era el gran personaje…”.

Se necesitaría haber vivido por esos años en otro planeta para decir que miente el tabasqueño.

Influyentes conductores de noticiarios de radio y televisión le abrían por horas el micrófono al detenido el martes pasado en Dallas para que dijera lo que en el momento le resultara más conveniente a sus intereses delictivos.

Articulistas de quilates le bebían los alientos al poderoso funcionario y reproducían sin cuestionamiento alguno los análisis sesgados e interesados de la consultora García Luna y Asociados.

Comentaristas con fama de expertos en seguridad pública respaldaban la cruenta estrategia de la que fue destacado artífice el —ahora se sabe— compinche del Chapo, a cambio de pautas publicitarias y retazos de información dizque privilegiada, ultraconfidencial, nula o escasamente corroborada por la realidad.

Pobres. Están en  un brete para explicar su ética acomodaticia e intentar defender a su mecenas.

 

Aurelio Ramos Méndez

aureramos@cronica.com,mx

 

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