Opinión


Desparasitar a Pemex, la mejor transformación del país

Desparasitar a Pemex, la mejor transformación del país | La Crónica de Hoy

En el marco del 81 aniversario de la Expropiación Petrolera de 1938 se ha reiterado el deseo de un rescate de Petróleos Mexicanos (Pemex) mismo que, según autoridades federales, no contempla la cancelación de contratos de exploración y producción asignados a empresas privadas durante la reforma energética.

Por cierto, como diputado federal durante la Sexagésima Segunda Legislatura, insistí en diversos foros y desde la máxima tribuna legislativa que no era necesaria una reforma constitucional en materia energética toda vez que sólo se requerían cambios en algunas leyes secundarias para que Pemex pudiera funcionar como una paraestatal productiva e impulsora del crecimiento económico e industrialización y desarrollo de México.

Hasta el momento, sigo convencido de que en Pemex se debe realizar una gran desparasitación interna que debería iniciar por su eterno líder sindical y los excesos que se han cometido desde muchas áreas y que han afectado considerablemente a la paraestatal, como la asignación directa de contratos, pues si se habla de una transformación del país, entonces sería urgente la recuperación de la petrolera, como se hizo en 1938, para que el Estado recobre la conducción central y dirección estratégica de la industria petrolera con el fin de garantizar la seguridad energética, no sólo para cubrir las demandas actuales que demanda un progreso, sino para garantizarles a las próximas generaciones un país con energía y de forma suficiente y económica, tal y como lo requiere un país petrolero.

Hay quienes hablan de una transformación, pero pocos están decididos a cambiar  al país y para ello, lo mejor sería iniciar con la industria energética, como se hizo en 1938 que, pese a las adversidades en las que empresas estadunidenses e inglesas sumieron a México al retirar sus herramientas, maquinaria, personal calificado y hasta la fórmula de la gasolina que se producía en nuestro país, se logró y nos dio soberanía.

Con la nacionalización del petróleo, el presidente Lázaro Cárdenas del Río tuvo la visión de apostarle a la autonomía energética, por lo que encomendó a un grupo de ingenieros mexicanos a dedicarse a la investigación que permitiera la producción de gasolina, cuya tecnología era exclusiva de la empresa norteamericana ­Shell, quien decretó no venderla ni mucho menos compartirla con México como castigo después de la expropiación.

De esa manera y luego de encontrar la fórmula química, Pemex, en coordinación con estudiantes de la recién creada carrera de Ingeniería en Petroquímica del Instituto Politécnico Nacional (IPN), dieron inicio a la construcción de una planta productora de tetraetilo de plomo, elemento indispensable para la fabricación de gasolina, lo que detonó a mediano y largo plazo el gran auge de Petróleos Mexicanos, luego de una visión verdaderamente transformadora.

Hoy en día se requiere menos retórica y más práctica, pues desde hace años se ha hablado de echar abajo la reforma energética para recuperar la rectoría del Estado en la materia, ya que la dependencia de México con otros países es sumamente riesgosa para la movilidad de la nación hacia el desarrollo y justo para ello son nuestros ingenieros, estudiantes y universidades, así como personal calificado.

Por el contrario, en los últimos meses se ha atentado contra la autonomía universitaria y se han disminuido recursos a la ciencia y la tecnología, a la investigación y a las asociaciones encargadas de innovar mejoras continuas para el país, por lo que si realmente se desea una verdadera transformación, se requiere inversión pública y de una autonomía presupuestal para que Pemex sea capaz de saldar las necesidades requeridas que le permitan competir con empresas privadas.

Para ello, se requiere liberar a Pemex del saqueo y de su histórico problema financiero para hacer de la paraestatal una de las más productivas de Latinoamérica. Sólo así se podría hablar de una verdadera transformación, si se llevan a cabo hechos, pues no basta con buenas intenciones y eso debería ser parte del plan de rescate anunciado ayer en el marco de la Expropiación Petrolera y que devuelva el espíritu de aquel 18 de marzo de 1938.

Twitter: @julioc_moreno

 

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