Opinión


Diálogo onírico entre Maquiavelo y AMLO

Diálogo onírico entre Maquiavelo y AMLO | La Crónica de Hoy

ENRIQUE KRAUZE, ESCRITOR E HISTORIADOR:

 

+Si solo quieres usar la razón, no durarás mucho

Maquiavelo

 

José Reyes Doria me envió, a manera de exclusiva, un diálogo que nadie podría creer posible, pero él me aseguró que como él es amigo de Maquiavelo tanto como de Andrés Manuel López Obrador, fue invitado por ambos para que los contuviera si en algún momento sus diferencias intentaban imponerse a sus corduras.

Así pues, aunque onírico, como ambos lo calificaron, consideraron que sería digno de ser capturado y difundido en el mundo de los que hacen de su imaginación las historias que comercializan las librerías… O las columnas. Va, pues:

-¡Don Nicolás, es un gran honor..! -Andrés Manuel López Obrador extendió la mano y apretó afectuoso la de su viejo conocido- Estos encuentros generalmente son en el infierno, pero esto no parece serlo, ¿puedo preguntarle dónde estamos?

-No, no es el infierno -sonrió el florentino-. Es como una región onírica o el limbo; en todo caso, este diálogo será efímero.

-Tiene razón, maestro, aprovecharé para saber qué piensa sobre las resistencias tan fuertes que hay en México contra la transformación que estoy haciendo. Son duros los conservadores. A veces pienso que lo leyeron mucho a usted…

La broma del tabasqueño se desdibujó al ver la seriedad en el rostro del florentino.

-Sí, leen mucho El Príncipe, pero pocos lo entienden -disparó Maquiavelo, divertido por la inseguridad de su interlocutor-. Es muy sencillo, se trata de pensar la forma más eficaz de conquistar un reino, de conservar el poder y acrecentarlo; de eso se trata la política, para eso independicé el pensamiento político de la moral, de la religión y demás lastres.

-Pero los conservadores se valen de esa crudeza para atacar sin escrúpulos. No quieren perder sus privilegios, no entienden que el poder debe usarse para cambiar las cosas en favor del pueblo, de los más pobres… -un atisbo de amargura enmarcó estas palabras del activista político de los ríos del pejelagarto-.

-Pues tú tampoco has aprendido nada -endureció la voz el florentino-. Como quieras usar el poder es cosa tuya, yo no reflexioné sobre esas sutilezas metafísicas. Sin embargo, debes entender una cosa: sin poder no cambiarás nada, ni para beneficiar a los miserables, ni a los ricos; a nadie… ¿Ya vas entendiendo? Consolida y acrecienta tu poder.

-¡Ya tengo mucho poder! Soy el presidente con mayor respaldo popular en un siglo -inflamó su pecho el tabasqueño-. La gente me quiere y desea un cambio pacífico, pero mis adversarios quieren que yo use la fuerza, que me manche las manos de sangre.

-¿De verdad tengo que repetirte mis más famosas lecciones? –se impacientó Maquiavelo- Ya se va a acabar el tiempo de este diálogo, pero recuerda: es preferible que te teman a que te amen, si no condicionas ese supuesto amor del pueblo, serás presa fácil de tus enemigos.

-¿Supo lo de Culiacán? -se atrevió Andrés Manuel.

-¡Claro que sí! Y de tu extravagante idea de no usar la fuerza contra enemigos peligrosos -esbozó una sonrisa ligeramente burlona el florentino-. De preferencia no te manches las manos de sangre, pero recuerda mi lección: el príncipe debe ser mitad bestia y mitad hombre, usar la razón y usar la fuerza, de acuerdo a las circunstancias. Si solo quieres usar la razón, no durarás mucho, tus enemigos, pero también tus adeptos, pensarán que es debilidad o cobardía y te cortarán la yugular.

-¡Pero no quiero pasar a la historia como represor! -gimió Andrés Manuel-.

-¿Qué saben tú y los de esta época de la historia? Si alguien conoce la naturaleza de la historia, del ser humano y la gloria, soy yo, estudié hasta el tuétano a los romanos… El hambre peor es el hambre de gloria, porque solo los héroes y el hombre de poder de las tragedias griegas la pueden conquistar; el príncipe rara vez lo logra.

-No entiendo…

-No es necesario… Lo importante es que comprendas mi metáfora: cuando debas usar la fuerza, puedes ser como el león o como el zorro. El león es despiadado y demoledor, pero, como tú dices y temes, el león riega de sangre los campos; por su parte, el zorro también golpea, pero recurre al arte del engaño, confunde y marea a sus enemigos, economiza la violencia. No puedo explicarte más porque esta parábola tiene que descifrarla cada quien.

-¡Cuando quiero ser como el zorro, me dicen maquiavélico!- se quejó el tabasqueño- y me tunden a manos llenas mis críticos. Aquí en confianza, a veces quisiera ser el león ante los conservadores que critican y atacan mi proyecto.

-Bueno, el tiempo se ha acabado –alzó el brazo el florentino en ademán de despedida- Recuerda otro de mis consejos: a los que te critican y atacan, tenlos cerca, obsérvalos, encuentra la forma de seducirlos como el zorro ¡o aplástalos como el león! pero eso sí, no los empoderes. ¡Ah!, y a los que te adulan, castígalos, esos te hacen más daño porque te convencen de que eres exitoso, cuando no lo eres. Recuerda: el máximo valor de la política es el éxito; y el mayor pecado es el ridículo.

-¡Adiós don Nicolás! -se despidió Andrés Manuel-. Una última cosa: ¿de verdad el poder solo se debe usar para acrecentarlo?, ¿no es posible ejercerlo para hacer el bien?

-Hasta ahora no he encontrado una definición contundente de lo que es el bien, si acaso existe tal cosa -se alejó el florentino-. Por lo que veo, ahora, debes usar el poder para salvarte como príncipe. Consolida tu reino, no le des poder a los que tienen menos que tú; y a los que son más poderosos, si no puedes destruirlos, disimula zorrunamente si tienes que someterte a ellos. Suerte…

 

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