Opinión


Diez en grilla, cero en seguridad

Diez en grilla, cero en seguridad | La Crónica de Hoy

Reprobado en seguridad pública y de panzazo en economía; pero bien acreditado en desarrollo social y excelente en negociación política, así llega el presidente López Obrador al cabo de su primer de año de gobierno.

Ponderada de manera integral, su boleta de calificaciones le reporta amplio respaldo popular, que ya lo hubiera querido para un domingo cualquiera de sus antecesores del vapuleado período neoliberal.

Las notas más envidiables las obtuvo en su entendimiento con el sector privado, la mayoría de cuyos dirigentes anda ahora con él a partir un piñón, como pudo verse en la presentación del Acuerdo Nacional de Inversión en Infraestructura.

Al igual que una docena de los más poderosos empresarios, incluido Carlos Slim, los líderes del Consejo Coordinador Empresarial, el Consejo Mexicano de Negocios, la Coparmex, la Concanaco y la Asociación de Bancos de México le manifestaron total apoyo y colaboración para ejecutar el primer paquete de 147 proyectos en los próximos cinco años.

Se trata de un logro político capital. La relación del tabasqueño con los hombres del dinero parecía irremediablemente rota aun antes del inicio de la administración. Y que la 4T guardaba en gaveta una pila de facturas cobrables por concepto de agravios efectivamente infligidos a lo largo de más de tres lustros.

Si nos atenemos a las declaraciones públicas, es obligado preguntar qué bicho les picó a los mexicanos más ricachones para hallarse ahora al borde de ponerse a corear “¡Es un honor estar con Obrador!”.

Más extraño resulta el comportamiento de esos adinerados, pues tendrán que de­sembolsar inversiones por 859 mil millones de pesos para concretar tales proyectos, sin la esperanza siquiera de que su compromiso se vuelva jarabe de pico.

Cosa de recordar que algunos de esos mismo señores, a cuatro manos con el gobierno, solían tomarles el pelo a los mexicanos con anuncios de megainversiones, cuyo ejercicio jamás fue real ni se concretó en productividad, utilidades, salarios y menos en contribuciones fiscales. Anuncios de relumbrón para engañar al respetable.

“Desde que usted llegó al poder el sector privado se ha comprometido a atacar la corrupción y combatir la pobreza. Aplaudimos que este gobierno esté orientado a quienes menos tienen”, le dijo en la presentación de aquel Acuerdo el presidente del CCE, Carlos Salazar. “La inversión debe enfocarse a los más necesitados, aquellos que nunca han tenido acceso u oportunidad alguna”, expresó Antonio del Valle, del CMN, enteramente impregnado del discurso sexenal.

“En lo general, los proyectos parecen relevantes y convenientes para el desarrollo regional”, avaló Gustavo de Hoyos, Coparmex. Y Luis Niño de Rivera, de la ABM, dijo que la banca tiene liquidez suficiente para financiar por completo las 147 obras.

Más enfático fue Slim. ¿Recesión, estancamiento? No sé qué es eso, le dijo a reporteros, restando importancia a la realidad e imbuido de los nuevos paradigmas económicos y sociales del gobierno.

Y recordó que en los pronósticos para 2019 no era importante pensar si se crecería o no, sino en que se sentaran las bases de unas finanzas públicas sanas.

“Bajó la inflación y se mantuvo la confianza de la inversión financiera. Por eso el tipo de cambio está donde está y la inflación está donde está, gracias a la disciplina fiscal. El primer año de la actual administración concluirá con saldo positivo”, dijo Slim con emoción de fan.

López Obrador cumple su primer año en la silla fiel a su talante. A la terquedad rayana en la necedad, condensada en el recurrente “me canso, ganso”. Al voluntarismo pertrechado en la escasa comprensión de muchos temas. Al ánimo pendenciero y el verbo incendiario.

Y, sobre todo, a su condición de cruzado contra la corrupción, genuino fundamentalista en este campo, en el cual, sin embargo, con prácticamente la totalidad de la antigua clase gobernante intocada, los resultados nomás no corresponden con la estridencia del discurso.

Llega, asimismo, con muy altos rangos de aceptación, montado en la estrategia de intensa comunicación con su base electoral… para lo que se ofrezca. Tripulando con destreza sus matinales conferencias, que han servido para todo, hasta para decir homilías.

Las encuestas ubican al de Macuspana en 68 por ciento de aprobación “24 puntos más que en su momento Enrique Peña Nieto, cuatro más que Felipe Calderón y siete más que Vicente Fox”,  a despecho de quienes buscan destriparlo en economía.

Sus adversarios siguen anclados en los métodos de medición del crecimiento económico a la manera de como se ha hecho en las últimas tres décadas, mientras él ya lanzó a la basura los fetiches que servían para ese fin.

El Peje avanza en la instauración de nuevos criterios de justicia económica y desarrollo social. Y hay señales de que puede ganar la batalla.

Sus malquerientes hablan de asistencialismo, dilapidación del dinero, requerimientos estructurales no cataplasmas, y del lugar común de enseñar a pescar en lugar de bla, bla, bla. Pero, es irrebatible, los más pobres disponen ahora de unos pesos más de los que tenían, aunque infinitamente menos de los que necesitan.

Lo cual le ha reportado al Jefe del Estado una alta calificación en el rubro de política social. Qué bueno. Porque si en negociación política sacó diez, en seguridad pública va por el cero absoluto.

Malamente puede atribuirse esta evaluación reprobatoria a los responsables operativos del complejo tema, Alfonso Durazo, Cresencio Sandoval, Rafael Ojeda. Responsable directo es el Jefe Supremo.

Refractario a ensayar la legalización de las drogas, al parecer única estrategia efectiva para eliminar la pavorosa violencia en que se debate nuestro país, el Presidente ya carga sobre sus hombros 30 mil muertos. Sí, los muertos de López Obrador.

Se comprende que la actuación de la 4T en terreno del tráfico de estupefacientes está condicionada por el destino del T-MEC.

Y por los intereses electorales del despreciable mandatario gringo, quien —para mayor ofensa—ahora amenaza con la aplicación extraterritorial de las leyes estadunidenses en materia de terrorismo.

¡Lástima que aun en estas circunstancias ha podido más la determinación de no incomodar a Trump, que el deseo de los mexicanos de vivir en un entorno de tranquilidad!

 

 

aureramos@cronica.com.mx

 

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