Opinión


Disidencias y protagonismos

Disidencias y protagonismos | La Crónica de Hoy

Como era apenas natural que sucediese, el rodillazo de Germán Martínez Cázares al tablero del ajedrez, al tiempo que profería una andanada de acusaciones en contra de Carlos Urzúa —en el fondo, de la 4T—, dotó de un robusto arsenal a los malquerientes del presidente López Obrador.

Este sorpresivo hecho, sin embargo, también probó cómo un solo hombre puede poner en jaque al gobierno. Factibilidad que desmiente la extendida patraña de que el nuevo régimen carece de contrapesos y está lleno de prospectos para el Festival Nacional de Títeres.

Con el manejo de los tiempos y trámites legislativos, la atención de las más diversas voces e intereses y el resultado último de las leyes, el Congreso ha dado más de una prueba de que mienten quienes pretenden hacer creer que en nuestro país domina la voluntad de un solo hombre.

Punto a favor de Porfirio Muñoz Ledo, Ricardo Monreal, Mario Delgado y Martí Batres, entre muchos artífices del trabajo legislativo.

Con su dimisión el exdirigente nacional del PAN demostró —justo es reconocerlo— que lo que se necesita es valor, audacia, sentido de la responsabilidad y noción de la lealtad para disentir aun desde el primer círculo gubernamental.

Ejercicio de disidencia que con mayor holgura se puede practicar desde las distintas ramas del poder público, la oposición política y los medios de información.

La renuncia del michoacano puso al Jefe del Ejecutivo en el foco de un tiroteo fragoroso que los integrantes del gabinete, por la razón que sea, no quisieron o no pudieron contrarrestar. Abandono que generó la impresión de una gran soledad del mandatario, aunque —debe decirse— resultado de su personal estilo de gobernar.

La impronta del Peje en el timón del Estado se caracteriza por el irrefrenable protagonismo del mandamás, cuya voz no es la última —como corresponde a un gobierno maduro, sólido y articulado— sino la primera en el debate público.

Rasgo éste que, obviamente, expone al Ejecutivo al golpeteo cotidiano y por consiguiente a un innecesario desgaste, e inhibe el crecimiento político de sus colaboradores.

Tal inhibición llega al extremo de que ni siquiera se han podido arraigar en la opinión pública los nombres de ciertos integrantes del gabinete legal y menos aún del ampliado.

Todo lo cual dibuja otro trampantojo: que los secretarios de Estado y titulares de organismos descentralizados no atienden asuntos que corresponde a altos servidores públicos, sino los que tocan a funcionarios menores, o —lo que es peor— que esos señores están tirados en la hamaca.

No hay tal, pero es el espejismo derivado de la intensa figuración presidencial.

Entre el caudal de señalamientos hechos por Martínez Cázares cabe señalar la afirmación de que Urzúa y los suyos omitieron olímpicamente incluir en el Plan Nacional de Desarrollo las propuestas presentadas por la dirección del Seguro.

Verídica o no esta denuncia, el PND requiere revisión a fondo. No se necesita ser obcecado crítico de la 4T para darse cuenta de que este Plan constituye un compendio vagaroso de planteamientos y propuestas voluntariosas, confusas y con escaso o nulo anclaje en la realidad.

Si al dimitir del IMSS el ex dirigente del PAN puso los puntos sobre las jotas en el campo de la salud, numerosas voces se han alzado para señalar la inconsistencia del PND en otros muchos rubros.

Uno de esos rubros que denotan improvisación es de la seguridad pública, incluida su glosa en la Estrategia de Seguridad.

A decir de Olga Sánchez Cordero el PND pone fin a la guerra contra las drogas y busca restarle base social al crimen mediante la incorporación masiva de jóvenes al estudio y el trabajo.

Suena bien, pero es candoroso suponer que el monto de las becas oficiales puede competir con los emolumentos de la delincuencia y disuadir a los jóvenes de alistarse en el crimen.

Según la titular de Segob el Plan “está a apegado a nuestros intereses y necesidades, no a las del mercado o las de otros países”. ¡Qué más quisiéramos los mexicanos del común!

La verdad es que mientras persista la ilegalidad de las drogas cualquier cosa que hagamos para eliminar la atroz violencia únicamente servirá los intereses gringos.

No por descuido se da tan deficiente tratamiento al tema de la seguridad en el proyecto de gobierno 2019-2024. Obedece a la determinación de no provocar a Trump antes de la ratificación del nuevo TLC.

Sacándole la vuelta al tema de la legalización de las drogas, sin embargo, la ex ministra de la Corte podría ganarse una postulación a embajadora de Estados Unidos en México; pero es claro que traiciona sus convicciones.

Tal como el Jefe del Estado, con su férreo control de la macroeconomía y sus recortes draconianos del gasto, podría ganarse una estrellita del FMI en la frente, en su encuentro del próximo miércoles con Christine Lagarde; pero queda mal con la mayoría de los mexicanos.

El episodio del IMSS bosquejó un escenario inverosímil, con un panista a quien se tenía por neoliberal y aquejado de aporofobia, sacando el pecho por los pobres, y un Presidente de izquierda y populista, insensible al dolor de los más necesitados.

Tan mal diseñada está la materia que atiende Alfonso Durazo que presenta confusiones conceptuales de primaria, un verdadero batiburrillo a base de diálogos de paz, amnistía, justicia transicional, guerrillerismo, cárteles de las drogas y otras yerbas.

Se trata, claramente, de un fraseo producto de la simple imitación extralógica de los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, copiada tras una primera y única, superficial lectura de aquel azaroso proceso.

El caso es que —no podía ser de otra manera— la desaliñada estrategia ya dio pie para que los más feroces críticos de López Obrador y quienes por conveniencia se oponen a la legalización de las drogas, propalen la bobada de que la 4T busca el regreso de la pax narca del viejo régimen.

Se pretende, arguyen menos para contribuir a pacificar nuestro país que para alertar al Tío Sam, legalizar las drogas y perseguir “sólo” financieramente a los narcos, para luego acomodarse con éstos y dejarlos con su negocio a cambio de que regrese la tranquilidad.

Calenturientas elucubraciones. Aunque, bien visto el asunto, si ése es el costo del regreso de la paz y la tranquilidad, bienvenidos el acomodo y la vista gorda.

 


aureramos@cronica.com.mx

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