Opinión


Dos fenómenos y una incógnita

Dos fenómenos y una incógnita | La Crónica de Hoy

Es inobjetable que las cámaras y reflectores están sobre el duelo entre Tom Brady y Pat Mahomes en la disputa por el Super Bowl LV. Atestiguar el hecho de que Brady llega a su décimo juego por el título en 21 años de carrera habla de una consistencia ganadora sin comparación en la historia. Dejemos a un lado la interminable discusión sobre quién es el mejor quarterback de todos los tiempos, es algo en lo que nadie se pondrá de acuerdo entre Joe Montana, Johnny Unitas, Otto Graham, Roger Staubach o Brady. De una manera salomónica podemos señalar que cada uno lo fue en su época y punto. Después de todo, cada uno jugó en etapas muy distintas en cuanto a niveles de reglas, rivales y brutalidad del mismo juego.

Del lado de Mahomes, ni dudar que podemos estar ante el dominio de un jugador para la próxima década. A sus 25 años y apenas en su cuarta temporada, es increíble y asusta el hecho de que este chico no ha llegado a la plenitud de sus capacidades, por lo que esperar lo que hará cuando llegue a ese punto de maduración, que de acuerdo con los grandes mariscales es después de los 30 años, es algo que realmente nos deja con un enorme y satisfactorio signo de interrogación.

El simple hecho de mirarlos enfrentarse en un Super Bowl ya es de por sí excitante, por lo que jugar al especulador o adivino sobre qué equipo ganará, es sólo gastar palabras en algo que ni los expertos tienen una respuesta.

LA DECISIÓN QUE DEJÓ SIN PALABRAS

Sin embargo, lejos de estos dos fenómenos en el campo, la nota más controvertida la dio un entrenador, no un jugador, y esa poco honrosa distinción se la llevó Matt LaFleur, el coach de los Empacadores de Green Bay, quien, de manera literal, levantó de sus sillones a propios y extraños cuando rechazó ir por el empate ante los Bucaneros de Tampa Bay en una cuarta y gol desde la yarda 8 aún a sabiendas de la capacidad del pasador Aaron Rodgers, y en cambio decidió patear un inservible gol de campo.

Al mirar la repetición del momento, uno puede ver la cara de incredulidad de Rodgers cuando se le indica salir del campo para que entre el equipo de pateo.

Es más, se aprecia cuando uno de los asistentes camina junto a LaFleur como cuestionando o quizá intentado convencerle de echar atrás tremenda decisión.

Cuando vimos salir a Rodgers hacia las laterales sabíamos que los Empacadores acababan de entregar el juego.

La expresión de enojo e impotencia del pasador era tan evidente que no dejó dudas de su desacuerdo ante tal situación. Momentos más tarde, en la video conferencia ofrecida por el mismo Rodgers, vimos a un hombre triste y decepcionado porque no le dieron la oportunidad de intentar algo a sabiendas de que tiene la capacidad para hacerlo.

Es verdad, los Bucaneros ya han hecho historia desde este momento al ser primer equipo que disputará un Super Bowl en su casa al ser la sede el Raymond James Stadium, y aunque el mérito nadie se los quita ni al equipo ni al mismo Brady, la realidad, y hay que decirlo, en gran medida esa victoria de Tampa Bay se debió a al nulo aprovechamiento de las oportunidades que la defensiva de Green Bay le dio a LaFleur al interceptar hasta en tres ocasiones a Brady.

La respuesta del supuesto gran entrenador ofensivo que es LaFleur dejó mucho que desear al no aprovechar en ninguno de los casos los balones que le robaron a Tom. La verdad es que no se le puede culpar a Rodgers cuando su entrenador mandó jugadas que, en vez de ganar terreno de manera lenta y constante para acabarse el tiempo y buscar la ventaja, decidió como muchos ir por jugadas de gran yardaje para avanzar de un solo golpe. Resultado: series que fueron detenidas rápidamente.

LaFleur manda las jugadas y por lo mismo es el único responsable, no sólo por su absurda decisión de patear el gol de campo que a nadie servía (excepto a los Bucaneros), sino desde antes cuando a mitad del cuarto periodo tuvo en sus manos dos veces la oportunidad de consagrarse como un genio ofensivo que se supone es.

Los gestos y palabras de Rodgers al referirse a esa decisión y su futuro en el equipo dejan mucho que analizar. Para nadie es secreto que la salida de Mike McCarthy hace un par de años fue por los constantes roces que tenía con el quarterback.

La jerarquía de Rodgers pesa y mucho en el equipo, y tras una falla como esa decisión de coach, no se sabe hasta que punto la opinión del mariscal incidirá en las decisiones de la gerencia en la temporada baja.

Después de todo, Rodgers ya ha tenido sus fricciones con el coach tras las muy cuestionables elecciones del Draft del año anterior, cuando a sabiendas de la urgente necesidad de darle receptores de calidad, decidió tomar a otro mariscal de campo en la persona de Jordan Love.

Lo sucedido el domingo en el Lambeau Field difícilmente se le olvidará a Rodgers y menos aun cuando la temporada entrante cumplirá 38 años, una edad en que un quarterback sabe que esa ventana para jugar a un gran nivel y llegar a un Super Bowl es cada vez más pequeña.

 

 

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