Opinión


Duro golpe

Duro golpe | La Crónica de Hoy

Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.

Atribuida a Groucho Marx

Uno de los renglones en que muy frecuentemente fijamos nuestra atención para calificar el buen desempeño de un gobierno es el manejo de los recursos. ¿En qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? y ¿Para qué se gasta? Y es que no sólo la fe, sino también el dinero, mueve montañas. Como mover montañas requiere de mucha fe o de mucha lana, pues hay que seguirle el rastro al dinero para verificar que con él no se muevan montañas indebidamente.

Para la labor de fiscalización de la cuenta pública, es decir, revisar cómo gasta el dinero el Estado, la Cámara de Diputados se auxilia de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), un órgano que goza de autonomía técnica y de gestión, lo que le permite decidir libremente sobre su funcionamiento, lo que incluye la emisión de sus informes, resultados o resoluciones.

En un reciente episodio que a priori  muchos advertimos como un revés a la administración federal, la Auditoria Superior de la Federación publicó la tercera entrega del Informe del Resultado de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública de 2019, en el que se revisaron programas sociales como la adquisición de medicamentos y compra de vacunas y se auditaron proyectos como el Tren maya o la cancelación del Aeropuerto en Texcoco, este último con cifras escandalosamente superiores a las estimadas por el gobierno.

En un desenlace, por decir lo menos, inesperado, el Auditor Superior de la Federación, el auditor de auditores, salió a desmentir, a desdecirse o retractarse de los resultados aportados por la institución que encabeza. Como era lógico, rodaron cabezas en la Auditoría. Lo ingratamente sorprendente en este caso es que hayan rodado por una mueca de disgusto desde Palacio.

De acuerdo con el procedimiento establecido en la Ley de Fiscalización y Rendición de Cuentas, no parece que la ASF pueda “retractarse” de un informe. Una vez presentado ante la Cámara de Diputados se remitirá copia al Comité Coordinador y al Comité de Participación Ciudadana del SNA (que por cierto continúan incompletos) y la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados es la encargada, en caso de ser necesario, de solicitar la ampliación o las aclaraciones pertinentes al contenido del Informe.

Da la terrible casualidad de que la ASF es una pieza clave dentro del Sistema Nacional Anticorrupción, forma parte de su Comité Coordinador en el diseño, promoción y evaluación de políticas públicas anticorrupción y en el Sistema Nacional de Fiscalización participa del Comité Rector que promueve el intercambio de buenas prácticas en la fiscalización de recursos públicos. Me pregunto si tener una estructura monstruosa para hacer auditorias, publicarlas, luego retractarse de los resultados porque están mal, califica como una buena práctica.

La corrupción, como hemos expresado en otros espacios, es peligrosa porque permea en cualquier estrato social, en infinidad de manifestaciones y oportunidades. Una de esas expresiones es la incapacidad para desarrollar adecuadamente una función pública y es que, aunque los errores se valen, los hay de diferentes clases. Uno así de grande es francamente insoslayable. Representa, por acciones o por omisiones, el incumplimiento de la misión esencial de la Auditoría.

En caso de que las cifras reportadas en el Informe respecto de la cancelación del aeropuerto fueren incorrectas (cosa que dudo), se podría actualizar alguno de dos supuestos: La ASF pondría en duda su capacidad para cumplir su labor o, por otro lado, se cierne sobre ella el velo la sumisión.

En cualquier caso, el revés nos lo llevamos los mexicanos. El auditor no sabe auditar y resulta auditado, regañado y luego reivindicado y el verdadero combate a la corrupción manipulado o, en el mejor de los casos, indefinidamente aplazado.

 

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