Opinión


El acuerdo es que no hay acuerdo

El acuerdo es que no hay acuerdo | La Crónica de Hoy

 

Algo tiene que pasar en las mañaneras aunque no pase nada. En la grilla palaciega, alguien logra convencer al presidente de que el país se va a salvar con una reforma legislativa y sin demora se organiza la presentación de las diapositivas transformadoras, que se intercalan entre las acusadoras, pero esas se utilizan para la prensa y sus adversarios.

Entonces, el Director de Comunicación Social organiza el festejo del México nuevo que se imaginan, que empieza con la cantaleta de que todo estaba mal antes de que al autollamada 4T asumiera el gobierno, luego el argumento de autoridad moral del líder cada día más desgastado ante la opinión pública por sobreexplotación política y luego se arroja una propuesta que no tiene conexión con la realidad, ni soluciona el problema que pretende resolver. Termina con la jaculatoria de que todo aquel que se oponga es un neoliberal opuesto al cambio.

La mañanera se engalana y quien convenció al presidente de que será el siguiente héroe nacional si lleva adelante tal o cual reforma se pone sus mejores trapos para su aparición estelar en la conferencia de prensa en la que explica el contenido de la diapositiva frente a la galería y la mirada de aprobación del jefe, quien se enorgullece de contar con colaboradores leales, que a nada le dicen que no, y que saben darle forma a las brillantes ideas presidenciales.

Para lograr el impacto mediático, entre los periodistas amigos que asisten a la conferencia de prensa se distribuyen las líneas generales del cambio legislativo transformador para que destaquen sus virtudes y efectos mágicos en el comportamiento económico y social y le regalen una pregunta a modo al presidente para que este tenga la oportunidad de demostrarle a su pueblo lo atrevido y original que es. Todo esto se hace para derrotar a la mafia del poder y acabar con la desigualdad social. 

A nadie fuera del círculo cercano se le toma opinión. Sólo los fieles conocen la forma en que el país se va a transformar. Los demás se enteran en la mañanera con la “sugerencia” al legislador de aprobar a la brevedad las iniciativas de ley que se deriven de las diapositivas. Hasta Tatiana Clouthier, próxima secretaria de economía, se quejó de las presiones y aceleramiento en el tema del outsourcing, ya que recibieron la propuesta de reforma a la ley laboral para su aprobación sin negociación alguna con el empresariado (El Economista, 10-12-2020).

Acabada la fiesta, los actores políticos-económicos involucrados comienzan a analizar la oferta de solución en medio de un ambiente propagandístico favorable a la propuesta presidencial y deben fijar su posición bajo la presión de los medios de comunicación. Ciertamente, el diagnóstico es compartido, incluso la pertinencia del cambio lo es, pero la irrealidad o la inocuidad de la propuesta sorprende.

Por ejemplo, nadie niega la importancia de regular el mercado de trabajo con un enfoque protector de los derechos de los trabajadores, con la finalidad de sancionar el uso de la subcontratación que simula operaciones y defrauda al fisco y al seguro social, que se extiende hasta el Palacio Nacional en el servicio de limpieza contratado con una empresa cuasi fantasma (El Universal, 10-12-20). 

Esta forma de gobernar confunde hasta a los más comprometidos con la llamada 4T. La postura de la todavía diputada Tatiana Clouthier acierta cuando propone un balance entre la necesaria flexibilidad en la organización de las empresas y el respeto a los derechos laborales y considera improcedente la prohibición de la subcontratación que se anunció en la mañanera como la solución a la condenable práctica de evasión de contribuciones que lamentablemente se ha extendido hasta en el nuevo gobierno.

Llega a tal grado el desfiguro político que se tiene que organizar en otra mañanera un acto para lavarle la cara al presidente con parte del empresariado mexicano -algunas organizaciones no se prestaron a la simulación- para anunciar que el acuerdo sobre outsourcing es que no hay acuerdo hasta febrero. 

La intervención del presidente López Obrador en un tema como la subcontratación que tiene muchísimas aristas y afecta directamente a la economía de las empresas, al bolsillo de los trabajadores y a la generación de empleo fue desafortunada. Hay un alto contenido populista en la iniciativa ante el constante escamoteo de los derechos de los trabajadores que practican los patrones y el gobierno como patrón equiparado.

Cualquier reforma legislativa que pretenda cambios efectivos y permanentes debe consensarse. Los anuncios de las grandes transformaciones deben hacerse en piso firme. La pretensión de prohibir el outsourcing debe atravesar el pantano de la tercerización que el gobierno federal encabeza. Más trabajo político, menos grilla mediática. En estas condiciones, cada vez será más frecuente reconocer que el acuerdo es que no hay acuerdo y lo siguiente es la imposición. Vale.

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