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El agotamiento de clases a distancia continúa inevitablemente en 2021

Crónica presenta los testimonios de alumnos, profesores e investigadores quienes exponen los problemas a los que se han enfrentado, como la falta de conexión y equipo, y el cansancio frente a la pantalla

El agotamiento de clases a distancia continúa inevitablemente en 2021 | La Crónica de Hoy

La UNAM ha puesto en marcha programas de préstamo de computadoras para sus alumnos, así como centros de cómputo en varios campus (Cuartoscuro).

En un par de meses se cumplirá un año de confinamiento y del inicio de las clases a distancia en el país. Muchos estudiantes y profesores en el nivel medio y superior están por terminar su segundo semestre en esta modalidad e iniciar uno más; otros más en la educación básica seguirán un ciclo sin conocer aún a sus compañeros ni alumnos. En ambos casos este escenario continuará de forma inevitable, puesto que el confinamiento y la pandemia no cambiará pronto.

Estudiantes y docentes afrontan un desgaste mental y emocional que podría impactar el aprendizaje significativo en todos los niveles de educación. Aquellos con recursos y medios suficientes podrán aprobar, pero ¿cómo llenarán esos huecos en su aprendizaje en el desarrollo subsecuente de su formación?; otros más retrasarán sus planes, en el mejor de los casos, otros más desertarán.

Crónica presenta los testimonios de alumnos y profesores de instituciones públicas y privadas, así como la opinión de investigadores en educación, cuyas voces se entretejen en complejidades generales muy comunes, un pulso que muchos comparten. Entre ellos la falta de conexión y equipo, el agotamiento de estar frente a la pantalla y el no separar el ambiente de estudio de sus casas.

“La modalidad de las clases en línea no me gusta en lo absoluto porque me es muy difícil concentrarme y organizarme estando todo el tiempo en la casa”, señala Diana, estudiante de biología de la UNAM. “Pienso que la retención de información es mínima y los profesores intentan compensar esto con más tareas o trabajos de investigación, que implican estar más horas sentada frente a la computadora y resulta agotador: Para el final del día, el nivel de retención es casi nulo y el agotamiento está a tope”.

“Las clases a distancia me han causado problemas en el aspecto emocional, ya que en ocasiones me siento muy estresado y con un poco de ansiedad por los trabajos”, apunta Agustín, compañero de Diana. “Es difícil aceptar que pasaré una gran parte de mi carrera universitaria a distancia”.

Adriana es estudiante del Tec de Monterrey y expresa su preocupación por compañeros menos afortunados que ella. “Varios amigos tuvieron que empezar la universidad (nuevo ingreso) en línea, no han conocido sus universidades ni a sus compañeros. Añade que varios alumnos tuvieron que poner en pausa su educación puesto que ellos o sus padres se quedaron sin empleo no tienen los medios para pagar la universidad.

Para Ángel, estudiante de Derecho de la UNAM, la experiencia simplemente ha sido “horrible” y ha sumado la inexperiencia de sus profesores con plataformas digitales, el internet inestable e incorporar el ambiente familiar a su área de estudio. No descarta que en el futuro puedan llevar a cabo un sistema educativo mixto, sin embargo, señala que no se comparará “con debatir ideas y cuestionar al profesor en un aula”.

La desmotivación también ha sido una gran problemática, refiere Rubí, profesora de la Universidad Anáhuac, donde han reportado bajas de estudiantes por esa causa. “No le ven caso seguir estudiando en un formato al que no se han adaptado o que no le entienden y prefieren esperar a que todo esto pase y se regrese a la ‘normalidad’”.

Por otra parte, la docente refiere que uno de los mayores problemas del sistema es que existen muchos procesos que estaban a años luz de modificarse, es decir, no eran automatizados. “Ahora, a partir de la necesidad, se ha avanzado, pero es urgente que la constitución de la escuela como la conocemos cambie o de otra manera correrá la misma suerte que la televisión tradicional o el periódico impreso, porque a la vuelta de la esquina ya se consiguen moocs y tutoriales que te enseñan lo que quieres aprender.

Con esto coincide el investigador Ángel Díaz Barriga, académico del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM, quien señala que la universidad del mañana tiene que cambiar fundamentalmente, “no puede ser solamente lo que ya teníamos más tecnología, eso es un grave error”.

De acuerdo con el investigador, en el país no se tienen datos sobre cómo los estudiantes han afrontado las clases en línea. No obstante, datos del Banco Mundial y el Instituto de Educación Superior para América Latina y el Caribe (IESALC) de la UNESCO estiman que en la región 50% de los estudiantes no tienen equipo de cómputo personal o una conectividad adecuada.

“El trabajo en línea no se puede realizar si los estudiantes no tienen los equipos, pero el problema fundamental no está ahí, sino que la pandemia debió servir para analizar cuáles son los problemas de los fines de la universidad y cómo se ha distanciado de ellos. La universidad responde más a los exámenes del Ceneval y a acreditaciones que a su propia función institucional: ser un lugar de debate académico plural que incorpore nuevos saberes, que se piense en las grandes transformaciones de la tecnología y del mundo laboral que requieren del cambio en la formación profesional”.

HACER “TRAMPA”.

Javier es estudiante de Ingeniería en comunicaciones y electrónica del IPN y terminó el último parcial contagiado de COVID, sus síntomas no fueron graves, sin embargo, recibió la comprensión de sus maestros para entregar fuera de tiempo algunos trabajos finales.

El estudiante de la ESIME Culhuacán menciona algunas ventajas y desventajas de las clases en línea que ha observado a lo largo de estos meses, como aprobar más fácilmente algunos exámenes: “regularmente no podemos ni utilizar formularios, pero si no tienes al maestro y si lo haces de forma honrada puedes apoyarte de uno, de libros o hasta internet para consultar información; pero también se puede jugar sucio. Algunos profesores están conscientes de ello y nos dejan exámenes que no harían en un día normal en un salón de clases, difíciles y extensos, que lejos de ayudar nos perjudica, con temas avanzados que ni con la ayuda de tus compañeros o internet es suficiente”. 

Ana es profesora de Bachillerato Tecnológico en el Estado de México y ha encontrado múltiples problemas extraacadémicos que padecen sus alumnos, donde no todos tienen acceso a una computadora o internet.

Recuerda que para muchos, la escuela es un espacio además para socializar con sus compañeros y alejarse de sus entornos familiares que no son siempre saludables. “Hay ocasiones en las que se quedan hasta el final de la clase y me dicen ‘ya no quiero estar en casa’ o se ponen a llorar porque sus abuelos fallecieron por COVID”. Es una desgracia, enfatiza, muchas veces negocia con los alumnos su calificación si es que presentaron alguna emergencia, aunque habrá quienes mientan y aprovechen la situación. “No hay forma de saberlo, a veces son solapados por los padres, aunque en ocasiones nos envían actas de defunción de su familiar”.

Por los distintos problemas que han presentado en su plantel, señala, alrededor de 200 alumnos están en riesgo de dar baja, la mayoría de primer ingreso. Ana enfatiza que las clases en línea han demostrado mucho de las vulnerabilidades del sistema educativo público, pero también las desigualdades sociales y la importancia de los padres como responsables de la educación de sus hijos.

Laura Vargas es profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAM y ha presenciado una deserción entre sus alumnos gradual, pero que ha aumentado conforme avanzan los meses. Antes del confinamiento ya utilizaba herramientas digitales para desarrollar clases con sus alumnos, por lo que no le ha sido difícil adaptarse en los últimos meses, no obstante, ha presenciado como sus alumnos han enfermado por COVID o han tenido problemas económicos a causa de la pandemia.

La doctora en biomedicina ya se prepara para un semestre más en línea, con la remota esperanza de que en agosto puedan ver algún tipo de actividad presencial si es que hay una vacunación efectiva en los próximos meses.

Mientras tanto, en las últimas semanas muchos estudiantes podrían ser afectados directamente por el recrudecimiento de la emergencia, como narra Ana. Es el caso también de los estudiantes de la investigadora en educación Alma Maldonado: “han reportado crisis que no se pueden separar de lo que se vive en todo el país”. Agrega que las últimas semanas han sido muy pesadas y que el incremento de contagios también se nota en las clases, donde los alumnos dejan de asistir y dan prioridad a otras cosas, como su salud. 

La investigadora del Departamento de Investigación Educativa (DIE) del Cinvestav señala además que el escenario impuesto por las clases a distancia como han transcurrido a lo largo del 2020 no cambiará pronto. “No parece que nada vaya a cambiar en los próximos meses, sin un acompañamiento estudiantes y docentes seguirán la misma inercia, sólo que cada vez será más desgastante y en algunos casos sólo se buscará terminar el ciclo como sea”.

 

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