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El Bosque de Aragón y sus claroscuros

Si bien la remodelación más reciente de este espacio público recreativo lo hace lucir una buena cara, hay zonas en el terreno de 162 hectáreas que están descuidadas y requieren ­ una ­buena “manita de gato”

El Bosque de Aragón y sus claroscuros | La Crónica de Hoy

El gobierno de la Ciudad de México espera conocer si el Congreso da su aval a su propuesta del Presupuesto de Egresos 2019, con el que buscará cumplir sus objetivos marcados como prioritarios. Entre ellos se incluye el rubro del medio ambiente, con el que se buscará ampliar la recuperación de áreas verdes y de esparcimiento, como el Bosque de San Juan de Aragón, en la alcaldía de Gustavo A. Madero, donde a pesar de que se han renovado zonas de recreación y convivencia familiar, también hay otras que han quedado olvidadas por las autoridades anteriores.

Inaugurado el 20 de noviembre de 1964 por el presidente Adolfo López Mateos, el Bosque de Aragón, localizado en el nororiente de la capital, ocupa un terreno de 162 hectáreas, 114 sólo de áreas verdes; es, después del Bosque de Chapultepec, en la alcaldía de Miguel Hidalgo, el segundo pulmón verde de la Ciudad de México, que a lo largo de sus 54 años de creación ha sufrido deterioros y remodelaciones, así como abandonos en algunas de sus instalaciones.

Crónica hizo un recorrido por el Bosque de Aragón y constató que varias de sus áreas muestran una nuevacara, con remodelaciones que invitan a los paseantes a recorrerlo. En las zonas de recreo se cuentan cuatro módulos de juegos infantiles con columpios, tirolesas, resbaladillas, juegos de ligas, puentes colgantes cinco gimnasios y una zona de skate park (donde los amantes de esta actividad pueden mostrar su destreza con sus patinetas y patines).

Se instalaron cabañas y palapas techadas con bancas y mesas para que las familias puedan compartir sus alimentos y protegerse a la vez del intenso calor o la lluvia.

El Bosque cuenta además con alumbrado alimentado por paneles solares.

Asimismo, los visitantes también pueden aprender cómo obtener abono orgánico, el mismo que se utiliza en las ­plantas y árboles del propio bosque.

Otro de los atractivos que ofrece el lugar es el llamado Lagocinema, que es un área donde los sábados en el andador del lago, con entrada por el acceso 8, se proyectan películas a partir de las 20:00 horas con ingreso sin costo.

El lago artificial, con una extensión de 12 hectáreas, cuenta con cuatro islotes que sirven de refugio para aves locales y migratorias como pelícanos, patos silvestres y garzas, cuya vista se puede disfrutar, aunque no pueden ser admirados de cerca por los visitantes, ya que el servicio de paseo en lancha fue eliminado de entre los atractivos del lugar por no haber llegado a un acuerdo con la empresa concesionaria.

Para los amantes del atletismo y el acondicionamiento físico está la trotapista, que ha sido remodelada a lo largo de su circuito con una longitud de 5 Kilómetros; 2.6 de ellos de asfalto y 2.4 kilómetros de tezontle granulado.

ABANDONO. A pesar de esta “manita de gato” que le han dado al Bosque de Aragón también hay zonas que fueron tradicionalmente un atractivo obligado por visitar y que ahora han sido olvidadas por las autoridades, que al paso de varias administraciones han omitido recuperarlas o adaptarlas para el esparcimiento de los visitantes.

Una de las áreas en total abandono es el área conocida como Convivencia Infantil, que comprendía en su interior una sala de cine y de la que ahora queda sólo su esqueleto mientras parte de su terreno “luce” un huerto con plantas que están muriendo por falta de riego.

La zona del teatro al aire libre y de manualidades que tenía este centro está en ruinas y el enorme patio pasa desapercibido al estar cubierto por montañas de ­tierra y maleza.

Pero sin duda el espectáculo principal en este sitio fueron el acuario y delfinario, inaugurado el 23 de diciembre de 1974 y que en su momento fue el atractivo que buscaban los paseantes, ya que por 25 pesos por persona podían disfrutar de un espectáculo con delfines, leones marinos, focas y además ver a otras 100 especies en las peceras ubicadas debajo de las gradas. Además de que se ofrecían sesiones de delfinoterapia cinco veces por semana.

Este lugar fue cerrado en diciembre del 2009, luego de que la entonces secretaria del Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal, Martha Delgado Peralta, recortó el presupuesto para el Bosque y señaló que el área del acuario se destinaría para otras actividades del bosque. Han pasado nueve años y el lugar luce en total abandono, enrejado y con su patio de acceso con montañas de cascajo y sin un aprovechamiento del terreno.

Un vigilante en el lugar que pidió el anonimato señaló que “este sitio donde había espectáculos acuáticos y que quedó abandonado sería ocupado para un museo, pero tras el sismo del 19 de septiembre del 2017 las piletas y el estanque principal se fracturaron y para renovarlo habrá que invertirle mucho, ya que así como quedaron no se les puede dar un uso ante el peligro que representa”.

Otra área del bosque que parece ser parte de un pueblo fantasma es el trenecito que hacía un recorrido alrededor del lago. La estación del pequeño ferrocarril luce desierta, con sus techos cayéndose a pedazos y su andén de acceso cubierto por maleza, telarañas y basura en algunos de sus extremos. Este sitio suspendió sus servicios en 2016, luego de que el 23 de julio de ese año, el trenecito descarrilara por reblandecimiento de la tierra y falta de mantenimiento de las vías.

En la cercanía y a 200 metros está la entrada de lo que fue el embarcadero, donde familias, parejitas de enamorados y estudiantes que se iban de pinta hacían fila para alquilar algunas lanchas en las que podían recorrer este enorme lago artificial, ahora, sin el apoyo de las autoridades ni alguna empresa interesada en rescatar este paseo tradicional, la zona de taquillas y donde estaban los botes, lucen grafiteadas, con basura y maleza que ocultan parte de esta zona.

Corresponderá a las actuales autoridades decidir si en su presupuesto está considerado rescatar estos espacios, adaptarlos al bosque o volverlos enviar al archivo de las áreas no prioritarias.

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