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MORELOS: ENTRE LA VIOLENCIA Y LA INCERTIDUMBRE

 

*Señor Director:

*Alfonso Reyes escribió:“A Cuernavaca voy, que sólo aspiro
a disfrutar sus auras un momento”, hoy ya nadie quiere disfrutar de esas auras de Cuernavaca. El Estado de  Morelos vive desde hace años —y más ahora— una desolación y una incertidumbre constante, en momentos, diría sin retorno en su destino de decadencia.   Un recuerdo perdido y hoy olvidado por los jóvenes, por una sociedad civil que “ya nada le importa”, que no tiene ningún  interés por recuperar su pasado, su memoria. Un estado destruido por tanto político corrupto: gobernadores, alcaldes, diputados, funcionarios públicos  ineptos, enviciados, que nos han gobernado desde hace años. Morelos cada vez está más mal, pero el gobernador sigue  dando autógrafos, en lugar de trabajar. Se ha especializado en pocos meses en no hacer nada, ni dar respuestas a los graves problemas que atraviesa la sociedad civil. Por eso Morelos  está sumido en circunstancias lamentables: la inseguridad pública es la realidad cotidiana, las bandas de asaltantes, de secuestradores y asesinos se mantienen como poder virtualmente intocado, el presupuesto designado para mejorar la seguridad se despilfarra en frivolidades y corrupción.

Un centro zapatista al servicio de  delincuentes corrientes y comunes. Solapados por un gobierno inepto, incompetente, que sólo ha logrado aumentar la violencia, los secuestros, los robos a casa habitación, la inseguridad0 y los feminicidios. Lejos de confiar  en las instituciones, se percibe ignorancia y negligencia.  Hoy Morelos es —gracias al actual gobierno— de los más violentos del país. No hay ninguna estrategia para solucionar los problemas. Un horror  que tardará años en recuperarse.

El actual Gobierno de Morelos —en poco tiempo, más de 10 meses— no tiene ninguna credibilidad. Se ha perdido la confianza. Hoy se vive una desolación terrible, una incertidumbre total. Morelos está en la sombra: abandonado por sus gobernantes.  El anterior gobernador, Graco Ramírez, y el actual  Cuauhtémoc Blanco —un futbolista, venido a político— han dejado a Morelos en la ruina, hecho un desastre. Un gobierno cargado de corrupción, truanes, políticamente nepótico y doctoral en su ejercicio de falsedad. La devastación que vive el estado ha dejado en claro la defectuosa, insuficiente y lenta respuesta de sus autoridades, dejando municipios como Jojutla, Cuautla, Coatlán del Río, Zapata, Temixco, Tepoztlán y Cuernavaca al borde del colapso. Los mandos políticos de Morelos, sus estructuras de operación y los mecanismos específicos de protección civil, seguridad pública y atención a los ciudadanos han sido corroídos por la impreparación, el culto al oportunismo político y la vocación constante por la corrupción.

En Cuernavaca y en todo el Estado se vive un clima de desconfianza, porque el  crimen acecha en todas partes. El  crimen es sordo, ciego y necesita un verdadero estado de derecho para detenerlo, para terminar con ese cáncer que lleva años abatiendo a  la población —y que hoy está peor que nunca—, que clama por recuperar la grandeza, que hoy está enterrada en la memoria.

 

Miguel Ángel Muñoz

Poeta y crítico de arte

 

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