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El conflicto bélico en medio oriente, en la mirada del cine documental

COORDENADA CRÓNICA. Cineastas como Waad Al-Kateab, Feras Fayyad, Nejemye Tenenbaum, Carles Bover Martínez y Julio Pérez del Campo, han retratado la crueldad de la guerra en medio oriente con la esperanza sensibilizar a las personas desde la perspectiva de las víctimas

El conflicto bélico en medio oriente, en la mirada del cine documental | La Crónica de Hoy

El documental "La Cueva", de Feras Fayyad, estuvo nominado al Oscar

- COORDENADA CRÓNICA -

 

Ha pasado más de medio siglo desde que Palestina padece el apartheid sistemático a manos de Israel, una potencia militar de primer orden respaldada por Estados Unidos. A la distancia el resto del mundo tiene al alcance una información política y una tanda de videos espectaculares sobre la invasión, se conoce el dolor, pero poco se muestra de las víctimas desde su lado humano.

El séptimo arte ha sido una ventana importante para entender desde las entrañas el conflicto bélico. Se conocen filmes de ficción como Omar (2013), de Hany Abu-Assad; la esperanzadora propuesta de Una botella en el mar de Gaza (2011), de Thierry Binisti o el crisol cultural de los barrios israelíes con Ajami (2009), de Scandar Copti y Yaron Shani, por mencionar solo algunos títulos. Sin embargo, ha sido el cine documental el que nos ha mostrado la realidad con frialdad: “En una guerra no hay nada suave”, dijo la cineasta Waad Al-Kateab, directora del aclamado documental For Sama (2019).

Ella es una de las pocas cineastas que han llegado a vivir desde dentro el conflicto bélico, que en los últimos días ha vuelto a convertirse en un foco de muerte. Así como ella, algunos directores de cine han tomado su cámara para contar las historias a su alcance y sin conocerse, han documentado sus filmes con una mirada común que tiene que ver con el mostrar el sufrimiento de las víctimas y el valor de los héroes cotidianos dentro de la guerra, con la intención de que la violencia militar no sea indiferente.

“Es nuestra responsabilidad, nadie se puede quedar mirando por la ventana, como ahora con la COVID, aislándose de lo que pasa fuera; hay que sensibilizar a los demás para que, cuando vean lo que estamos pasando, lo diseminen por el mundo”, enfatizó Waad Al-Kateab, cuando estrenó su película.

En enero del 2020, el cineasta Feras Fayyad compartió en exclusiva con Crónica Escenario un texto en el que reflexiona sobre el conflicto a propósito del estreno en nuestro país de La cueva, el documental por el que estuvo nominado al Oscar: “Si el silencio hacia la brutalidad no se rompe y no se toman medidas contra los crímenes de guerra, entonces existe un problema en la afirmación universal del hombre de poseer los derechos de libertad, ley y justicia”, aseveró en publicación. Con él coincide Julio Pérez del Campo, ganador del Premio Goya al mejor cortometraje documental por Gaza (2017): “No es una cuestión política, sino que muestra cuáles son las consecuencias y la vulneración de los derechos humanos”, dijo.

Desde su trabajo cinematográfico este tipo de cineastas se han involucrado para compartir la crueldad y se han convertido en testigos directos de la pérdida de la humanidad y empatía naciones del mundo, lo que ha resultado en constantes conflictos políticos y divisorios orillando a las sociedades a una reflexión de una necesidad de unificación de ideas:

“La empatía, la inclusión y la compasión son valores pilares de la sociedad humana, y se encuentran desvirtuados, transformando a la convivencia en algo narcisista, ególatra y tribalista, dificultando las relaciones entre un pueblo y otro. Me parece que la derecha, en general, se ha vuelto jingoísta, mostrando una idea errónea de que cierto pueblo está por encima de los demás con un sentido extremista de protección a la identidad e ideología”, nos compartió también el cineasta Nejemye Tenenbaum, quien el año pasado estrenó su documental Una palabra: Ocupación.

Basta con observar los trabajos de los cineastas para conocer el panorama desolador. En el caso de Tenembaum, narra cómo la ocupación militar israelí devasta día a día la vida de millones de palestinos y daña también los valores judíos del pueblo de Israel, a través de una entrevista realizada al activista judío Gershon Baskin. Este filme le permitió exponer las constantes discrepancias por las pugnas territoriales derivan en diversos análisis desde un punto de vista ideológico, religioso o político, al mismo tiempo de mostrar los desacuerdos dirigidos desde el ego de los propios dirigentes:

“No creo que tenga que ver con ego, sino con un aspecto tribalista o nativista. Israel se inclinó hacia una ideología de derecha más conservadora y religiosa, atrayendo a los propios jóvenes que comenzaron a defender sus territorios desde un sentido de pertenencia ancestral, donde se requiere un respeto a los lugares donde vivieron sus antepasados”, opinó Tenenbaum.

Un filme que tuvo gran impacto fue el de Gaza, el cortometraje documental de los españoles Carles Bover Martínez y Julio Pérez del Campo. En casi 20 minutos, la cinta muestra la vida que llevan las familias que residen cerca de las líneas fronterizas. Dedicadas a la agricultura, estas han visto afectadas sus plantaciones y sus casas producto de los ataques de Israel. Niños jugando entre los escombros, pérdidas familiares y un hospital que tuvo que ser reconstruido desde cero para poder recibir a las víctimas, son algunas de las experiencias que recoge el documental: “En las zonas de conflicto las personas están deseando continuamente que la gente sepa lo que está pasando”, dijo Pérez.

También destaca el filme Condenadas en Gaza (2020), de Ana Alba y Beatriz Lecumberri, en el que sus únicas protagonistas son mujeres enfermas de cáncer de la Franja. Debido al bloqueo impuesto por Israel sobre la Franja de Gaza desde 2007, no pueden recibir el tratamiento adecuado en el lugar en el que viven, ni tampoco obtienen el permiso israelí de salida para acudir a un centro médico palestino de Cisjordania o Jerusalén Este para realizarse las pruebas necesarias o someterse a una sesión de radioterapia, un tratamiento vetado por Israel en la Franja.

“Nos adentramos en su intimidad, sus miedos, sus decepciones y su deseo de curarse. Nuestros objetivos son: describir un lado desconocido del conflicto israelo-palestino, dar espacio a estas mujeres que jamás han contado su historia, denunciar la violación de sus derechos más elementales, como el de recibir tratamiento, y subrayar la discriminación que sufren dentro de la sociedad de Gaza, cada día más hermética, conservadora y patriarcal, debido, en gran parte, al aislamiento que padece por el bloqueo israelí”, nos compartieron las cineastas.

El conflicto entre Palestina e Israel se ha esparcido por todo el territorio a su alrededor. Hace unas horas, desde Siria se lanzaron cohetes contra Israel, en otro flanco de terror. Justamente ha sido la región de Siria desde donde se han realizado algunos de los filmes más impactantes de los últimos años. Tal es el caso de La cueva, del mencionado Feras Fayyad, que retrata como entre los ataques aéreos y los bombardeos, un grupo de doctoras de Ghouta, en Siria, luchan contra el sexismo endémico mientras tratan de curar a los enfermos empleando los pocos recursos que tienen con un hospital bajo escombros:

“En el este asediado de Al Ghouta (región de Damasco), el bombardeo incesante ha convertido el paisaje en un páramo misterioso salpicado de edificios bombardeados y montones de escombros”, nos compartió en el artículo escrito para este medio sobre la llegada de su filme a México.

“Salir al exterior es una propuesta que pone en peligro la vida, pero los vecindarios residenciales son tan indiscriminadamente (atacados) como los mercados, las escuelas y otros lugares. Los hospitales, centros médicos y ambulancias también son víctimas de un juego justo para el gobierno de Assad y sus aliados rusos”, añadió.

En su película no solo se muestra el sueño de supervivencia por parte de la sociedad sino también pone en la mira un trasfondo cultural que tiene que ver con los valores con perspectiva de género: “La seguridad y la esperanza se encuentran bajo tierra, donde un valiente grupo de médicos y enfermeras ha establecido un hospital subterráneo llamado Cueva. Bajo el liderazgo de una joven pediatra, la Dra. Amani Ballour, la Cueva ofrece esperanza y curación a los niños y civiles enfermos y heridos del este de Al Ghouta”, nos dice.

“En una sociedad patriarcal conservadora que devalúa a las mujeres, la doctora Amani es frecuentemente atacada por la hostilidad de los hombres que se niegan a verla como un médico capaz. Pero la doctora Amani no retrocede, y dentro de la Cueva, las mujeres han reclamado su derecho asequible a trabajar junto con sus homólogos masculinos. Arriesgan sus vidas para salvar a sus pacientes y encontrar formas de perseverar en un mundo de crueldad, injusticia y sufrimiento. Para Amani y sus colegas Samaher y la Dra. Alaa, su batalla no es sólo sobrevivir sino mantener sus sueños y esperanzas para su país y para las mujeres”, enfatizó.

También con un enfoque desde los médicos la periodista siria Waad Al-Kateab, que durante cinco años grabó la destrucción de Alepo, el asedio y los constantes bombardeos del ejército. Su trabajo se remonta a los momentos previos a la guerra de Siria cuando la periodista y su amigo médico Hamza hacen trabajos para la comunidad y se preparan para derrocar al régimen de Asad. Ambos estudian en la moderna universidad de Alepo y son parte de las protestas contra la dictadura en la Primavera Árabe de 2011.

La cámara de Waad Al-Kateab grabó la destrucción de la ciudad, los bombardeos a civiles y hospitales y el dolor y las lágrimas de sus vecinos y amigos, y a la vez su propia historia de amor, su boda, el nacimiento de su hija Sama y sus desesperados intentos por que la comunidad internacional entendiera y apoyara a la disidencia.

“Quiero lanzar un mensaje, una verdad que quiero que se sepa: en Siria no ha habido, ni hay, guerra civil, ha habido una revolución y el pueblo no ha sido evacuado sino desplazado. Es mi responsabilidad que la gente lo sepa, y cualquiera que vea la película lo sabrá”, expresó la realizadora.

For Sama no flaquea ante las imágenes más crudas: niños de todas las edades muertos y ensangrentados, adultos rotos de dolor, morgues donde se acumulan cadáveres envueltos solo en una sábana sucia, enfermos tirados por el suelo de los hospitales y baldosas marcadas por regueros de sangre mientras al lado, sin percatarse de nada, juega la pequeña Sama.

Cineastas como Tenenbaum conectan con la preocupación de Al-Kateab al cuestionarse sobre lo que ocurrirá con la renovación generacional en ambos territorios, y cómo esto podría llegar a producir un cambio en los acuerdos futuros para la paz entre sociedades:

“Esta renovación no puede tardar demasiado tiempo, ya que Israel se encuentra en una encrucijada de existencia desde un punto de vista demográfico, debido a la cantidad de población que en Palestina se encuentra y que se ha vuelto comparable con la de Israel, lo que puede llevar a una búsqueda de reconocimiento con ciudadanía para sus pobladores, más que la propia lucha por la zona, lo que en unos años transformaría a la sociedad en una mayoría árabe por encima de la judía”, resaltó el director.

Nejemye Tenenbaum.

Finalmente, cabe decir sobre todos estos filmes, que los cineastas esperan que su mirada toque sensibilidades. La cámara es su herramienta y esperan que la usen los espectadores para pensar en no perder la empatía ante los otros. De esto Feras Fayyad describió de una manera hermosa su tarea de retratar la crueldad con un sentido humano.

“En el cuento de Nathaniel Hawthorne, The artist of the beautiful, el relojero Owen crea una hermosa mariposa mecánica como regalo para su amiga de la infancia, Annie, ahora esposa y madre. Ella se asombra cuando la criatura sale de una caja tallada y exclama: ‘¡Hermosa! ¡Hermosa! ¿Está viva? ¿Está viva?’. Cuando la criatura se posa en su dedo, se vuelve hacia Owen y le dice: ‘¿Está viva? Dime si está viva o si la creaste’. Owen responde: ‘¿Por qué preguntar quién lo creó, para que sea hermoso?’. Más tarde, un niño imprudente destruye cruelmente al insecto”, analizó.

“El momento actual en la historia es aterrador porque la gente está más dispuesta a glorificar el poder. Al igual que The artist of the beautiful, de Hawthorne, quería que esta película (La cueva) fuera poética, una película que nos ayudara a mirar a los rincones más oscuros de nuestras almas e inspirarnos a buscar la luz”, concluyó. 

 

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