Opinión


El control innecesario

El control innecesario | La Crónica de Hoy

Querer tener  control de todo en nuestras vidas es en realidad lo que nos acaba descontrolando. El control está entre las primeras causas del estrés. Nos torna inquietos, ansiosos, con tendencia al disgusto y a reñir con los demás, bajando nuestra autoestima y produciéndonos enfermedades.

Aceptar que no podemos ni debemos ejercer dominio sobre los acontecimientos ni sobre las  personas, que lo único en lo que tenemos incidencia es sobre nosotros mismos,  nos ayudará a soltar, a ser  tolerantes con los demás; a saber que no podemos controlar el mundo que nos circunda, que cada quien tiene su forma y  derecho a realizar las acciones como mejor le parezca.

Por regla general deseamos que todo el mundo se comporte de acuerdo con el papel que le hemos asignado. “el esposo(a) ideal, el hijo(a) perfecto, la madre o padre comprensivo, el hermano(a) solidario, el trabajador ejemplar. Pero cuando dichas asignaciones no son cubiertas de acuerdo con nuestras expectativas,  nos sentimos defraudados, ya que no encajan en nuestros parámetros egoístas de lo que consideramos correcto.

 El control va unido  al miedo. Nuestras inseguridades nos vuelven autoritarios. Miedo a  perder al esposo(a), el negocio, el reconocimiento de los demás y así hasta el infinito. ¡Qué equivocados estamos!  Si hoy nos muriéramos todos seguirían con sus vidas de igual manera. Qué difícil es reconocer que no somos el centro del universo y que este no gira  alrededor nuestro. Que nuestros problemas se acaban discutiendo en un café entre chascarrillos y cigarrillos.

Si somos controladores nos sumergimos  en un caos de acciones innecesarias para nuestra vida; pareciera que es obligatorio siempre estar haciendo algo, aunque no tenga ninguna utilidad para nosotros. Y luego nos la pasamos quejándonos del gran peso de la responsabilidad que cargamos.

Personalmente, éste ha sido uno de mis grandes retos. En muchas ocasiones he sentido el egoísmo de creer que si no realizo algo por mí misma nadie más será capaz de hacerlo. Descubriendo al final que “el otro” es capaz de hacerlo con frecuencia mejor que yo.

Debemos saber que la solución está en serenar nuestra mente, definir nuestras prioridades, dejar todo lo urgente para el final porque todo puede esperar; enfocarnos sólo en lo importante, en lo que realmente tiene valía para nosotros, no permitir que las pequeñeces alteren nuestra armonía.

La mejor ruta es dejar  de tratar de controlar todo.  Concentrarnos en los grandes temas de la vida como la salud, el amor, nuestra interioridad, los valores, y seguirnos asombrando siempre de los grandes misterios del mundo y la naturaleza, en lugar de permitir que las insignificancias de los problemas cotidianos nos  sigan descontrolando por tratar de controlarlo todo.

 

Mail: corzoalma17@yahoo.com

 

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