Opinión


El coraje de la concordia

El coraje de la concordia | La Crónica de Hoy

Los premios Princesa de Asturias son quizá los galardones más codiciados que se conceden en España. Pueden ser ganados por individuos o por colectivos y recompensan logros muy distintos en terrenos artísticos, deportivos, científicos, etc... Quizá el más singular de esos premios es el de la Concordia, difícil de concretar y aún más de merecer. Este año ha sido concedido a la ciudad polaca de Gdansk y se trata de una elección muy acertada, como veremos después, pero aparentemente paradójica. En efecto, Gdansk, la antigua Danzig prusiana en la que nació el filósofo Schopenhauer así como Gunther Grass (que ambienta en ella su célebre novela “El tambor de hojalata”) y el actor Klaus Kinski, se distingue por haber sido escenario destacado de algunos de los episodios más discordantes de la conflictiva historia europea. Con un ataque de las tropas nazis a Gdansk comenzó la segunda gran guerra mundial. La ciudad se defendió con escasos efectivos y enorme coraje pero fue finalmente invadida; a lo largo de la contienda llegó a ser destruida en un noventa por ciento, sobre todo por los bombardeos soviéticos.

Después de la guerra fue reconstruida con paciencia y denuedo por una población difícil de doblegar. Durante la etapa comunista se convirtió en un bastión de la defensa de las libertades civiles y los derechos humanos: en sus astilleros (que eran y siguen siendo los más importantes de Polonia) nació el sindicato independiente Solidaridad, encabezado por Lech Walesa, que desempeñó un papel destacado en la liquidación del totalitarismo tanto en el país como en toda la Europa del Este. Más recientemente, en las últimas décadas, ha llegado a ser un enclave abierto y acogedor para las minorías excluidas, los inmigrantes y cuantos buscan refugio contra la intolerancia. Hace pocos meses su alcalde, Pavel Adamowicz, murió apuñalado por un fanático cuando presidía un acto público en favor de la integración social. Resulta evidente que el clima creado por el actual gobierno polaco, ultranacionalista y propenso a los mensajes xenófobos, favorece un clima hostil y hasta agresivo contra los que en la esfera pública mantienen posturas hospitalarias y se niegan a la exclusión de los diferentes. Y ello por la buena razón de que diferentes somos todos: la decisión de establecer que diferencias son inasumibles y cuales irrelevantes para la convivencia depende del enfoque de nuestros prejuicios. Pero el crimen contra su alcalde no desanimó a los ciudadanos de ­Gdansk. Una estrecha colaboradora del alcalde asesinado, Aleksandra Dulkiewicz, le sustituyó defendiendo su mismo ideario: a finales del pasado mes de marzo, en elecciones anticipadas a la alcaldía, fue confirmada en su puesto con más del 82% de los sufragios. Probablemente será ella quien el próximo mes de octubre recoja de manos del rey Felipe VI en el teatro Campoamor de Oviedo este premio tan merecido y oportuno. Pero antes, el próximo 1 de septiembre, la ciudad conmemorará el 80 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, bajo el lema: “Unidos por encima de las diferencias para rendir homenaje a las víctimas y a los héroes y dar testimonio de la escala de la tragedia humana del heroísmo y del sacrificio”. Creo que todas las personas decentes de Europa les acompañaremos en esa celebración.

 

Fernando Savater

 

©FERNANDO SAVATER.
/ EDICIONES EL PAÍS S.L 2019

 

 

 

 

 

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