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El declive de los Juegos Olímpicos: de motor de cambio a juguete para ricos

El despilfarro de dinero público en Atenas y Río evidencia que las Olimpiadas suponen un gasto que ya solo pueden asumir ciudades como Tokio, París, Los Ángeles o Brisbane

El declive de los Juegos Olímpicos: de motor de cambio a juguete para ricos | La Crónica de Hoy

Brasileños se manifiestan contra los Juegos de Río en la ciudad carioca en agosto de 2016 (The New York Times).

 En Barcelona todavía se recuerda el momento en que el 17 de octubre de 1986, el entonces presidente del Comité Olímpico Internacional (COI, o IOC, en inglés), Juan Antonio Samaranch, quien ocupó 21 años el cargo, pronunció las palabras “À la ville de… Barcelona”, en el anuncio de quién organizaría los Juegos Olímpicos de 1992. La concesión del evento a la capital catalana fue un momento histórico para la ciudad, que llevó a una enorme inversión no solo en infraestructura para los Juegos, sino también para reacondicionar una ciudad que más allá de su actividad portuaria, vivía de espaldas al mar.

Todo el litoral se reconstruyó, se hicieron vías de tren subterráneos para crear nuevos barrios y se crearon nuevas avenidas para conectar la ciudad. La Villa Olímpica pervive hoy como un barrio moderno de playa. El evento proyectó la ciudad al mundo y todos estos cambios contribuyeron a convertir a la ciudad en uno de los principales destinos turísticos de Europa, aunque eso luego trajera otra serie de problemas.

No en vano, en Barcelona, los JO de 1992 se recuerdan como un evento transformador de enorme importancia, como había ocurrido históricamente en otras ciudades. En un mundo lejos de la híperconectividad que conocemos hoy, esto es a lo que aspiraba cualquier ciudad que se postulara para albergar los Juegos: Que el mundo la ubicara en el mapa y encontrar el impulso necesario –es decir, financiamiento— para modernizar sus infraestructuras y servicios.

LA CRISIS GRIEGA Y LOS JUEGOS

Sin embargo, esos tiempos quedan cada vez más lejanos. Las quejas comenzaron en Atenas, tras los juegos de 2004, que el gobierno heleno admitió pocos meses después de finalizar, en agosto de ese año, que costaron al erario público 9 mil millones de euros (135 mil millones de pesos al cambio de la época). Esto era el doble de los 4 mil 600 millones de euros que inicialmente el gobierno habría previsto que le tocaría pagar de su bolsillo por los Juegos, y no incluye el costo de las obras que se terminaron a toda prisa, en el último momento, con los trabajos funcionando las 24 horas del día. Solo en concepto de seguridad, el gobierno se gastó más de mil millones de euros.

El Canal olímpico de la ciudad griega de Schinias, en estado de abandono en 2014 (EFE / EPA).

Sin embargo, en aquel momento, el gobierno conservador que tomó el relevo al anterior ejecutivo progresista cinco meses antes del evento, cerró filas: La vicesecretaria de Cultura, Fany Petralia, admitió que "los Juegos fueron un gran trabajo y la seguridad fue un gran éxito, pero fueron muy caros", pero según escribía entonces el diario El País, el primer ministro, y secretario de Cultura griego, Kostas Karamanlis, justificó que “fue una inversión que valió la pena”.

Seis años más tardes, en el peor momento en el sur de Europa por la Gran Recesión, cuando Grecia empezaba a sufrir el estrangulamiento por el rescate financiero acordado en abril de 2010 con lo que entonces se conoció despectivamente como la “troika” (la Comisión Europea de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional), muchos vieron en el país el exceso de gasto por los Juegos Olímpicos como una grosería.

Decenas de instalaciones olímpicas que habían costado cientos de millones de euros permanecían cerradas, sin uso alguno y con la única presencia de aburridos guardas de seguridad. Una cancha de béisbol –deporte que en Europa despierta un interés prácticamente nulo—, el canal olímpico, arenas, pistas de hockey, etcétera. Stella Alfieri, exdiputada izquierdista y quien lideró una campaña contra los JO en Atenas, aseguraba hace once años a Expansión: "Siento que esto me da la razón, pero es una tragedia para el país... Explotaron los sentimientos de orgullo del pueblo griego y hubo quien lucró con ellos". "Se derrocharon fondos de manera irresponsable", lamentaba.

Una pista de atletismo cerca de la Villa Olímpica de Atenas, abandonada diez años después de los Juegos (EFE / EPA).

Desde luego que el despilfarro en los Juegos de 2004 jugó un rol pequeño en comparación con los montos que se manejaron en los rescates de la “troika” (el primero, de 110 mil millones de euros; el segundo, de 135 mil millones y el tercero, en 2012, de 86 mil millones), pero se convirtió en un símbolo de las cosas mal hechas y de las malas decisiones que hundieron al país mediterráneo en una crisis de la que, más de diez años después, no ha logrado salir del todo.

EXCESOS SIN CONSECUENCIAS

Los juegos de Pekín 2008 mantienen aún el dudoso honor de ser los más caros de la historia, con un costo estimado de más de 41 mil millones de dólares para el gobierno central chino. Solo 12 mil millones de estos se destinaron a combatir la contaminación en la capital, que en esa época era tan estratosférica que preocupaba a los atletas y a autoridades de los países participantes. Sin embargo, para una economía tan grande, el costo fue asumible y nunca más se habló de ello.

Algo similar sucedió en Londres con los JO de 2012, que según un informe del parlamento británico publicado ese mismo año costaron 15 mil millones de euros. Esto era siete veces más de lo que se había presupuestado inicialmente, considerando que Reino Unido ya contaba con buenas infraestructuras tanto de alojamiento como de conectividad e instalaciones deportivas. Aún así, para una economía potente resultó ser un costo asumible, sea o no cierto lo que dijo entonces el primer ministro, David Cameron, para justificarlo: Que los Juegos generarían 16 mil millones en ingresos. Con suerte, Londres habría ganado mil millones de euros, y esto es mucho suponer. Pese a todo, la polémica no pasó a mayores, y los problemas, desde luego, son ahora mucho más grandes tras consumarse el Brexit.

EL PARADIGMA DEL DESPILFARRO

Muy distintas fueron las cosas en Río, que pidió los Juegos de 2016 con la esperanza de lograr ese catalizador urbanístico y social que despojara a la ciudad de su halo de inseguridad y lograra reforzarla como destino turístico global. Pero fue demasiado. El país todavía no se sobreponía a ver cómo el Mundial de futbol masculino de 2014 llevaba al gobierno de Dilma Rousseff a gastarse 270 millones de dólares en construir, literalmente, un monumental estadio en medio de la selva de Manaos… que se usó en solo 4 juegos. El comediante y presentador televisivo británico John Oliver pronosticó entonces en su programa de sátira política en HBO que el estadio se convertiría en “el retrete para pájaros más caro del mundo”.

Un hombre quema una bandera con las anillas olímpicas en una protesta contra los Juegos de 2016 en Río de Janeiro (EFE).

El mundial costó al gobierno brasileño 11 mil millones de dólares, lo que ya desató numerosas protestas e incluso disturbios en varias ciudades. Dos años después, las escenas de manifestaciones y enfrentamientos con la policía se repetían. En 2009, cuando Río consiguió los Juegos, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva celebraba que “Brasil dejó de ser un país de segunda clase y entró en el nivel de primera clase”, en un momento, además, de pujanza económica.

En 2016, sin embargo, todo había cambiado: Lula iba a juicio tras estallar el escándalo de corrupción más grande de la historia de América Latina: La trama de desvío de dinero de Petrobras (caso Lava Jato) y la red de sobornos de Odebrecht. Rousseff había sido destituida en un impeachment con un fundamento más que dudoso, y el espurio Michel Temer había llegado al poder gracias a ello. “La simbología de los Juegos está bien, pero la situación política de Brasil… Es medio complicado hacer esta Olimpiada ahora", resumía en 2016 a la BBC Yasmin Machado, una profesora de historia de 22 años.

Los Juegos de Río, que costaron 13 mil millones de dólares entre fondos privados y públicos según una investigación de la agencia AP, incrementaron la represión y los asesinatos policiales en las favelas, que trataron de “limpiarse” para dar buena imagen al mundo. Tres años después, el incremento de la violencia, con Lula en la cárcel, llevó a la elección del ultra Jair Bolsonaro como presidente, mientras que Brasil no ha logrado salir del espiral de violencia y corrupción.

LOS RICOS GANAN DE NUEVO

De regreso en un país rico, los Juegos de Tokio 2020, pospuestos hasta este año por la pandemia, no han dejado tanta polémica, pues las únicas protestas, en semanas recientes, fueron por culpa de la nueva ola de contagios por la COVID-19. Siempre habrá detractores, pero como ocurrió en 2008 y 2012, las quejas no pasaron a mayores.

El presidente del COI, Thomas Bach, junto a la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, y el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, en el anuncio de las sedes de 2024 y 2028, el 13 de septiembre de 2017 (EFE).

Este pasado 21 de julio, dos días antes de la ceremonia inaugural en la capital nipona, el COI anunció que Brisbane albergará los Juegos Olímpicos de 2032, con lo que la Olimpiada volverá a Australia 32 años después de celebrarse en Sidney. Lejos de los procesos de antaño en que las votaciones se retransmitían prácticamente en vivo en televisión y las polémicas y disputas eran públicas, la elección se celebró de forma rápida y tranquila, pues solo había una candidata.

En realidad, el Comité Olímpico ha tomado nota de los desbarajustes de las últimas dos décadas y está optando por un proceso de elección más pragmático y menos democrático: Ver quien quiere celebrar los Juegos y no va a tener demasiados problemas, y de plano descartar al resto. De hecho, Brisbane se ha postulado como una sede para unos JO “económicos, sostenibles y seguros”, en palabras del primer ministro australiano, Scott Morrison, recogidas por Forbes.

Pero 2032 queda aún lejos; los próximos juegos se celebrarán en 2024 en París, mientras que los de 2028 están programados en Los Ángeles. Si echamos cuentas, esto significa que serán al menos cuatro Olimpiadas seguidas celebradas en países ricos. Esto deja muy claro que los Juegos Olímpicos están ya totalmente despojados de su aura de transformación para las ciudades y sus habitantes y han pasado a convertirse solo en costosos proyectos al alcance de muy pocos.

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