Opinión


El desarrollo moral del niño

El desarrollo moral del niño | La Crónica de Hoy

La Moral significa la percepción de lo bueno y lo malo y las acciones que derivan de esa percepción. La moral regula la vida diaria de los hombres y cabe distinguirla de la Ética, disciplina que estudia las doctrinas morales.

Los hombres desarrollan su conciencia y su conducta moral en interacción con las personas que los rodean. Es un aprendizaje que evoluciona con la edad. En su obra El criterio moral en el niño, Jean Piaget utiliza el juego infantil de las canicas para explicar la evolución de la conciencia y la práctica de las reglas morales.

Actualmente el juego de las canicas se practica muy poco, pero podemos evocarlo sólo con fines ilustrativos. Se trata, como muchos adultos sabemos, de un juego competitivo que comienza a practicarse a edad muy temprana y se basa en reglas numerosas y a veces minuciosas, que cambian con el tiempo y con los lugares donde se juega a las canicas. De manera simplificada diré que, aunque hay varias modalidades de este juego, la más conocida consiste en que los niños dibujan en el suelo un círculo más o menos grande (1 o 2 metros de diámetro), colocan en el centro un grupo de canicas y los participantes del juego, en un orden previamente establecido, tiran con la mano desde el exterior una canica tratando de expulsar del círculo a las canicas que se encuentran dentro de él. El niño que logra sacar una canica, se apropia de ella. El juego termina cuando todas las canicas han salido del círculo y se redistribuyen entre ganadores y perdedores.

El aprendizaje del juego de canicas es gradual. Al principio los niños pequeños (digamos, 2 años) juegan con las canicas individualmente, de forma puramente motora. Más tarde (3-5 años) los niños aprenden un poco de las reglas, pero juegan solos, para sí mismos, de manera egocéntrica y, aun cuando lleguen a jugar junto a otros niños, no se establece entre ellos una acción ordenada y competitiva. Entre los 7 y 9 años de edad ya existe un juego colectivo y un afán de dominio de unos sobre otros, pero sin que haya conciencia clara y compartida de las reglas del juego. Finalmente, entre los 11 y 12 años ya existe entre los jugadores una codificación minuciosa de las reglas que son determinadas por la comunidad de los participantes. 

Interesa destacar cómo evoluciona en los niños la conciencia de la regla. En un primer momento la regla no es coercitiva todavía, porque se sigue inconscientemente; en un segundo momento (que corresponde al apogeo del egocentrismo y la primera mitad de la cooperación) la regla —obsérvese— se considera sagrada e intangible, se le atribuye su origen a los adultos, se les concede esencia eterna y cualquier propuesta de modificación se considera una transgresión; finalmente, en un tercer momento la regla se flexibiliza y es considerada por los jugadores como algo que puede definirse por consentimiento mutuo, por un pacto colectivo que se debe respetar si se quiere ser leal, pero que se puede transformar a voluntad siempre y cuando esas transformaciones sean aprobadas por todos.

Piaget afirma que la conciencia de las reglas del juego es inseparable del conjunto de la vida moral del niño y de la evolución descrita antes, colige que la moral del niño pasó de ser una moral heterónoma (cuando los pequeños juzgan como sagradas las reglas que les imponen los adultos) a una moral autónoma (cuando lo niños toman conciencia de su capacidad para definir las reglas por sí mismos). Las afirmaciones de Piaget se fundaron en una vasta investigación de tipo empírico, pero con el tiempo se pudo demostrar que esas dos etapas de desarrollo moral se cumplen en otros campos de la conducta, sobre todo.

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