Opinión


El diccionario no es un cementerio de palabras: Luis Fernando Lara

El diccionario no es un cementerio de palabras: Luis Fernando Lara | La Crónica de Hoy

* Alicia Sandoval Perea

 

De acuerdo con los últimos datos publicados por el INEGI, el número de lectores de libros en México está disminuyendo: en 2019 hay casi un 10% menos que en 2015; de ellos, sólo el 21.1% dice comprender lo leído y menos de la mitad, el 44.2%, llega a consultar algún material de apoyo, como el diccionario. Esto último se ve reflejado también en la compra de diccionarios. Su venta, junto con la de otros materiales de consulta, sólo representa el 2.2% de las que realiza la CANIEM.

Sin embargo, la relevancia que tiene el diccionario no corresponde a esos porcentajes, como lo expresa el lingüista Luis Fernando Lara, director del proyecto del Diccionario del español de México (DEM) y miembro de El Colegio Nacional: “el diccionario le da a sus lectores el significado de la palabra que busca pero también conserva para ellos la memoria de todo lo que se ha dicho, que está vivo y que puede dar lugar a otras manifestaciones culturales”.

El diccionario también “aumenta notablemente el caudal de palabras que tiene a su disposición cada persona para lograr una expresión más clara, más exacta, más matizada de su pensamiento o de sus emociones, por lo que cambia radicalmente la capacidad de expresarse e incluso la capacidad de entenderse uno mismo”.

Es por ello que Lara considera importante que se refuerce la relación del diccionario con la educación básica en México, “que se enseñe a explotar el diccionario, que éste forme parte de los planes educativos y que no se utilice, como muchos profesores lo hacen, solamente para enseñar el orden alfabético”.

Un esfuerzo específico por acercarnos al diccionario y a nuestra lengua es el ya mencionado DEM, diccionario que cuenta con una segunda edición en línea de consulta gratuita desde el pasado mes de agosto y que, al no ser una versión mexicana del diccionario de la Real Academia Española (RAE) ni depender de ésta, permite un acercamiento distinto.

El DEM no es una versión mexicana del diccionario de la RAE. A diferencia del diccionario de la RAE, explica Lara, el DEM cuenta con ejemplos en todas sus entradas, haciendo más fácil la comprensión del vocablo en sus contextos posibles: “los ejemplos aparecen sin autor con la finalidad de que el lector no desprecie ninguno”. Es decir, con estos ejemplos se busca desarrollar la idea del “saber hablar”, de entender no sólo la el significado de las palabras sino saber cómo se usan en una sociedad con todos sus posibles contextos. “Al darte ejemplos te estoy mostrando cómo se habla (...) Lo popular, lo coloquial y lo culto son maneras de saber hablar y todas tienen que tener cabida en el diccionario”, puntualiza Lara.

Otra diferencia importante es que todas las definiciones del DEM son originales, no proceden de la RAE, y con ello “se pueden destacar muchos rasgos de significado que normalmente a los otros diccionarios se les escapan”, considera Lara.

También, mientras que el diccionario de la RAE ha arrastrado palabras de hace más de cuatro siglos, entre las que se encuentran algunas que ya no son usadas en la actualidad y que lo convierten en un diccionario pancrónico, el DEM es sincrónico: su corpus lo conforman palabras de textos escritos desde 1921 y hasta el 2018.

Finalmente, en cuanto al uso de nuevas tecnologías, el equipo del DEM fue el primero en utilizar la computadora para armar el corpus de un diccionario en español al crear el Analizador gramatical automático, sistema de algoritmos de cómputo que “lee” las palabras y las clasifica en artículos, pronombres, verbos, etc.

De aquí que el Diccionario del Español de México no busque ser ni un ejemplo de autoridad ni de pasado lingüístico, sino de curiosidad y amor por la lengua viva o, como define Luis Fernando Lara, “el diccionario no limita, no es un cementerio de palabras, es un horizonte de interpretación”.

 

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