Opinión


El drama ético

El drama ético | La Crónica de Hoy

La reflexión ética se hace digamos profesional por primera vez en un tratado de Aristóteles, titulado “Ética para Nicómaco”, pero en realidad ha nacido antes, en los diálogos escritos por Platón. Creo que le va mejor a la ética el diálogo, incluso la tensión dramática, que la exposición perentoria del tratado. En un tratado, incluso tan genialmente matizado como el de Aristóteles, la propuesta ética se convierte irremediablemente en proyecto legal. Se habla de normas, no de conflictos: y me parece que éticamente lo que cuentan son los conflictos, entre unas normas y otras, entre aspectos de una norma y otros que los contradicen, entre quienes se sienten obligados por la norma y los que rechazan cualquier norma y cuestionan a quienes las dictan. Los conflictos se entienden mejor representados que simplemente expuestos: resultan embrollados y escolásticos cuando no son mas que un intercambio de argumentos, pero vibran con urgente pasión cuando se convierten en personajes...

Veamos por ejemplo uno de los diálogos platónicos más inolvidables, el “Gorgias”. Sócrates está defendiendo la tesis de que es mejor padecer la injusticia que causarla, porque en el primer caso no somos responsables de ella y en el otro sí. Un joven airado y nada respetuoso, Caliclés, lo contradice: ésa opinión es una niñería porque todos sabemos que es preferible causar una injusticia a otro para beneficiarnos de ella que sufrirla y ser desposeídos de algo que consideramos valioso. Sólo los débiles sostienen lo contrario, para culpabilizar a los fuertes y así vengarse de ellos. Muchos siglos después, ­Nietzsche y hordas políticas peores que él retomarán este planteamiento. Sócrates responde a Caliclés con paciente raciocinio, puntuado a veces por su característica ironía: “Pero ¿no será más bien...? ¿No es más cierto que...?”. Caliclés primero le contesta con irritados bufidos, para poco a poco irse calmando y hasta parecer aceptar las razones de su adversario. Quizá por un momento Sócrates supone que su arrogante interlocutor y él se han puesto de acuerdo, pero enseguida despeja esa ilusión: Caliclés cabecea con asentimiento ante su persuasivo discurso no porque lo acepte, sino porque le da igual lo que le digan. Desprecia la palabra que trata de dar sentido ético a la acción porque no quiere justificarse sino imponerse. Éste es el verdadero momento trágico de la filosofía, no la cicuta...

Los profesores de ética, con sus doctos y edificantes tratados, han hecho moralismo, pero han sido los buenos dramaturgos quienes han planteado realmente el conflicto moral. El que quiera enterarse de que va la ética debe sentarse en el patio de butacas cuando se represente a Shakespeare o a Thomas Bernhard. Por irnos a lo más reciente, el drama ético está en “Copenhague” de Michael Frayn: Niels Bohr frente a Werner Heisenberg, con el hongo monstruoso de la bomba atómica como telón de fondo...

 

 

Fernando Savater

 

©FERNANDO SAVATER.
/ EDICIONES EL PAÍS S.L 2019

 

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