Opinión


El ejercicio reconcilia

El ejercicio reconcilia | La Crónica de Hoy

“Haz ejercicio porque amas tu cuerpo,no porque lo odies”

(Autor desconocido)

 

Si uno busca los beneficios de hacer ejercicio, simplemente en Google aparecen más de 102 mil millones de resultados. No hay duda, ejercitarse ayuda a disminuir tensión, estrés, agresividad, angustia, depresión, ira. Regula la presión arterial, aumenta la flexibilidad, la movilidad de las articulaciones, mejora la forma y la resistencia física. Es un hecho: el ejercicio debe acompañarnos a lo largo de nuestra vida.

Ya Platón lo había vislumbrado desde La República, en su Estado ideal, los ciudadanos tenían que practicar la gimnasia (ejercicio), “los dioses han hecho a los hombres el presente de la música y de la gimnasia, no con el objeto de cultivar el alma y el cuerpo (porque si este último saca alguna ventaja, es sólo indirectamente), sino para cultivar el alma sola y perfeccionar en ella la sabiduría el valor”.

Desde la infancia no practicaba ningún deporte ni me ejercitaba como parte de mi rutina. Presumía mi sedentarismo —ignorantemente— como si fuera un acto rebelde. Creía no necesitarlo. Claro, hasta que cumplí más de treinta años, el hipotiroidismo se hizo presente y las horas sentadas frente a una computadora comenzaron a hacer estragos considerables de forma mental y física.

Cumplí un año y medio haciendo ejercicio constantemente. En este transcurso sentí por primera vez mi cuerpo y mente como uno. Antes los creía aparte, de forma cartesiana. En pocos meses, mi cuerpo comenzó a tonificarse, adquirí fuerza y elasticidad. Además, mis niveles de ansiedad y estrés disminuyeron.

No se hace ejercicio para bajar de peso, ni para cumplir estándares de belleza. No funciona así. Realmente, ejercitarse sirve para conocer, disfrutar y reapropiarse del cuerpo. Las curvas y formas naturales se van marcando. Se entiende rápidamente que no existe una sola forma de cuerpo. Existen muchas.

Empecé trotando; las primeras veces fueron horribles. Correr un kilómetro me tomó hasta un par de semanas. Después, con disciplina y constancia, logré mejorar mi condición y aumenté el número de kilómetros y reducir el tiempo. Después intenté hacer box. La primera clase casi me desmayo y no aguanté ni el entrenamiento de treinta minutos. Con el paso logré hacer rutinas más complejas. Me encantó. Pero me cambié de casa y tuve que dejarlo. Ahora voy al gimnasio y he tenido mis altibajos. No logro conectar muy bien con las rutinas y cargar peso. Me aburre muchísimo el ambiente de espejos, esteroides y fortachones.

Extraño muchísimo el box, pegarle a costales es sumamente terapéutico, uno puede imaginar la cara de su personaje menos favorito en su historia personal y desahogarse por completo.

Pero cada vez vienen a mí estas preguntas: ¿Todos podemos hacer ejercicio? ¿Es un privilegio? ¿Es sólo cuestión de disciplina? ¿Si quieres, puedes? ¿Es una industria que va dirigida a ciertos sectores?

El tiempo es uno de los factores que más influyen. En la Ciudad de México los trayectos entre la escuela o el trabajo implican invertir más de dos horas, en promedio, de ida y vuelta. ¿Existen los espacios adecuados de forma gratuita para hacer ejercicio?

Hay parques y centros deportivos en la ciudad, pero realmente cuántos de ellos están en condiciones adecuadas para que las personas se ejerciten. Aunado a la seguridad, la iluminación o la sobredemanda.

¿Cuántas personas pueden pagar un gimnasio o por una actividad deportiva? ¿Cómo se pueden ejercitar los adultos mayores, las personas con discapacidad, las madres o padres solteros, los que tienen más de un trabajo?

El ejercicio es sin duda una actividad que debe estar presente, pero ¿qué hacemos para que realmente todas las personas accedan a ella? La pregunta está abierta.

 

Twitter: @wendygarridog
wengarrido@gmail.com

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