Opinión


El exilio republicano español: 80 años

El exilio republicano español: 80 años | La Crónica de Hoy

Javier Garciadiego.

 

Hace unos días, el 13 de junio, se conmemoraron los primeros ochenta años del exilio republicano español. Se le festejó de diversas formas y en diferentes foros y escenarios, tanto académicos como políticos. Como asunto al menos binacional, se le recordó en España y en México, en la capital del país y en Veracruz, pero sería de desear que también Francia reflexionara sobre aquel proceso, pues allí estuvieron los exiliados españoles, en condiciones muy criticables, antes de embarcarse rumbo a México —sobre todo— por el puerto de Marsella. En México hubo actos celebratorios en las cámaras de Senadores y de Diputados, colocándose en el muro de honor de ésta —el 28 de junio—, con letras de oro, las palabras Exilio Republicano Español, quedando colocadas, más por destino que por mera suerte, junto al nombre de Lázaro Cárdenas. Obviamente, las principales instituciones académicas han organizado coloquios y mesas redondas sobre el tema, como la Academia Mexicana de la Historia, El Colegio de México y la UNAM. El Colegio Nacional hará un coloquio en el mes de agosto, en el que se analizará el impacto de algunos de los científicos y humanistas que llegaron con el exilio español en algunas de las disciplinas que cultivan sus miembros, como astronomía, biología, o como antropología, derecho, literatura e historia.

La fecha que se ha consolidado como canónica para identificar el inicio del exilio, al término de la Guerra Civil Española, es la del 13 de junio de 1939, por la llegada del Sinaia, primer barco fletado por México para transportar exclusivamente españoles. En efecto, el Sinaia zarpó del puerto de Marsella y trajo a bordo como 1600 pasajeros. Sin embargo, el exilio había empezado antes: en 1937 habían llegado los casi quinientos —456— ‘niños de Morelia’, y en 1938 llegaron los doce profesores —once varones y María Zambrano— con los que se creó La Casa de España, que en 1940 cambió de nombre por el de Colegio de México. Obviamente, luego llegaron otros barcos y para mediados de los años 40 había ya en México como veinte mil jefes de familia llegados con el exilio republicano español.

Asimismo, la personalidad señera del exilio republicano en México es, incuestionablemente, la del presidente Lázaro Cárdenas. En efecto, de él fue la idea original y él fijó el compromiso del Estado mexicano. En tanto Presidente, le dio legalidad y certidumbre. Además, su compromiso impactó a sus colaboradores. Hoy reconocemos que hubo varios ‘operadores’ del exilio, los que lo hicieron posible allá y acá: Isidro ­Fabela, ­Narciso ­Bassols, Ignacio ­García Téllez, Luis I. Rodríguez, ­Gilberto ­Bosques, Fernando Gamboa, ­Alfonso Reyes y Daniel Cosío ­Villegas, entre otros.

Por lo general se cree que entre los exiliados españoles predominaron los intelectuales, lo que es una falsedad, cualquiera que sea la forma como se defina el término intelectual. Llegaron muchos obreros, un número igual de técnicos, bastantes labradores y muchos profesionistas: abogados, ingenieros y médicos. Ciertamente llegaron también científicos, escritores, impresores, artistas plásticos, catedráticos y profesores. Por la edad de la mayoría de los exiliados varones se explica que llegaran también muchas mujeres, sus esposas y “amas de casa”, algunas de las cuales eran maestras de escuela o secretarias. Obviamente, también llegaron muchos adolescentes y niños. Aquí harían todos ellos su vida, admirable en esfuerzo y capacidad. Aquí desarrollarían el doble proceso del transtierro y la integración. Nadie cuestiona lo enormemente positivo que resultó para el país la llegada, hace 80 años, del exilio republicano español.

 

El historiador e integrante de El Colegio Nacional Javier Garciadiego.

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