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El extraño viaje de Leopoldo

Vino a la Ciudad de México porque le dijeron que aquí podía resolver lo del Procampo; que debía apoyar el bloqueo a la Cámara de Diputados y ya estando en la capital, se perdió cuando buscaba una tienda para comprar chiles. El autobús que lo trajo de Chihuahua se fue sin él; el diputado morenista que organizó el bloqueo se hizo “pato” y Don Leo vivió la crudeza de la calle cuatro días, en donde cumplió, en soledad, 75 años. Hoy está en casa.

El extraño viaje de Leopoldo | La Crónica de Hoy

La recepción en Chihuahua.

En el vuelo 216, el primero que hace en su vida, Leopoldo Domínguez Camacho, de 75 años, regresó a Chihuahua, al ejido Benito Juárez en el municipio de Namiquipa, tras cuatro días de vivir en las calles de la Ciudad de México. El campesino, poseedor de 17 hectáreas de tierra cultivable, arribó a la capital del país el 11 de noviembre junto a 30 integrantes de El Barzón lidereado por el diputado morenista Eraclio El Yaco Rodríguez. Leopoldo fue uno de los que  bloqueó la Cámara de Diputados a instrucción de Yaco.

Para participar en el bloqueo-plantón, Leopoldo se impuso a la opinión de sus hijos que se negaban a que viajara a la gran ciudad para exigir los apoyos de Procampo que a él le han negado desde hace dos años. Les dijo que  si no venía a la capital ahora, cuando aún sentía fuerzas, ya no lo haría nunca. Así, convocado por El Yaco Rodríguez, quien también es presidente de la Comisión de Desarrollo y Conservación Rural, Don Polo llegó con otros a bordo de un autobús y poco dinero.

Ya en el plantón frente a San Lázario, el pasado miércoles, Leopoldo salió de su campamento y caminó junto con Marco Luis, su vecino en el ejido, para comparar una lata de chiles porque si no la comida no le sabe. Pero las calles le traicionaron y su compañero lo dejó atrás sin que regresara a buscarlo. Era poco después del mediodía y Leopoldo Domínguez ya no supo cómo regresar al plantón. Don Polo sufre de una afección en el habla, tartamudea y eso tampoco le ayudó para encontrar el camino de regreso. Deambuló. Es probable que la suerte y la desesperación lo llevaran en dirección a la Colonia Morelos y después hacia Peralvillo (su extraño viaje aún tiene partes ocultas).

Desde el mismo miércoles, las horas de ausencia del anciano pusieron en alerta a un grupo de cuatro mujeres del Barzón, también chihuahuenses, que viajaba con él. Fueron ellas las que emprendieron la búsqueda frenética. Elaboraron un volante similar a los del Centro de Atención de Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA) y comenzaron el rastreo dentro y fuera del plantón.

No tuvieron éxito. Luego se toparon con la negligencia de las autoridades que adujeron no poder hacer nada hasta que se cumpliera ciertas las horas de extravío. Levantaron un reporte en Locatel. Así, con sólo sus amigas de plantón buscándolo, Leopoldo seguía en una caminata que sólo lo alejaba más de su destino. Durmió en la calle y pasó a ojos de los demás por uno de los miles que no tienen hogar en esta ciudad.

El jueves la desesperación de las muejeres del Barzón, “lo ocupado” que estaba El Yaco y con sólo el reporte de Locatel, lo peor empezó a pensarse. Pero en ningún hospital lo habían recibido.

El pasado viernes fue especial. En medio de su soledad y extravío, el hombre del campo cumplió 75 años. Llevaba dos noches durmiendo a la intemperie, cubierto por un suéter, una chamarra rompevientos y encima otra chaqueta de mezclilla.

La rudeza de la calle lo encontró cuando trataba de pedir unas monedas o comida a dos tipos jóvenes que no sólo no lo ayudaron, sino que lo arrojaron al suelo y comenzaron a golpearlo con fiereza. Es probable que para entonces se hubiese internado en una colonia brava.

Ese mismo viernes, el diputado y líder morenista se reunía con otros diputados en la Secretaría de Hacienda; negociaba el levantamiento del plantón a cambio de promesas presupuestales. “Rodríguez, es usted un mañoso”, le espetó allí un legislador del PRI por sus técnicas para hacer presión en torno a programas del campo. Pero ese fue un buen viernes para El Yaco; tras el encuentro en Hacienda, se trasladó a San Lázaro les dijo “ya ganamos, ya podemos levantar el plantón”. Las mujeres del Barzón estaban desesperadas, hicieron contactos en la ciudad para saber si alguien veía regresar a Don Leopoldo. Luego todos los manifestantes comenzaron a abordar los autobuses y  el viaje a Chihuahua inició, pero sin Leopoldo. En su lugar, en el asiento 17, sólo viajó una pequeña bolsa de pertenencias del anciano agricultor.

Todo un día de viaje sabatino para las mujeres del Barzón. Todo un día más de deambular para Don Leopoldo.

Los carteles sobre Polo que se repartieron surtieron efecto, aunque las primeras llamadas fueron de extorsionadores, timadores que pedían dinero para devolver a Polo; pero el sábado por la noche, las mujeres del Barzón, ya con la familia Domínguez informada y movilizada, recibieron una alerta. Al parecer, un hombre de avanzada edad había sido localizado caminando, desorientado, por Ticomán (a 12 km de San Lázaro). Un policía, Antonio Córdova, observó a un anciano que caminaba desorientado. Pudo hacer lo que todos, es decir, desentenderse e irse. Pero no lo hizo y decidió actuar. “Lo encontramos deambulando por la zona y lo trajimos para acá. En Locatel ya sabían del caso”, dijo Córdova.

A las 2:00 am de este domingo y ante la ausencia de familiares, Crónica fue convocada como testigo del caso. A esa hora se tuvo el primer contacto con el agricultor en CAPEA. Leopoldo Domínguez por fin estaba a salvo. A las 3 de la mañana comenzó la gestión de su regreso. El contacto con la familia se hizo mediante este diario y finalmente los arreglos para que fuese recibido este domingo en el aeropuerto de Chihuahua.

El equipo del diputado morenista Eraclio Rodríguez corrió la voz que el legislador había hecho todo lo posible para dar con Leopoldo y se aprestó a que su gente en Chihuahua fuese a tomarse una foto con el recién llegado. Finalmente  desistió de hacerlo, que previsiblemente fue lo mejor. Y fue mejor también porque la recepción en el municipio de Namiquipa fue caluroso. Todos los vecinos estaban allí y todos corearon una porra improvisada: “A la bio, a la bao, a la bim bom ba, Polo, Polo, re-gre-só”.

El extraño viaje había concluido.

 

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